Juego de gigantes

Los bancos latinos entran en la era de la consolidación regional [doap_box title=»Blanco y negro» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El nivel de eficiencia en los distintos mercados varía mucho. Chile y Brasil se destacan por su grado de desarrollo. Se dice que el Banco de Chile sería un buen blanco de adquisición para alguna gran institución latina, […]

  • Los bancos latinos entran en la era de la consolidación regional
[doap_box title=»Blanco y negro» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El nivel de eficiencia en los distintos mercados varía mucho. Chile y Brasil se destacan por su grado de desarrollo. Se dice que el Banco de Chile sería un buen blanco de adquisición para alguna gran institución latina, e incluso Bradesco, el mayor banco privado de América Latina, podría ser instrumento para una entrada triunfal de una entidad global en la región. Mientras, existen algunos puntos negros en el mercado, como los bancos de Ecuador y Venezuela, que tienen una fortaleza financiera “muy sospechosa”, por la calidad de sus cuentas de crédito, según un analista.

Y en el propio mercado interno brasileño, el nivel de integración de los bancos todavía es bajo, resalta el director de Nossa Caixa, en Brasil. Entre los cinco mayores bancos brasileños, sólo dos hacen uso de un sistema compartido de cajeros (ATM), por ejemplo. Eso es un costo que podría ser un ingreso, en forma de cobro de tarifas por el uso de los equipamientos, como ocurre en la mayoría de los países.

Pero a los bancos se les seguirá forzando a ganar escala, como ha sucedido en las últimas décadas. Incluso lo dicen los analistas que no creen que la internacionalización sea una salida necesaria para las grandes instituciones financieras latinas. “El caso de Itaú es una excepción a la regla”, dice Daniel Araujo, analista de la agencia de clasificación de riesgo Standard & Poor's. De hecho, la regionalización forma parte de los planes del banco desde 1999, cuando se inició un proyecto de crecimiento orgánico en Argentina. Otras grandes entidades brasileñas, como Bradesco e incluso Unibanco, lo tendrían como prioridad en sus planes de expansión interna, dice Araujo.

Aun así, el analista de S&P concuerda con que la presión por ganar escala será cada vez mayor. Prevé que los bancos continuarán con los altos márgenes actuales en el mercado brasileño por un período de tres a cinco años. Después, entre cinco y diez años más, los márgenes deben ser menores y los bancos tendrán que ampliar su escala para llegar a un nivel de crédito como parte del PIB próximo al de Chile, que hoy está en cerca de 60 por ciento. Brasil, en tanto, está diez puntos abajo.

La tendencia a la internacionalización también puede sufrir más de un revés, y no funciona como una garantía contra la adquisición por parte de un banco extranjero. “La globalización es un fenómeno mucho más relativo de lo que la gente imagina”, dice John Schulz, director decano de Brazilian Business School, en São Paulo. Incluso en el caso de Europa, una región mucho más integrada económica y financieramente, dice, las compras internacionales han sido lentas. Y en Brasil ya existe un ejemplo de una entidad financiera agresiva internacionalmente: el Banco Real, que fue comprado por el holandés ABN Amro, recuerda el profesor.

Sean globales o locales, la certeza es que el futuro del sector bancario será dictado por los gigantes. Pero, por mayores que sean, siempre tendrán que estar atentos a ganar escala y eficiencia para no ser absorbidos por otros.

Con Juan Pablo Rioseco.[/doap_box]

Santiago

Tras la compra de las operaciones de BankBoston en Chile y Uruguay por el banco brasileño Itaú por cerca de US$ 650 millones en agosto, el sistema financiero latino se enfrentó a una nueva cara de la globalización del sector: la consolidación regional. La experiencia aún es novedad en América Latina, donde la consolidación bancaria se ha concentrado principalmente en la compra de bancos locales por extranjeros o por grandes instituciones internas. Pocas veces se ve una fusión de bancos latinos de diferentes países.

Pero las apuestas por la regionalización, como la de Itaú, existen. Es la única manera que los grandes bancos mayoristas latinoamericanos sobrevivan a la competencia de las instituciones globales que ya están instaladas en diversos mercados de América Latina. “Dado que la industria mundial viene consolidándose y formando instituciones de gran escala, los latinoamericanos tienen que esperar a ser comprados por aquellos grandes conglomerados o competir expandiéndose por varios países de la región, como lo hizo el Banco Itaú”, dice Luis Felipe Jiménez, especialista en finanzas de la Unidad de Estudios Especiales de la Comisión Económica para América Latina y Caribe (Cepal). Según él, el progreso en tecnología de la información redujo mucho los costos de operación, pero en las grandes escalas. “El tamaño mínimo que tiene que tener un banco hoy para competir y operar eficientemente es mucho mayor de lo que era antes”.

El tema es recurrente entre los bancos latinoamericanos, principalmente en el área de la tecnología, donde la escala es la clave del negocio. Para el director de tecnología del banco Nossa Caixa, Daniel Edelmuth, la internacionalización de los grandes bancos mayoristas latinos es una tarea ineludible en el desafío de supervivencia de las instituciones que no se dedican a un área de mercado. “La suma de los activos de los cinco mayores bancos brasileños no llega a US$ 300,000 millones”, dice. “Sumados, se quedarían con el 54º lugar en el ranking mundial de bancos”. Muy poco para lo que se prevé dentro de algunas décadas, donde pocas decenas de bancos dominarán el mercado mayorista mundial, dice.

La cuestión va a ser de vida o muerte en Brasil cuando los 20 mayores bancos del mundo, que tienen cerca de 20 por ciento de los activos mundiales, decidan ocupar más espacio. Hace diez años, esas 20 entidades tenían sólo el 12 por ciento de los activos, una muestra de la consolidación del sector en la última década. ¿Cómo podrán los bancos latinos enfrentar la competencia? Según Edelmuth, la internacionalización de los grandes bancos latinos será una exigencia de los propios clientes, principalmente de los corporativos. “Estamos caminando ineludiblemente hacia la liberalización de las fronteras para la circulación de las personas y hacia la unificación de las monedas, tal como ocurrió en Europa. Y si América Latina quiere ser competitiva a nivel internacional, tendrá que pasar por procesos que Europa y Asia ya experimentaron: apertura de mercados, caída de barreras y reconocimiento de la competencia global”, dice.

Basta comparar las ventajas de un banco global como el español BBVA —que tiene operaciones en México, Puerto Rico, Cuba, Islas Caimán, República Dominicana, Panamá, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile y Argentina— para un cliente que viaja a la región por asuntos de trabajo. “Somos uno de los mayores bancos regionales en América Latina, con casi dos tercios de nuestros empleados en la región”, dice el director para la región sur de América Latina de BBVA, Ignacio Sánchez-Asiaín. “Hoy hay pocos bancos regionales y la internacionalización de cualquier competidor en un mercado local es positiva, porque ayuda a la competencia, que es buena para todos”.

El patrón regulador también será una fuerza para impulsar la consolidación regional. “Los países de América Latina van a adoptar, como ya lo están comenzando a hacer, los estándares Basilea 1 y 2, y después los de Sarbanes Oxley. Y eso va a facilitar las fusiones regionales”, dice Edelmuth. Para él, en ese juego de gigantes sobrarán los grandes bancos internacionales e instituciones de nicho, como el propio Nossa Caixa, un banco estatal especializado en operaciones del sector público, en el estado de São Paulo.

Algunos analistas argumentan que esa consolidación no será fácil, como tampoco lo han sido las iniciativas de integración económica e incluso comercial. “Hay problemas porque las regulaciones no son las mismas, lo que reduce el potencial de economía de costos en las fusiones interregionales”, dice Jiménez, de la Cepal. “A pesar de las tentativas como el Mercosur, América Latina no es una región muy integrada en el espacio económico”. Así, existen grandes diferencias en cuanto a política económica, regulaciones en áreas como las de seguros de vida son muy diferentes, así como la posibilidad de visitar los diferentes mercados de capitales, hay controles de cambio y falta de intercambio de informaciones entre las autoridades reguladoras.

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