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con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Una vista desde el Mirador del barrio Managua, en Bogotá, Colombia. (LA PRENSA/A. MORALES)

Una Managua sin nicas

A 2,600 metros de altura queda Managua, el barrio que con el nombre de nuestra capital se localiza en Bogotá Corresponsal/colombia En el barrio Managua, situado en Bogotá, no vive ni un solo nica. Su nombre tampoco se le ocurrió a un nicaragüense. “Este lo hizo un señor de apellido Blanco”, dice Luis Vargas, refiriéndose […]

  • A 2,600 metros de altura queda Managua, el barrio que con el nombre de nuestra capital se localiza en Bogotá

Corresponsal/colombia

En el barrio Managua, situado en Bogotá, no vive ni un solo nica. Su nombre tampoco se le ocurrió a un nicaragüense. “Este lo hizo un señor de apellido Blanco”, dice Luis Vargas, refiriéndose a algún urbanizador de los años setenta.

Vargas es uno de los primeros que llegó a poblar el barrio que lleva el nombre de la capital de un país, que algunos no conocen, pero que otros se apresuran a decir “Nicaragua” como si se tratara de una tarea de geografía. Algunos lo recuerdan por las noticias. En los últimos días, al país lo han mencionado por el litigio con Colombia por el archipiélago de San Andrés y Providencia.

La Managua de Bogotá se parece y es distinta a la vez a la Managua original. No hay lagos ni lagunas dentro de ella. Su topografía es muy distinta. Sus callejones son fríos y húmedos. Una parte del barrio está en palco. Se encuentra en un pedazo de loma, al que se llega por unas graderías interminables similares a las que hay para llegar a la cruz del volcán Masaya. Por lo empinado, es casi una penitencia recorrer esta pequeña Managua, en la que viven unas 300 familias.

Desde el mirador de Managua se ve la otra Bogotá, la del sur, la que no aparece en ninguna postal colombiana. En los cerros vecinos se divisan cientos de cajitas rojas, ladrillo rojo, forradas con zinc encima, en las que viven familias que no alcanzaron terreno en lo plano y se treparon a los cerros, aplastando a los pinos que estaban ahí.

En el cerro de Managua hay varios cinturones de casas similares, de una sola habitación, con paredes desteñidas por el granizo y los aguaceros diarios que adelantan la noche en Bogotá.

Managua comparte cerro con otras ciudades y países que se han apiñado ahí en lo alto: Puerto Rico y Barcelona son otros caseríos vecinos. Al caminar por las callecitas estrechas es difícil saber en qué momento se pasó de Managua a Puerto Rico, o a Barcelona.

“Yo no sé porqué a este barrio le pusieron Managua”, dice y se encoge de hombros César Ramos, también fundador del barrio y compañero de trabajo de Vargas. Ambos son constructores y pintores.

Así que los pobladores de Managua son descendientes directos del 20 de Julio, que como ya no cabían ahí caminaron un poco hacia los potreros y echaron raíces.

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