- Una pareja de nicaragüenses que reside en Estados Unidos construye un moderno hotel en la ciudad colonial
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Después de 25 años de vivir en Estados Unidos, el nicaragüense Darwin Urbina y su familia regresaron a Nicaragua para cumplir un sueño: invertir en su país.
Él tiene 51 años, es casado y padre de dos niñas. Recién construyó una casa en el fresco municipio de Dolores, en el departamento de Carazo, y luego vendió dos de sus cuatro propiedades en California para invertir el dinero en la edificación de un hotel en la ciudad colonial de Granada.
Darwin y su esposa Sheyla estiman invertir dos millones de dólares en el nuevo hotel Granada Inn, cuya construcción comenzó en julio pasado.
Aunque Nicaragua estaba a las puertas de una elección presidencial, tan importante como la de 1990, cuando se inició la transición a la democracia, Urbina empezó su proyecto sin ningún temor.
Dice que él y su esposa en ningún momento temieron a la posibilidad de que ganara las elecciones el candidato sandinista Daniel Ortega, quien gobernó el país durante la década de los ochenta y lo sumió en una crisis económica profunda, al punto de que cada lunes devaluaban la moneda.
“Confiamos en nuestra inversión porque ningún gobierno se va a oponer al desarrollo económico de su país, creemos que la meta de todo político es progresar y que cualquier gobernante que quiera a su país quiere la inversión”, expresa Sheyla Urbina.
Los Urbina lucen confiados por las ventajas económicas y el oportuno mercado de su proyecto.
CUATRO ESTRELLAS
El hotel Granada Inn estará ubicado en el kilómetro 41 y medio de la carretera Granada-Masaya y pretende ofrecer servicios con calidad de cuatro estrellas.
Urbina destaca que “el hotel estará convenientemente ubicado en el corredor turístico que comprende Masaya, los pueblos blancos, las playas caraceñas y el istmo de Rivas”.
Está a menos de una hora de la capital, por una autopista.
Granada es la meca del turismo colonial nicaragüense, por ser la ciudad más antigua en tierra firme del continente americano. Tiene riquezas naturales, como la Reserva Natural Volcán Mombacho, las 365 isletas y el archipiélago arqueológico de Isla Zapatera en el Lago Cocibolca.
Según estadísticas del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur), a Granada llegan cada semana unos 2,300 turistas, pero sólo dispone de 650 camas. Por eso la inversión en hoteles es de primer orden.
Urbina está consciente de esta oportunidad empresarial y pretende inaugurar la primera etapa de su hotel en julio del 2007.
FACHADA COLONIAL
El hotel Granada Inn contará con 25 habitaciones, de las cuales siete son suites, once habitaciones dobles y siete sencillas, con un total de 36 camas.
Tendrá restaurante, centros de negocios y convenciones, discoteca, cafetería, cancha de tenis y basketbol, gimnasio, spa y piscinas para niños y adultos.
Desde el hotel se observa a lo lejos el Lago Cocibolca, donde los turistas pueden hacer paseos en lanchas por las isletas.
Sheyla Urbina explica que el nuevo hotel contará con una fachada colonial, en armonía con el centro histórico de la ciudad, distante unos cuatro kilómetros.
Será construido en dos etapas. Primero, 25 habitaciones, el centro de convenciones y las áreas de descanso y entretenimiento. Luego harán cabañas, de acuerdo con la demanda.
EN BUSCA DE CALOR HUMANO
Darwin Urbina cuenta que decidió regresar a Nicaragua porque sintió nostalgia por la Patria y extrañaba la hospitalidad nicaragüense.
En California o en cualquier parte de Estados Unidos se puede vivir “muy bien”, explica, pero le gusta el ambiente sosegado de Nicaragua para que sus dos hijas, de 4 y 7 años, crezcan seguras y contentas.
“En Estados Unidos la gente es muy fría y desconfiada. Uno ni siquiera conoce quiénes son sus vecinos. En cambio, desde que llegamos a Nicaragua sentimos un ambiente diferente: de cariño, de amor. Las niñas gozan y se olvida de esa frialdad de California, esa falta de calor humano”, afirma.
Urbina vive con su familia en Union City, una ciudad ubicada treinta millas al sureste de San Francisco, California. Él y su esposa manejan una firma de contabilidad en Los Ángeles, donde llevan las cuentas fiscales de varias empresas, aunque también han entrado en negocios de bienes raíces.
Las dos propiedades que recién vendieron en California, cada una en más de medio millón de dólares, las habían adquirido cuando aún costaban la mitad de su precio actual.
En California ya sólo conservan una casa en Union City y la oficina en Los Ángeles, donde han seguido trabajando con algunas cuentas fiscales mientras construyen el hotel en Granada. Luego, su esposa se instalará en Nicaragua para administrar el nuevo negocio.
