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En el tiempo de nuestras bisabuelas, la mujer tenía un papel pasivo en las relaciones de pareja, por que se suponía que su labor era estrictamente reproductiva y doméstica, a raíz de la revolución industrial la mujer es consciente de que puede pensar y no solamente trabajar con sus manos.
En Nicaragua en los años ochenta junto al cambio político, se dio un cambio en la mentalidad de la mujer, participó activamente en todos los procesos y se ganó un lugar que incluyó el tomar decisiones de pareja.
En los años 90, regresaron muchos que se habían ido y trajeron nuevas costumbres y estilos de vida de otros países. Por un lado, la mujer de los 80 se ganó permisos para enfrentar retos nunca antes vistos y por otro, la mujer que regresó, importó mayor libertad de costumbres.
La verdad es que las realidades sociales responden a lo que la mayoría tiende a hacer según las costumbres y leyes del ambiente en que se vive. Pero también tenemos que considerar cuando la historia personal inflluye en las posiciones que adoptamos frente a los cambios. Por eso no podemos generalizar de que todas son de esta u otra manera.
Cada mujer es coqueta hasta donde sus permisos internos se lo permiten. De ahí podemos encontrar mujeres aventadas y absolutamente desparpajadas sea en el ambiente laboral, en la calle o en las aulas universitarias.
Es obvio que se ha dado una liberación de las costumbres, un paso agigantado donde ya no dejamos caer el pañuelo para que el enamorado pretexte un encuentro casual y muchas veces las relaciones de género traspasan la inocencia que se veía en tiempos de nuestras abuelas.
A veces vemos, coqueteos descarados e insolentes pero no podemos generalizar. Detrás de toda postura frente a la sexualidad y de la manera como cada mujer llega a un encuentro con un hombre, está una carga enorme de mensajes que recibió y conductas que presenció de su madre, de su abuela o de la vecina, maestra, cura, doctora, o cualquier otra influencia significativa en su historia personal.
El coqueteo es el recorrido más lindo que se da en el proceso de seducción, da lugar a que desarrolle su imaginación y recurra a sus técnicas naturales de encantamientos. Por ir muy rápido, le quitamos la magia, al coqueteo, el cual debe ser agradable y gratificante para ambos.
