“El no hitter a los Dantos fue mi desquite”

Julio Juárez comenzó su incursión en el beisbol a los 14 años, aunque al principio no se le consideraba un prospecto. Es más, se llegó a creer que difícilmente tendría algún futuro como jugador. “Vos sabés que el beisbol es, para quienes nacemos en cuna humilde, el mejor juguete que nos podemos imaginar. Uno chavalo […]

/LA PRENSA/

Julio Juárez comenzó su incursión en el beisbol a los 14 años, aunque al principio no se le consideraba un prospecto. Es más, se llegó a creer que difícilmente tendría algún futuro como jugador.

“Vos sabés que el beisbol es, para quienes nacemos en cuna humilde, el mejor juguete que nos podemos imaginar. Uno chavalo lo que juega es ‘arriba la pelota’, ‘el cero escondido’, jugás trompo o elevás lechuzas. Así que el beisbol se convierte en tu juguete. Y yo recuerdo que, descalzo, me fui del barrio Guadalupe al estadio en busca de un lugar en el equipo San Felipe como tercera base y no di la talla. Luego me llamaron del Barbería Central de Chinandega, como centerfielder, y aunque las agarraba todas y tiraba bien, era ponche seguro. Así que estaba a punto de decepcionarme, cuando me pusieron a lanzar y le gané al equipo San Miguel, que era de la Alcaldía. Ese equipo me contrata, me consigue trabajo y ahí me quedo. Luego paso al San Felipe y después al Ingenio San Antonio, donde ya lanzo en el Flor de Caña.

¿Llegar a la Selección era un timbre de orgullo?

Sí lo era, pero al principio uno no lo ve así por lo que es joven y no tiene conciencia de lo que hace, pero con el paso del tiempo sí, y siento mucho orgullo.

¿Qué te dejó el beisbol?

Un espacio en la sociedad y los aplausos de la afición. También una casa, que me regaló el comandante Daniel Ortega en los años ochenta, lo cual por cierto no he podido agradecer.

¿En esa época también estuviste preso?

Sí, pasé 16 meses en la Cárcel Modelo porque se me tildaba de informante de la Guardia Nacional, pero yo no tuve nada que ver. Era una persona conocida y a mí me hablaba todo tipo de gente. Fijate que una vez, iba a poner una serenata con Silvio Linarte (de Los Palacagüina) y de pronto se para una patrulla de la Guardia y nos dice: “¿Para dónde van?”. A poner una serenata, les decimos. “Vengan pues, los vamos a llevar”. Y nos montamos en el camión, que tenía un cañón instalado atrás. Vos creés que les íbamos a decir que no a la Guardia. Ahora, si me han visto, habrían dicho que andaba con ellos y Silvio es testigo de lo que te digo.

Ahora, después que saliste de la prisión, le lanzaste juego sin hits a los Dantos…

Así es. Y te voy a confesar, ese día yo le pedí al manager Noel Areas que me diera ese juego. Esa fue mi revancha, porque vos sabés que ese era el equipo del Ejército y yo me quería desquitar por haber ido a la cárcel. Así que, en mi opinión, el regalo para el país fue vencer a Cuba, pero personalmente lo mejor que hice en mi vida fue lanzar ese no hitter contra los Dantos. Pero a estas alturas no hay ningún rencor.

¿Qué te falta por hacer?

Nada. Me siento realizado.