Fue una pesadilla para los Leones

deportes@laprensa.com.ni Mientras caía el telón sin poder ocultar la imprevisible barrida, el Estadio Metropolitano, con la multitud aturdida, incrédula, estaba frío como un tumba. La capacidad de recuperación de los rugidores, había sido sepultada. La frustración era total. ¿Cómo fue posible que los bates felinos se derritieran en cada uno de los momentos cumbres, producidos […]

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Mientras caía el telón sin poder ocultar la imprevisible barrida, el Estadio Metropolitano, con la multitud aturdida, incrédula, estaba frío como un tumba. La capacidad de recuperación de los rugidores, había sido sepultada. La frustración era total.

¿Cómo fue posible que los bates felinos se derritieran en cada uno de los momentos cumbres, producidos uno tras otro, en los innings 5, 6, 7 y 8? Y hasta en el 9.

La improductividad tiene un costo muy alto. Después que el Bóer no pudo sacar buen provecho de la intensa presión ejercida en los cinco primeros innings con 11 hombres circulando en las bases, limitándose a fabricar sólo una carrera, León, que logró abrir el marcador como en los tres juegos anteriores, vio cómo sus bateadores fueron estrangulados en situaciones de mayúscula agitación, algunas sin out, hasta desembocar en ese fatal error de Norman Cardoze, que se convirtió en el factor desequilibrante.

Marlon Abea, impulsador de la primera carrera india, no debió haber tomado turno en ese macabro inicio del séptimo inning, pero ahí estaba en el cajón, amenazante, después del obvio pasaporte intencional a Clyde Williams para llenar las bases.

Aristides Sevilla, que había entrado en relevo, no supo torearlo y el hit de Marlon impulsador de dos carreras, hizo que el viento húmedo que soplaba sobre el Estadio, se sintiera con “olor” a apocalipsis.

Atravesando por mil dificultades en un falso duelo de pitcheo, la pizarra permanecía 1-1, y quizás hubiese estado igual al amanecer de hoy, de no ser por el segundo error de Norman en el juego.

Todavía León presionó a última hora con par de hits después de dos outs, pero Yosvany Almario falló por quinta vez y sintió que la tierra se lo tragaba.

La pregunta más difícil alrededor de lo visto es: ¿Cuál fue el momento crucial? Y uno piensa que el vivido en el cierre del quinto, cuando Norman Cardoze abrió con doble y Lenín Aragón siguió con sencillo. Yasmir quiso hacer algo para mover a los corredores o fabricar incertidumbre y se ponchó y, de inmediato, Oscar Mairena falló tres intentos de tocar pelota, ponchándose también. Almario, con un foul que capturó Abea, terminó de hacer desaparecer la amenaza.

Y en sexto, con dos a bordo y un out, el zurdo Esteban Pérez entra al rescate y obliga a Sandor Guido a batear para doble play.

¿Y qué decir de lo ocurrido en el séptimo? Dos a bordo sin out, Yasmir se sacrifica y con leones en segunda y tercera, el emergente Ronald Garth es “fusilado” por el vacilante Jorge Cortés, y Almario, que estuvo en una noche sin luna, vuelve a fallar.

Regresemos al octavo inning. Ahí están dos rugidores circulando con un out y Sandor al bate. Noel trae otro zurdo, Byron Zepeda, y el ansioso Guido entrega nuevamente una pelota para doble play.

Frente a tal frustración, el público estuvo a punto de exigir que les devolvieran el precio de los boletos.

En el último grito del drama, otra opción. Hits consecutivos de Yasmir y de Garth con dos outs. La gente regresa a sus butacas. Puede ser ese el inicio de otra gran historia. Es Almario quien batea, pero permanece perturbado por el miedo a morir. Su batazo hacia el left, controlado por Williams, termina el juego.

Todo estaba consumado. La pesadilla había sido pasmosamente vívida e inquietante. Imposible poder dormir.

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