LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Reforma constitucional y reelección

Durante la toma de posesión del presidente Daniel Ortega a la que concurrió como uno de los invitados especiales, el ex presidente y reo Arnoldo Alemán dijo a los periodistas que ese día “se venció el plazo y se pagó la deuda, se enfrió la sopa y va haber perros bebiéndola”.

Alemán no aclaró qué quería decir con esas “enigmáticas” palabras, pero sin duda se refería a que él ya le pagó a Daniel Ortega facilitándole el triunfo electoral con el 38 por ciento de los votos; quiso decir también que con la toma de posesión de Ortega se había vencido el plazo para que éste cumpliera su compromiso de liberarlo de la condena y cargos por corrupción; y se refería igualmente a que sus adversarios tendrían que apurar el trago amargo de su liberación y de su nueva candidatura presidencial, que pretende presentar para las elecciones del 2011.

Al parecer Alemán estaba seguro de que al día siguiente de la toma de posesión del presidente Ortega, el Tribunal de Apelaciones que conoce su caso anularía el juicio por el cual fue condenado a 20 años de prisión. Por eso fue que el reo Alemán aseguró a los periodistas que en una conferencia de prensa que ofrecería el viernes 12 de enero en su casa-hacienda El Chile, donde tiene instalado el “puesto de mando” del PLC , aclararía lo que quiso decir con aquello de la deuda pagada, el plazo cumplido y los perros bebiendo la sopa que se enfrió.

Pero a pesar de que la conferencia de prensa de Alemán se celebró en el lugar y día señalado, él guardó silencio sobre el asunto, sin duda porque —una vez más— Daniel Ortega no le cumplió lo prometido de que inmediatamente después de la toma de posesión presidencial sería exonerado judicialmente de la condena y los cargos por corrupción.

En realidad, Ortega no afloja ni va a aflojar a Alemán mientras pueda seguir sacando provecho de su condición de reo a la orden de los tribunales dominados por el sandinismo. Y lo más probable es que ahora Daniel Ortega le esté advirtiendo a Arnoldo Alemán, que la bancada parlamentaria del PLC tiene que votar por la reforma a la Ley 290 que le aseguraría —a Ortega— muchos más poderes que los que tenían los presidentes anteriores, a cambio de la ansiada resolución judicial para librarlo de la pena de prisión y los cargos por corrupción, o para que no sea enviado de nuevo a la cárcel de Tipitapa.

Sin embargo, aunque los diputados del PLC le den a la bancada sandinista los votos que necesita para aprobar las reformas autoritarias a la Ley 290, Daniel Ortega no soltará a Alemán. ¿Por qué lo va a soltar si todavía lo necesita para aprobar una nueva reforma constitucional que restablezca la reelección presidencial continua, la cual es indispensable para que el presidente sandinista se pueda postular de nuevo en los comicios del 2011?

Ya el dictador izquierdista venezolano, Hugo Chávez, declaró durante su permanencia en Nicaragua como invitado principal a la toma de posesión de Daniel Ortega, que éste es imprescindible y que un período de gobierno no es suficiente para su homólogo y camarada nicaragüense. Por su parte Daniel Ortega se proclamó hermano gemelo —en el sentido político, ideológico, socialista y antiimperialista— de Hugo Chávez, e inmediatamente después líderes parlamentarios sandinistas comenzaron a hablar de que un período presidencial es muy poco para cumplir el plan de gobierno de Daniel Ortega y que necesitan una reforma constitucional que permita su reelección continua, es decir, en los comicios de 2011.

Los dirigentes de los partidos opositores ALN-PC y MRS, también están hablando sobre la reelección presidencial y proponen abolirla absolutamente, porque aseguran con toda razón que la reelección ha sido motivo de algunas de las más grandes desgracias políticas del país. Sin embargo, al plantearse en la Asamblea Nacional la reforma constitucional se impondría la posición sandinista, pues aunque el FSLN sólo tiene 38 diputados el PLC le daría los votos que necesita, a cambio de la promesa de que ahora sí Ortega liberaría a Alemán.

Lo que se necesita es que los diputados del PLC se liberen del pernicioso influjo arnoldista que los subordina al FSLN. Hoy mismo tienen la oportunidad de demostrarlo, rechazando las reformas autoritarias de Daniel Ortega a la Ley 290.

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