Cardenal aporta al debate sobre la eutanasia

El cardenal emérito de Milán, Carlo Maria Martini, una de las figuras más prestigiosas del Colegio Cardenalicio, consideró ayer que, desde el punto de vista jurídico, “sigue abierta la exigencia” de hacer una normativa que reconozca la posibilidad “del rechazo de las terapias” por un enfermo terminal, sin que implique, “en ningún modo, la legalización […]

Cardenal C.M. Martini (LA PRENSA/ AFP)

El cardenal emérito de Milán, Carlo Maria Martini, una de las figuras más prestigiosas del Colegio Cardenalicio, consideró ayer que, desde el punto de vista jurídico, “sigue abierta la exigencia” de hacer una normativa que reconozca la posibilidad “del rechazo de las terapias” por un enfermo terminal, sin que implique, “en ningún modo, la legalización de la eutanasia”.

Criticó indirectamente a la Iglesia Católica por su intransigencia ante un reciente caso de la denominada “muerte dulce”.

El cardenal italiano, jesuita y experto en textos bíblicos, consideró que existe un vacío jurídico sobre el tema y criticó la posición de la Iglesia al negar un funeral religioso a Piergiorgio Welby, el italiano enfermo de distrofia muscular que el 20 de diciembre pasado pidió a un médico que desconectara el respirador que le mantenía con vida.

Martini, en un artículo que publicó el diario “Il Sole 24 Ore”, escribe que “no se puede ignorar la voluntad del enfermo, pues a él compete” valorar si las terapias que se le proponen, “en tales casos de excepcional gravedad, son efectivamente proporcionadas”, pero tampoco se le puede dejar solo en su “evaluación y decisión”.

Las nuevas tecnologías médicas permiten intervenciones “cada vez más eficaces sobre el cuerpo humano”, que “exigen un suplemento de sabiduría para no prolongar los tratamientos cuando ya no ayudan a la persona”, agregó.

El cardenal destacó la “grandísima importancia” de distinguir entre “eutanasia y abstención de ensañamiento terapéutico”, que son dos términos “con frecuencia, confusos”.

La eutanasia se refiere a “un gesto que tiene la intención de acortar la vida, causando positivamente la muerte”, mientras evitar el ensañamiento terapéutico supone renunciar al uso de procedimientos médicos “desproporcionados y sin una esperanza razonable de un resultado positivo”, explicó.

Al evitar el ensañamiento terapéutico, indicó Martini, “no se quiere procurar la muerte: se acepta que no se puede impedir, asumiendo así los propios límites de la naturaleza humana mortal”.

Para Martini, “el punto delicado” es que para establecer si un tratamiento es adecuado “no se puede recurrir a una regla general, casi matemática”, sino que es necesario “un atento discernimiento que considere las condiciones concretas”.

Desde el punto de vista jurídico, considero, “sigue abierta la exigencia de elaborar una normativa que, por un parte, consienta reconocer la posibilidad del rechazo —informado— de las terapias —en cuanto que sean consideradas desproporcionadas por el paciente”.