Rubén Darío, cronista de su tiempo

El alemán Günther Schmigalle ha estudiado las crónicas desconocidas de Rubén Darío a partir de su etapa europea (1899-1915). Estas han sido compiladas y retratan sus Impresiones de París frente a los disturbios del año 1893 y sus célebres personajes Günther Schmigalle (1946), investigador alemán y miembro correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua, […]

  • El alemán Günther Schmigalle ha estudiado las crónicas desconocidas de Rubén Darío a partir de su etapa europea (1899-1915). Estas han sido compiladas y retratan sus Impresiones de París frente a los disturbios del año 1893 y sus célebres personajes

Günther Schmigalle (1946), investigador alemán y miembro correspondiente de la Academia Nicaragüense de la Lengua, ha publicado cuatro volúmenes sobre las crónicas de Rubén Darío con estudios críticos; entre ellos, La Caravana Pasa (1902), la obra representativa del pensamiento rubendariano en el que refleja los problemas socioculturales de la época. Schmigalle inició sus investigaciones sobre el poeta 1997 y 1998. A partir de esas fechas, su pasión por la obra del bardo va en aumento; tanto, que viajó a Montevideo y en Buenos Aires revisó los archivos del diario La Nación, donde el poeta colaboraba desde 1899. En esa visita, Schmigalle consiguió microfilmes de las crónicas y compró varios tomos del Suplemento Semanal Ilustrado del mismo diario argentino. Actualmente sigue en la insondable tarea de conocer cómo vivió el poeta y amó en momentos de radicales cambios a través de sus crónicas, reseñas, entrevistas y esbozos de personajes.

¿Ha retomado la tarea dejada por Alberto Ghiraldo, Roberto Ibáñez y otros, respecto al estudio de las crónicas de Rubén Darío?

Desde Los Raros hasta Todo al Vuelo, Darío reunió sus mejores crónicas en libros; otras fueron recogidas después de su muerte por Alberto Ghiraldo, E. K. Mapes, Roberto Ibáñez, Pedro Luis Barcia y otros. Sin embargo, una gran parte de sus crónicas están dispersas y quedan por descubrir, por recopilar y por editar.

¿Publicó Las Crónicas Desconocidas de Rubén Darío?

En el año 2000, con el apoyo de la Academia Nicaragüense de la Lengua, se publicaron Las Crónicas Desconocidas de Rubén Darío; fue la edición crítica de La Caravana Pasa. Buscando la versión original de las crónicas de La Caravana Pasa, nos encontramos con la sorpresas que en La Nación, de Buenos Aires, se encuentran todavía muchísimas crónicas de Darío que nunca se publicaron en ningún libro. La idea es ofrecer un texto fiel y exacto de las mismas y facilitar una lectura profunda de estos textos por medio de la identificación de las citas, alusiones, referencias y contenidos sumergidos que son como las garras del león dariano.

¿En sus crónicas está la estancias de Rubén Darío en París?

En este caso habría que suponer que la primera estancia de Darío en París, para la cual había previsto ocho días a lo más, se le ha hecho considerablemente más larga: abarcaría unas seis semanas y media y se extienden desde el 15 ó 16 de junio hasta el dos o tres de agosto de 1893. Se hospedaba en el Grand Hotel de la Bourse et des Ambassadeurs; comía en el café Larue; Enrique Gómez Carrillo y Alejandro Sawa lo inician en las correrías nocturnas del barrio Latino; se hizo amigo de Jean Moréas; encontró a Charles Morice, a Maurice Duplessis y a Aurélien Scholl; su reunión con Verlaine resultó trágica y grotesca; se paseaba en el bosque de Bolonia con una belleza de la época, cuyo nombre de artista era Marión Delorme: todo esto se sabe porque Darío lo ha contado en su autobiografía y sus biógrafos lo han repetido.

¿Darío se desarrolla como cronista con los disturbios del año 1893?

La primera crónica, sobre Georges d’Esparbès, se redactó en París, el 10 de julio de 1893; la segunda, sobre Jean Moréas, durante la travesía atlántica; las demás se escribieron en Buenos Aires; pero en todas —incluso en aquellas que no se refieren a autores franceses— se advierte el impulso intelectual de la capital de Francia. Este primer encuentro de Darío con París, el aspecto poético, literario y sensual, predomina sobre cualquier aspecto político y social. Darío reflejó a París una crónica y más, se entusiasma con ella. Me refiero a un texto, no desconocido, pero que anda perdido, con el título Impresiones de París, en el cuarto tomo de las Obras Completas, sin fecha de redacción ni de publicación y que no ha llamado la atención a nadie. Los datos de la publicación original son: Impresiones de París. La agitación recién pasada. Jean Carrère. Ferro non auro, publicado en La Nación, 14 de agosto de 1893.

Fragmento Impresiones de París

“El miércoles 8 de febrero de 1893, en pleno carnaval, tiene lugar, en el Moulin Rouge (n° 82 del bulevar de Clichy), un baile organizado por estudiantes de la Escuela de Bellas Artes. Su nombre, Bal des Quat’z’Arts, alude a las “cuatro artes”: pintura, escultura, arquitectura y poesía. Es un baile de artistas y para artistas y la entrada de los 4,000 invitados es severamente controlada. A las dos de la madrugada comienza el desfile, cuya estrella es una Cleopatra desnuda cargada por cuatro hombres y otros modelos desnudos, desfilando “en perfecto orden … como homenaje al arte, a la belleza, al amor”. “Después hubo atracciones de otro tipo: exhibiciones de feria, boniments, bailes de vientre, luchas, y hasta unos ‘números’ ejecutados por profesionales del music-hall. La fiesta terminó en los cafés de los alrededores donde cada cual iba al amanecer a beber una última copita…”

Una semana después, el 14 de febrero, el senador René Bérenger, presidente de la Sociedad general de protesta contra la licencia en las calles, dirige una carta al procurador de la República para denunciar “un hecho de una gravedad extrema”, a saber, que “una docena de mujeres completamente desnudas … fueron admitidas a figurar en el desfile de disfraces que precedía el baile y después se confundieron con los invitados”. Se inicia, pues, un sumario contra el señor Henri Guillemin, considerado como organizador del baile, y contra cuatro modelos: Marie-Florentine Roger, llamada Sarah Brown; Alice Lavolle, llamada Manon; Clarisse Roger, llamada Yvonne; y Emma Denne, llamada Suzanne. La principal testigo de cargo es Louise Weber, llamada La Goulue, la famosa bailarina del Moulin Rouge, aliada inesperada del severo señor Bérenger.

La audiencia tiene lugar el martes 23 de junio, junto con otros dos casos similares. El interrogatorio de los acusados y de los testigos tiene un alto nivel humorístico y provoca mucha alegría en el auditorio. El viernes 30 de junio se pronuncia el fallo: cada uno de los acusados tiene que pagar una multa de cien francos; la sentencia queda en suspenso. Este veredicto se puede considerar como absolutorio y “visiblemente, muy contentos, los responsables de los Quat’Zarts anuncian inmediatamente que el baile del año próximo se celebrará en el Moulin Rouge, en la fecha habitual…” La reacción de los estudiantes, compañeros de Henri Guillaume, es muy diferente. No se sienten ni alegres ni contentos. Escuchemos el informe de La Nación de Buenos Aires sobre los acontecimientos que siguen.

¿En sus textos retrata la protesta de los parisinos?

Sí, llegaron a protestar a la plaza de la Sorbonne. Se dirigieron a la calle de Médicis al senado y los policías quisieron detenerla pero fue imposible detener la muchedumbre. Cincuenta agentes de la brigada central de la prefectura, que aparecieron de pronto, los reprimieron. Los estudiantes se refugiaron en los cafés inmediatos, particularmente en el café d’Harcourt, que era el más próximo. Ya en el café los golpearon, les tiraron sillas, fue brutal y Darío lo relata con lujo de detalles en su crónica.

¿Estos disturbios en París le dan la vuelta al mundo y son publicados en La Nación de Buenos Aires?

Hubo muchos heridos, lo lamentable fue lo que pasó en el café de Harcourt cuando un joven bebía tranquilamente un vaso de cerveza en la terraza del café, era Antoine Nuger, al verse envuelto en la contienda, huyó y los policías lo hirieron, lo llevaron al hospital de la Caridad pero ese día, a las tres de la madrugada, falleció.

¿Esto fue un detonante para los estudiantes, un suceso sin precedentes en aquel momento?

Hacían manifestaciones y decían: ¡Abajo, Lozé! (nombre del prefecto de Policía) y de ¡Abajo los asesinos! Luego emprendieron el camino de la prefectura y llegaron al pie de las ventanas de M. Lozé, donde por espacio de más de un cuarto de hora lanzaron gritos hostiles al prefecto y a sus agentes. Según Darío, hubo un gran meeting al aire libre en la plaza de la Sorbonne, donde jóvenes pronunciaron discursos exhortando a sus compañeros a asistir al entierro de Nuger.

¿Cómo deben leerse estas crónicas?

Son textos interesantes para ser leídos y consultados para darse cuenta cómo era París y Europa en tiempos de Rubén Darío, y el aporte que este poeta hace con sus textos.

¿Darío es el gran cronista del siglo XIX?

Lo que Rubén Darío trae es profundo y extenso como el Modernismo, que nada menos que la modernidad, sus crónicas en los albores del Siglo XXI. El contacto cosmopolita entre las razas y culturas ha avanzado considerablemente y facilita placeres, conocimientos y progresos antes inimaginables. Predomina en sus crónicas un mundo que se abre al desarrollo, profundiza en las desigualdades, agrava la heterogeneidad y los desórdenes del mundo, destroza las áreas culturales no occidentales y criminaliza la economía y las finanzas. En todas partes, la pobreza de muchos hombres sigue siendo la condición y la contrapartida de la riqueza ostentosa de unos cuantos. El materialismo, el egoísmo, la doble moral, la destrucción del patrimonio cultural y del medio ambiente, todos observados por Darío en su momento, acompañan como sombras fieles los grandes progresos económicos y tecnológicos. Lo que Darío sentía frente a las guerras en Sudáfrica o en China, nosotros lo sentimos frente a las primeras guerras del siglo XXI, y eso lo vemos en las crónicas de hoy y del gran poeta y narrador que es.

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