Por qué triunfa la izquierda en Latinoamérica

Las recientes victorias de Daniel Ortega, del ecuatoriano Rafael Correa y de Hugo Chávez en Venezuela definitivamente confirman un giro consistente en la política de América Latina. Estos tres personajes tienen cosas en común. Son carismáticos, populistas y anti Estados Unidos. Y la gente los consideró como las mejores opciones.

En términos generales, el avance y el triunfo de la izquierda latinoamericana se debe a dos factores: (1) la pobreza extendida en los países latinoamericanos y (2) la incapacidad, la corrupción y el desprestigio de los líderes que representan a la derecha tradicional.

Por otro lado, Estados Unidos se ha dedicado a combatir el terrorismo internacional especialmente en Asia y Europa con menoscabo de su influencia en Latinoamérica. Afganistán, Irak, Palestina e Israel son el foco de atención de inmensos recursos económicos y diplomáticos. Desde luego que no es a Estados Unidos que le compete resolver los problemas económicos y sociales de América Latina, sino a los mismos latinoamericanos. Pero Latinoamérica no avanza rápidamente en la reducción de la pobreza. Persiste la desigualdad entre pobres y ricos, la injusticia y el subdesarrollo, todo lo cual es el caldo de cultivo de los movimientos de izquierda. A manera de ilustración, según la CEPAL (LA PRENSA, martes 5 de diciembre) entre los años 2004 y 2005 la pobreza en América Latina apenas disminuyó en 4 millones de personas, pues pasó de 213 a 209 millones de personas. Y agrega la comisión económica latinoamericano de la ONU, que para este año la pobreza habrá reducido un poco más en la región, pero “no se debe olvidar que los niveles siguen siendo muy elevados y que la región todavía tiene por delante una tarea de gran magnitud”. Sin embargo, la gran cantidad de gente que sigue sumida en la pobreza no quiere seguir esperando y se deslumbra con las promesas de los caudillos izquierdistas.

El segundo factor que explica el triunfo de la izquierda latinoamericana es la corrupción y el desprestigio de los políticos de derecha. Hombres como Alberto Fujimori y Arnoldo Alemán son los peores enemigos de la democracia y del desarrollo en América Latina y la propaganda más efectiva a favor de la izquierda. Sus asaltos al erario ascienden a cientos de millones de dólares. Pero más grande todavía que el daño económico es el desprestigio que echan sobre el sistema democrático. La izquierda habla del fracaso de las políticas neoliberales pero este es un error. El neoliberalismo produce riqueza y trabajo que redundan en un mejor nivel de vida de los ciudadanos. Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, China, Europa son ejemplos contundentes de desarrollo como resultado del neoliberalismo. El problema no radica en la libre empresa sino en quienes administran la cosa pública. La corrupción y el abuso de los gobernantes son un factor decisivo del atraso. Los pobres están cansados de promesas y reclaman honestidad, sinceridad y acciones concretas en su favor de parte de los gobernantes. Están votando por nuevas opciones porque, en su angustia, piensan que cualquier cosa diferente es mejor que lo que ya existe. Por eso la izquierda triunfa con amplio margen. Daniel Ortega ganó en Nicaragua con nueve puntos de ventaja. Correa en Ecuador con 15 y Chávez en Venezuela con más de veinte.

De manera que la derecha, si quiere recuperar la confianza de los votantes tiene que cambiar radicalmente de conducta, no sólo esperar que la izquierda se desgaste ante la imposibilidad de cumplir todo lo que promete a los pobres de América Latina. Es urgente desterrar la corrupción y el saqueo del Estado por medio de reformas legales que robustezcan la institucionalidad y la responsabilidad administrativa. Hay que deshacer la percepción negativa de los políticos latinoamericanos de derecha como delincuentes que se disputan el pedazo más grande del pastel; como personas totalmente desvinculadas de la situación de pobreza y aflicción en que viven grandes sectores de población y, en consecuencia, incapaces de representar sus intereses.

Por su parte Estados Unidos necesita revisar su política hacia América Latina. Debe construir puentes en vez de paredes. Y acercarse mucho más a los pueblos latinoamericanos por medio de efectiva cooperación económica, técnica y material.

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