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La ex embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Jeane Kirkpatrick, que tuvo un papel destacado durante el gobierno de Ronald Reagan, murió la noche del jueves mientras dormía, a los 80 años de edad.
La salud de Kirkpatrick se había deteriorado recientemente, indicó su asistente Andrea Harrington, y añadió que había estado prácticamente confinada en su casa. Acudía a trabajar aproximadamente una vez por semana y luego cada vez menos.
Bush lamenta muerte
El presidente George W. Bush expresó ayer su pesar y profunda tristeza por el fallecimiento: “Ella influyó en el pensamiento de generaciones de estadounidenses sobre la importancia del liderazgo de EE.UU. en la promoción de la libertad y la democracia en todo el mundo”, indicó en un comunicado.
Kirkpatrick “defendió la causa de la libertad en un momento crucial de la historia mundial, y su valiente servicio como nuestra embajadora en la ONU inspiró a sus compatriotas y a los amantes de la libertad en todo el mundo”, según Bush.
“El intelecto poderoso de Jeane ayudó a Estados Unidos a ganar la Guerra Fría”, agregó. “Su lucidez y sus enseñanzas continúan iluminando la senda para EE.UU. en el mundo”.
Su doctrina
Kirkpatrick, la mujer que defendió con mano de hierro la doctrina anticomunista del presidente Reagan, tuvo en América Latina un terreno de experimentación para su propia visión.
Conocida como la doctrina Kirkpatrick, su idea se basaba en una singular interpretación de los totalitarismos y autoritarismos que florecían en América Latina en los años 80, en que tuvo su mayor protagonismo en la política exterior de EE.UU.
Kirkpatrick solía afirmar que los regímenes autoritarios de derecha podían ser transformados pacíficamente en democracias, mientras que los regímenes totalitarios marxistas no.
Eran los años de la Guerra Fría y Kirkpatrick, desde posiciones de consejera hasta embajadora en las Naciones Unidas, difundía ideas salidas de ese razonamiento sobre Cuba, Nicaragua y El Salvador, por un lado, y las dictaduras militares derechistas que proliferaban en la región, por otro.
La única forma de cambiar el totalitarismo marxista era ayudando a los opositores armados del comunismo a combatirlo desde adentro, dijo. En última instancia, sólo se puede impedir que estos enemigos de la libertad hagan más daño… con una demostración de la capacidad militar de Estados Unidos.
En cuanto a la duración de esos regímenes Kirkpatrick tenía también sus propias ideas. Sostenía que los totalitarios eran más estables que los autoritarios por lo cual el riesgo de su influencia sobre Estados vecinos era mayor.
Los sandinistas
Su artículo en Commentary Magazine Dictaduras y dobles caras llamó la atención de Reagan, entonces candidato presidencial y quien más tarde la nombraría embajadora ante las Naciones Unidas.
Defendió elocuentemente el apoyo de la administración Reagan a la naciente democracia de El Salvador y la necesidad de presionar a los comandantes sandinistas en Nicaragua para ir a elecciones libres y abiertas, dijo Stephen C. Johnson, analista para América Latina de la Heritage Foundation, en Washington.
Indicó que la recordaba como una mujer que nunca dudó en llamar déspota a un déspota y a un verdadero demócrata, héroe.
Su lenguaje directo puede haber irritado a algunos, pero nunca había duda de que era una adalid de la libertad, agregó. Si (la primera ministra británica) Margaret Thatcher era considerada la dama de hierro en Europa, Jeane Kirkpatrick era ciertamente la dama de acero en las Américas.
Entró por Argentina
Curiosamente, su primer acercamiento más notable a Latinoamérica no fue a través de las dictaduras de derecha o izquierda, sino del movimiento peronista argentino, el antecedente más remoto del populismo en Sudamérica.
En un ensayo publicado en 1971, Líder y vanguardia en sociedades de masa: estudio del peronismo argentino, Kirkpatrick mira a través de la realidad argentina de la época las diferencias de los estratos sociales del país y sostiene que los peronistas eran diferentes de los no peronistas pero no una subcultura.
Martin Edwin Andersen, autor de La Policía y otros libros sobre Argentina, dijo que para Kirkpatrick no había dictadura en Latinoamérica, particularmente en el Cono Sur, que no fuera de su agrado o por lo menos que le valiera una excusa.
Recuerda que simpatizaba con el general Leopoldo Galtieri (1981-82), líder de la última dictadura argentina, por ser el continuador de un régimen que había neutralizado el movimiento izquierdista, y que Kirkpatrick apoyó la invasión militar argentina de las Malvinas dispuesta por el autoritario.
Si Estados Unidos hubiese apoyado a Argentina y no al Reino Unido en la guerra de las Malvinas, lo cual causó una decepción en Kirkpatrick, el general Galtieri hubiese cerrado las ánforas de votación en Argentina por un buen tiempo más, dijo Andersen.
Fue marxista
Jeane Duane Jordan nació en 1926 en Duncan (Oklahoma) y obtuvo un doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia, en Nueva York, en 1968. En el comienzo de su carrera fue una marxista afiliada a la juventud del Partido Socialista de Estados Unidos.
Después de su trabajo como analista para la Oficina de Investigación de Inteligencia en el Departamento de Estado, Kirkpatrick estudió en el Instituto de Ciencias Políticas de París, y ocupó varios cargos en el Partido Demócrata.
Pero durante los años 70, Kirkpatrick acentuó sus críticas contra el Partido Demócrata y luego el entonces candidato presidencial republicano Ronald Reagan la contrató como su asesora en política internacional durante la campaña de 1980.
Después de su carrera en el Gobierno, Kirkpatrick pasó a formar parte de los consejos directivos y académicos de varios institutos de estudio conservadores, y en especial del Instituto Estadounidense de la Empresa (American Enterprise Institute).
Kirkpatrick recibió la Medalla de la Libertad estadounidense en 1985 por su servicio al gobierno y el Premio Defensor de Jerusalén, entre otros galardones.
Autora de muchos libros, incluyendo “The Withering Away of the Totalitarian State”, Kirkpatrick también trabajó como profesora por mucho tiempo en la Universidad de Georgetown.
Un tributo
El American Enterprise Institute (AEI), señaló en un comunicado que “Estados Unidos ha perdido una gran patriota y una defensora de la libertad, y la AEI llora a nuestra querida colega”.
El saliente embajador estadounidense en la ONU, John Bolton, rindió un emotivo tributo a su predecesora y colega.
“Fue una gran estadounidense, una gran embajadora de Estados Unidos aquí (en la ONU)”, dijo Bolton, que trabajó con Kirkpatrick en la AEI y la consideraba su mentora intelectual. Bolton dejará su puesto en breve, luego de que el Senado no lo confirmara en el cargo.
