ICONO VIVIENTE

Afectado por el mal de Parkinson [doap_box title=»Al Salón de la Fama» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Por su historial deportivo, Muhammad Alí fue elevado al Salón de la Fama del boxeo mundial y en 1999 el Comité Olímpico Internacional le escogió como el mejor deportista del Siglo XX en deportes de combate. Por su trabajo como activista […]

En esta foto tomada el 26 de mayo de 1965, Muhammad Alí es contenido por el árbitro Joe Walcott, después de noquear de forma estrepitosa a Sonny Liston. (LA PRENSA/AFP)

  • Afectado por el mal de Parkinson
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Por su historial deportivo, Muhammad Alí fue elevado al Salón de la Fama del boxeo mundial y en 1999 el Comité Olímpico Internacional le escogió como el mejor deportista del Siglo XX en deportes de combate.

Por su trabajo como activista social, sobreponiéndose a su Mal de Parkinson, también ha recibido numerosos reconocimientos, pero tal vez el más grande de todos es el simple hecho de que su rostro sea reconocido hasta en los más apartados rincones del mundo.

En una de sus muchas frases históricas, poco antes de su pelea contra Ken Norton, cuando buscaba su tercer título mundial pesado, Alí se definió exactamente como la historia le recordará: “Busco la inmortalidad y estoy a un paso de ella”.

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ALÍ EN SUS 65 AÑOS

El legendario Muhammad Alí celebró el pasado miércoles su 65 cumpleaños postrado en un sillón de ruedas, afectado por el Mal de Parkinson y apenas sin poder hablar, pero aún así el aura de grandeza que lo rodea lo mantiene como uno de los iconos vivientes del boxeo mundial.

Su alejamiento de los cuadriláteros por casi un cuarto de siglo no ha empañado su fama, si se quiere hoy más grande que ayer, pues el Alí pegador de puñetazos e inventor de bravuconadas ha devenido embajador de causas humanitarias.

Nacido con el nombre de Cassius Marcellus Clay el 17 de enero de 1942 en Louisville (Kentucky), Alí cambió de nombre en la década de 1960, cuando se convirtió al islamismo en el apogeo de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos.

Su inicio en el deporte de los puños fue a los 12 años, cuando decidido a recuperar una bicicleta que le robaron comenzó a practicar con el mismo policía al que denunció el hurto, quien también era entrenador de boxeo.

El Arte de Fistiana se le coló en la venas y rápidamente se ubicó entre los mejores amateurs de Estados Unidos al conquistar seis títulos estatales y dos campeonatos nacionales, lo que le abrió la puertas al equipo estadounidense en los Juegos Olímpicos de Roma-1960.

Con el estilo poco ortodoxo que después le haría famoso en el profesionalismo, el joven Clay derrotó fácilmente en la final al polaco Zbigniew Petrokowski para llevarse la medalla de oro en la categoría semipesada.

Tras su regreso de la “Ciudad Eterna” pasó al profesionalismo, donde rápidamente se ganó el respeto en la división de los pesos completos por su estilo, que él mismo definió con una frase: “volar como una mariposa, picar como una abeja”.

LA AUTOPROMOCIÓN

Se dice que Alí fue el primer púgil que comprendió la importancia de la autopromoción y de sacar de sus casillas a sus rivales con declaraciones altisonantes, y también quien enseñó este camino a muchas de las actuales estrellas del boxeo.

Sus frases en el momento de mayor fama, hoy constituyen compendio de coleccionistas.

“Soy lindo, soy rápido, nadie puede ganarme”, dijo en una entrevista a inicios de su carrera profesional, o esta otra, de cuando estaba en el pináculo de su carrera: “si vas a luchar contra Alí, mejor será que aumentes tu seguro de vida”.

Alí se retiró con un récord de 56 victorias, 37 antes del límite, y 5 derrotas y fue el primer hombre que ganó tres coronas mundiales en los pesos pesados.

Fue tal su grandeza, que varios de sus rivales también le inmortalizaron con frases históricas, como la que dijo el también legendario Floyd Patterson tras ser vencido por Alí: “Al final comprendió que yo era sólo un boxeador. Él en cambio era historia…”

Intercaló su carrera con numerosos actos extradeportivos como las denuncias contra la segregación racial y su negativa a servir en las Fuerzas Armadas durante la Guerra de Vietnam.

Sin declararse como tal, Alí fue uno de los primeros objetores de conciencia en Estados Unidos.

Su oposición al conflicto bélico en Vietnam provocó que se le acusara de eludir el alistamiento, se le privara de la corona mundial y se le suspendiera por tres años la licencia para pelear en el estado de Nueva York.

Tras su retiro siguió cosechando éxitos en otros escenarios y se convirtió en embajador itinerante de causas humanitarias en todo el mundo.