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Desde hace cinco años y en época navideña el nicaragüense, Fernando Rafael Henríquez, regresa a su país para traer juguetes a los niños pobres. ( LA PRENSA/CORTESÍA)

Regalando juguetes y sonrisas

CORRESPONSAL / COSTA RICA Desde el año 2001 el nicaragüense Fernando Rafael Henríquez le regala una sonrisa a Dios. Lo hace mediante el obsequio de juguetes a niños pobres de su natal Nicaragua, demostrando que sin ser adinerado se puede regalar amor y humanismo a los desposeídos. Según cuenta este inmigrante de 41 años y […]

CORRESPONSAL / COSTA RICA

Desde el año 2001 el nicaragüense Fernando Rafael Henríquez le regala una sonrisa a Dios. Lo hace mediante el obsequio de juguetes a niños pobres de su natal Nicaragua, demostrando que sin ser adinerado se puede regalar amor y humanismo a los desposeídos.

Según cuenta este inmigrante de 41 años y originario de Managua, se acercaba la Navidad del 2001 cuando pasó por su mente, mientras veía por televisión imágenes de niños pobres, “regalarle una sonrisa a Dios”.

Pensó que la mejor manera de hacerlo era regalar juguetes a niños de Nicaragua, por lo que al finalizar ese año se dispuso, con cierto temor por el rechazo que sufren los nicaragüenses en Costa Rica, recolectar regalos con ayuda de amigos costarricenses de su comunidad, en la ciudad sureña de Cartago.

Por ser la primera vez, el inicio de la recolecta fue un poco difícil. “Se acercaba el 24 de diciembre y apenas tenía 7 juguetes”, recuerda.

“Pero de un momento a otro, por obra de Dios, ya teníamos unos 100 regalos, entre juguetes y ropa para regalar”, agrega este inmigrante de convicciones cristianas.

Su primer destino fue el pueblo de Quebrada Honda, en Matagalpa, por cumplir uno de los requisitos de su obra: ser una zona con niños de escasos recursos.

En total fueron tres años durante los cuales Henríquez llevó sonrisa a esta comunidad del norte de Nicaragua, y cuenta que siempre entregó docenas de regalos. “Nunca dejé de llevar unos 150 pares de zapatos”, dice.

El año pasado sus regalos quedaron en una comunidad pobre de Ticuantepe, adonde fue guiado por el párroco de esa localidad, quien le comentó sobre la necesidad de algunos niños de tener una mejor Navidad.

Su labor no la realiza solo. Por lo menos le ayudan diez personas, todos amigos costarricenses de Cartago, quienes durante el año organizan una red para realizar la recolecta. También aportan su granito de arena sus dos hijos y su hermano Rommel.

Fernando Rafael Henríquez, de 41 años, es originario de Managua. Llegó en 1993 a Costa Rica con media beca, para ser seminarista. Estuvo como sacristán en la Parroquia de La Merced, en San José, frente al popular parque que sirve de concentración de inmigrantes nicaragüenses. Es soltero, tiene dos hijos que viven en Nicaragua.

Entre sus planes a futuro está la creación de una red de apadrinamiento entre ciudadanos costarricenses y niños pobres de Nicaragua.

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