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con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

El biólogo nicaragüense, Danny Orozco, pone su esfuerzo y conocimiento en la búsqueda de la cura de ciertas enfermedades. (LA PRENSA/J.Rodríguez)

Un nicaragüense explora células

[doap_box title=»Cero daños» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Todo el proceso, a lo más, dura cinco minutos. Una vez que el cordón umbilical es cortado, el doctor a cargo del parto limpia de cuatro a ocho centímetros del cordón umbilical con soluciones antisépticas, inmediatamente inserta la jeringa del bolso donde se recolectará la sangre. El líquido rojo fluye […]

[doap_box title=»Cero daños» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Todo el proceso, a lo más, dura cinco minutos. Una vez que el cordón umbilical es cortado, el doctor a cargo del parto limpia de cuatro a ocho centímetros del cordón umbilical con soluciones antisépticas, inmediatamente inserta la jeringa del bolso donde se recolectará la sangre.

El líquido rojo fluye dentro de la bolsa por gravedad, una vez que es recolectada, la muestra es sellada, rotulada y enviada a los laboratorios como CBR para extraerles las células madres.

El biólogo Danny Orozco piensa que trabar en la extracción de las células madres no le afecta ni moral ni religiosamente.

“Al colectar la sangre umbilical de un bebé, éste no correningún riesgo. El trabajo que desempeño trata de cómo asegurar que la sangre recibida sea procesada adecuadamente y bajo las reglas establecidas por las agencias regulatorias y por los procedimientos de CBR”.

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Corresponsal/Miami

Vivir en el mundo de la ciencia es un privilegio. Nada se mueve al azar en la ciencia, todo se mueve con maestría. Es en ese mundo que se desarrolla Danny Orozco Jr., joven biólogo nicaragüense y residente en Arizona.

El biólogo nicaragüense trabaja en la primera cadena de muchas otras más que se realizan en los laboratorios científicos, persiguiendo una evasiva esperanza para la humanidad, que podría dar la cura a enfermedades como la diabetes, el mal de Parkinson, leucemia, lupus, artritis y el cáncer.

Su trabajo es procesar las células madres (stem cells) obtenidas de la sangre de los cordones umbilicales de los recién nacidos para lograr beneficios.

Según el experto, por una razón que la ciencia no puede explicar, la sangre que se encuentra en los cordones umbilicales es poderosa, única e invaluable para una posible cura de esas enfermedades mortales que van flagelando al mundo.

Tal vez sonará raro hablar de extracción de sangre de los cordones umbilicales, pero en realidad no hay nada macabro en este procedimiento, puesto que, una vez nacido el niño, el cordón es desechado en los hospitales, pero la ciencia les saca mejor provecho, ya que en los hospitales les extraen la sangre a esos cordones y se los envían a laboratorios especializados como en que el trabaja Orozco.

DE MANAGUA A TEXAS

Danny Gustavo Orozco Trujillo es un auténtico Managua, nació en 1975, diez años más tarde junto con sus padres Danny Orozco Corea y Nelly Orozco Trujillo se establecieron en Texas.

El joven Orozco se graduó de High School en Oliver Wendell Holmes High School de San Antonio, Texas, y logró su graduación universitaria en la Universidad de Texas en el 2001.

Cord Blood Registry (CBR) es el laboratorio donde trabaja Danny Orozco Jr. en Arizona. “Es el banco familiar de almacenamiento de células madres más grande del mundo”, señala el biólogo.

Referente a las funciones que se realizan en los laboratorios de CBR, Orozco señaló que “solamente se procesan las células madres de la sangre umbilical de recién nacidos. Nosotros no participamos en investigaciones biotécnicas de alto riesgo. Sin embargo llevamos a cabo investigaciones en mejorar la calidad y eficiencia de nuestra tecnología para procesar células madres”.

A CBR nunca llegan los cordones umbilicales del recién nacido, la sangre de esos cordones es extraída en los hospitales por los médicos, luego es enviada a CBR y de esas muestras de sangre se extraen las células madres. CBR envía esas células a lugares especializados para investigaciones médicas o las almacena para futuro uso.

“Mi trabajo me da satisfacción personal, saber que estamos aportando una esperanza en el futuro de las familias”, expresa Orozco.

El muchachito de nueve años de edad que dejó Nicaragua en 1985 con las maletas llenas de incógnitas, ahora es un hombre que viaja bien sentado en el carro de la ciencia. “Me siento bien afortunado de trabajar en un campo donde se tiene un impacto positivo y esto es sólo el principio”.

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