Telegrafistas en otra era

Manejaron las comunicaciones con máquinas que ahora contrastan con el avance tecnológico, y la Clave Morse es un vago sonido en sus memorias [doap_box title=»Impresionante» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] “Es impresionante el cambio tecnológico, en aquella época no me hubiera imaginado todo esto”, dice Álvaro Ramírez al referirse a los celulares, el internet y las computadoras. [/doap_box] […]

Santiago Rayo Centeno posa para LA PRENSA junto a dos de sus teléfonos que aún guarda como recuerdo de lo que fueron los equipos de comunicación más importantes de la época. (LA PRENSA/J. GARTH)

  • Manejaron las comunicaciones con máquinas que ahora contrastan con el avance tecnológico, y la Clave Morse es un vago sonido en sus memorias
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“Es impresionante el cambio tecnológico, en aquella época no me hubiera imaginado todo esto”, dice Álvaro Ramírez al referirse a los celulares, el internet y las computadoras.

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Corresponsal/TriÁngulo Minero

Los telegrafistas que trabajaron durante los años cincuenta y sesenta nunca se imaginaron del avance tecnológico que vive el mundo moderno.

Santiago Rayo Centeno trabajó como telegrafista durante los años 1957 a 1965, en El Viejo, departamento de Chinandega y recuerda que el equipo más moderno que conoció en su época fue el teletipo, un equipo que se usó para enviar mensajes escritos.

Santiago Rayo Centeno tiene 68 años y vive en Matagalpa, aún guarda como un tesoro tres teléfonos de diferentes épocas, dos de ellos de magnetos y uno de discos, actualmente se dedica a su hospedaje familiar, en un barrio de la Perla del Septentrión.

Como todo telegrafista, tuvo que aprender a descifrar los mensajes que se enviaban y recibían por medio de un sonido que generaba el telégrafo, conocido como Clave Morse.

El telegrafista recuerda con alguna dificultad los sonidos y la forma de escribir las letras del abecedario, con sus manos gruesas, intenta recordar cada una de las letras y se dispone a demostrar con el dedo de la mano derecha la forma en que enviaba el mensaje, una vez hecha la prueba apunta y dice

“La letra A se escribe así (.-) un punto y una raya, la letra B (-…) una raya y tres puntos, la C (.-.) un punto una raya y un punto, la E (.) un punto, la F (.-.) un punto una raya y un punto, y la G (–.-) dos rayas un punto y una raya”, sostuvo, pero ya la mente no le ayudó, no pudo recordar las otras letras del reconocido sistema Clave Morse.

El telégrafo fue diseñado en 1832 y la demostración fue hecha por su creador en 1838, por Samuel Finley Breese Morse, en este año, logra transmitir su primer mensaje que fue “Atención, Universo” y el viernes 24 de mayo de 1844 la línea del telégrafo fue inaugurada y se transmitió el primer mensaje de la historia, dicho mensaje consistió en la famosa cita Bíblica (Números 23:23) “¡Qué ha hecho Dios!”.

El telégrafo se convirtió en el primer medio de comunicación eléctrico, que transmitió mensajes por medio de sonidos, que estaban codificados, los códigos se pasaban a mano uno por uno, para transmitir un mensaje por medio del telégrafo, los telegrafistas se tardaban varios minutos para enviar o recibir un mensaje.

ERA DE LOS TELÉFONOS

Los teléfonos de magnetos fueron usados en Nicaragua desde los años 1940, ya en los años cincuenta llega a Managua el teléfono automático, pero en los departamentos y los diferentes municipios del país se siguió usando el teléfono de magneto, dice don Santiago Rayo.

“Yo nunca imaginé el avance que hemos tenido con el mundo moderno, las computadoras el celular y el internet, jamás pasó por mi mente que fuera tan desarrollado como lo estamos viendo en la actualidad”, dijo don Santiago.

Para comunicarse de un municipio del país, el telegrafista solicitaba al departamento una llamada a la capital y el departamento hacía la conexión por medio de los teléfonos de magnetos, eso hoy es sólo historia, ahora te comunicas de cualquier parte con celulares, o con teléfonos satelitales, dijo el telegrafista.

En el Caribe Norte, Álvaro Ramírez Castro, conocido cariñosamente como “El Pajarito Marcelo Melado” y Fernando Mitchell fueron telegrafistas que trabajaron en los años setenta y son expertos en el sistema Morse, hoy dedicados a otras labores para mantener a sus familias.

Álvaro Ramírez Castro dijo que “nunca se me olvidó la Clave Morse, y el sonido del piripipí del telégrafo, lo tengo tan presente como si fuera ayer que dejé atrás esta labor de ser telegrafista”.