Adviento: a la espera de Jesús con Isaías

En el tiempo del Adviento cuando nos preparamos para celebrar el nacimiento de Jesús, son tres los personajes que nos propone la liturgia y nos los indica como modelos a seguir en el seguimiento de Dios. La Virgen María, Juan el Bautista y el profeta Isaías. Ocho siglos antes del nacimiento del Salvador, el profeta […]

En el tiempo del Adviento cuando nos preparamos para celebrar el nacimiento de Jesús, son tres los personajes que nos propone la liturgia y nos los indica como modelos a seguir en el seguimiento de Dios. La Virgen María, Juan el Bautista y el profeta Isaías.

Ocho siglos antes del nacimiento del Salvador, el profeta Isaías, en el capítulo 11, verso uno en adelante, nos anunció el nacimiento del Mesías, cuando nos dijo que de la raíz de Jesé, del tronco de Judá, brotaría un retoño, el esperado Redentor, y sobre Él estaría el Espíritu de Dios, llenándolo de dones. Se enumeran seis: (sabiduría, entendimiento, ciencia, consejo, fortaleza, temor de Dios) y para completar los siete dones, la tradición de la Iglesia, propuso el don de la piedad.

Un don es un regalo que viene de Dios. Y ese regalo es para beneficio de los hermanos, no solamente de cada uno.

La sabiduría es la contemplación, la admiración por todas las cosas creadas, el mismo ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios, que es la obra culmen. Pero ya los antiguos, decían que se había perdido el sentido de la admiración, y debemos recuperarlo para poder descubrir en todas las bellezas del mundo y del universo creado, un poco de la hermosura de Dios.

El entendimiento que es sinónimo de inteligencia, significa leer por dentro. En la gran mayoría de las ocasiones, ya sea que se trate de sucesos positivos o aún más, negativos a nivel humano, nos quedamos en lo superficial. Leer por dentro los acontecimientos de nuestra historia, por trágicos que parezcan descubrimos que todo sucede para bien de los que ama Dios.

La ciencia es tener una escala de valores, en donde Dios ocupe el primer lugar en nuestras vidas. Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo. Pero cuando Jesús no es lo primero, giramos alrededor de nosotros mismos, de allí viene el sufrimiento, el desengaño, la tristeza. Si nuestro sol es Cristo Jesús, y en toda circunstancia pensamos ¿qué haría Jesús en este momento? Estemos convencidos que pase lo que pase, aunque el sol llegara a oscurecer igual debemos confiar en el Señor, que nunca nos va a fallar.

El consejo es orientar, guiar pero a la luz de Dios al hermano que se encuentra en situaciones de encrucijada. Pero un consejo iluminado por el Espíritu Santo, porque también se pueden dar consejos que pueden venir del mal. Un buen consejo dado a tiempo puede cambiar una vida.

La fortaleza es el ancla que hace que la barca de nuestra propia vida permanezca firme en el mar de la existencia. Aunque se levanten olas, arrecie el huracán, aparezcan las tormentas de toda índole, podemos decir, como el Apóstol Pablo. Todo lo puede en Cristo que me fortalece.

El temor de Dios no es terror a Dios. Él es solamente amor. Es la sagrada reverencia de creer que Él habita en cada uno de nosotros, de allí el respeto por los demás, la gran dignidad del ser humano.

La piedad no es tener únicamente actitudes externas de devoción que son buenas. Es la ternura. Y en la sociedad que vivimos, en nuestra propia familia, cuánto nos hace falta este don de la ternura. Como es de sanadora una palabra de ternura, de aliento y sobre todo de seguir proclamando que la mayor ternura de Dios, es Jesucristo, el Emmanuel, el Dios con nosotros, amor que se ha hecho niño y renace cada Navidad en nuestros corazones.

*Sacerdote Católico

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