“Grupos de 15, grupos de 15”, gritaba Rogelio Espinosa a la larga fila que se extendía desde el portón de su casa hasta varios metros pasada la carretera, en Villa Progreso, lugar donde desde hace 14 años celebra La Gitería, cada 7 de diciembre.
De 15 en 15 entraban hombres, mujeres, niños y jóvenes. En cuanto daban el primer paso dentro de la propiedad iniciaba el canto: “¡Oh Virgen de Concepción, madre querida…”
Después de entonar un par de canciones más, los hijos de Rogelio empezaban a repartir las tazas, naranjas, gofios y nacatamales, mientras el canto se debilitaba con rapidez.
“Canten, canten”, gritaba un poco molesta una señora que presenciaba la escena. Después de recibir lo repartido, el grupo con dificultad terminaba de entonar la canción iniciada, y en muy raros casos interpretaban una más.
Escenas como la ocurrida en la casa de Rogelio Espinosa se repitieron miles de veces en Managua y el resto de los departamentos de país, donde ayer se celebró La Gritería a La Purísima Concepción de María, tradición nicaragüense que nació en Granada en el siglo XVIII y luego se extendió a León.
Las calles de Managua lucían alborotadas. En una misma cuadra podían haber hasta cinco altares donde “gritar” La Purísima, en otros lugares no se encontraba ninguno.
Imágenes de María, de todos los tamaños, estaban en el centro de los altares del área este de Managua; algunos de esos altares evidenciaban gran esfuerzo de quienes los elaboraron; otros, por el contrario, no tenían más que unas luces y pocas flores, hasta con un aspecto sombrío.
MUCHA SEGUrIDAD EN LA GRITERÍA
En un recorrido por varias calles de Managua se podía ver con frecuencia a numerosos agentes policiales de la Brigada Especial y miembros de la Dirección General de Bomberos, que resguardaron la actividad religiosa de anoche.
“Vamos a estar en la calle hasta las 2:00 a.m., en busca de la delincuencia”, dijo un miembro de la Brigada Especial.
Asimismo, Bomberos que vigilaban el área de la Rotonda de La Virgen dijeron que había varias unidades distribuidas por toda Managua para atender cualquier accidente de tránsito. Además, estaban repartiendo volantes con información acerca de las precauciones para manipular pólvora.
A eso de las 8:30 p.m., ya se podía observar por las calles de la capital grandes grupos de personas con sacos y bolsas repletos de objetos conseguidos en La Gritería. Personas en sillas de ruedas y muletas circulaban por las calles con numerosas bolsas.
EL COMERCIO UN 7 DE DICIEMBRE
Al igual que las calles de la ciudad, los comedores y puestos de venta ambulantes y bares atendían a gran cantidad de personas, no así las pulperías.
“El movimiento fue mejor en la mañana y la tarde, pero ya en la noche la gente sólo se dedica a gritar”, dijo Karla Coca, propietaria de la miscelánea Castillo, en Villa Libertad.
“Yo preparé la misma cantidad de comida que todos los días, pero ahora se me está vendiendo mucho más rápido”, comentó a eso de las 8:00 p.m., Claudia Salazar, dueña de un puesto ambulante de carne asada, también en Villa Libertad.
