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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Miriam Hebé González Montenegro, 67 años. Ximena Ramírez, 49 años y Gabriela Espinoza Ramírez, 18 años.LA PRENSA/U. MOLINA

El amor, según generaciones

Tres mujeres de una misma familia y de diferentes generaciones hablan sobre sus métodos de conquista desde los tiempos de chaperonas hasta los días de extrema libertad [doap_box title=»¿Cómo piensan?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Sus conceptos sobre la virginidad, el matrimonio y los anticonceptivos. VIRGINIDAD Miriam Hebé: “Le digo a mis nietas que se cuiden y se […]

  • Tres mujeres de una misma familia y de diferentes generaciones hablan sobre sus métodos de conquista desde los tiempos de chaperonas hasta los días de extrema libertad
[doap_box title=»¿Cómo piensan?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Sus conceptos sobre la virginidad, el matrimonio y los anticonceptivos.

VIRGINIDAD

Miriam Hebé: “Le digo a mis nietas que se cuiden y se guarden para sus maridos”.

Ximena: “Como madre me gustaría que mis hijas lleguen vírgenes al matrimonio pero no es por ello que el hombre va a dejar de querer a la mujer, tampoco es buena la promiscuidad”.

Gabriela: “Si se llega al matrimonio, mucho mejor, se tiene que hacer porque está seguro de lo que hace, no por presión o curiosidad. Hay que hacerlo porque es lo que quiere. pero no estoy en contra de quienes no llegan (vírgenes al matrimonio)”.

MATRIMONIO

Miriam Hebé: “Deben fijarse bien en la pareja que han escogido y hacer el esfuerzo para que el matrimonio sea duradero, sobre todo por los hijos, vale la pena criar a los hijos en un hogar estable, lleno de amor, si regresara el tiempo creo que no me divorciaría”.

Ximena: “Soy ferviente creyente del matrimonio pero lamentablemente hay uniones que no duran toda la vida, el matrimonio es una institución necesaria en la sociedad y si la primera vez no le fue bien hay que volver a intentarlo”.

Gabriela: “El matrimonio es para toda la vida, hay que saber con quién va a casarse, no hacerlo a la ligera, no estoy de acuerdo con el divorcio”.

ANTICONCEPTIVOS

Miriam Hebé: “En mis tiempos era pecado su uso, no estoy de acuerdo con el aborto como medio anticonceptivo”.

Ximena: “Yo soy de la generación de la píldora, el hecho de planificar los hijos que uno va a tener es una gran sabiduría pero no estoy de acuerdo con el aborto como un método anticonceptivo”.

Gabriela: “Sí creo que son muy importantes, siempre que se usen adecuadamente, no por ello va a ser promiscuo”.

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Dejar caer un pañuelo, una mirada pícara, un mensaje furtivo, un efímero roce de manos bastaban para enamorar a la pareja. Hoy en día, las técnicas han cambiado y tres mujeres de diferentes generaciones comparten con NOSOTRAS, la forma de actuar de cada una para conquistar.

Miriam Hebé González Montealegre, mujer de exuberante belleza, tiene 67 años; creció en sociedad muy conservadora allá en Chinandega, al lado de sus abuelos. Como era costumbre en su época, las niñas de clase alta o media iban a internados de señoritas y ahí pasaban el mayor tiempo de sus vidas y no era bien visto que hubiera mucha familiaridad entre hombres y mujeres, incluso cuando los jóvenes andaban de novios, apenas se podían tocar las manos porque darse un beso era “pecado”.

Miriam Hebé asegura que tuvo muchos novios y fue un poco rebelde. Cuando sus abuelos se daban cuenta de que andaba de enamorada, no la dejaban salir durante varios días. En el colegio se acostumbraba que los novios llegaran a escondidas a ver a las jóvenes por la ventana, no había ningún contacto pero se llevaban la alegría de ver a su amada unos instantes.

“A mí me llegó a ver un joven por la ventana del colegio, fueron unos segundos y las monjas lo supieron, entonces me mandaron con la espalda al horno como una semana”.

Algo muy común en tiempos de Miriam Hebé era que los enamorados llevaran serenatas, incluso hasta llegaban a juntarse varios en la misma ventana. “La gente era muy bien educada, las insolencias de aquel momento eran ingenuas, una visita a la ventana del colegio, un saludo de lejos por la ventana del tren, los encuentros en misa todos los domingos, ahí nos comunicábamos por papelitos o con la mirada y movimientos corporales, no había manos ni besos de por medio, en ese tiempo el 99.9 por ciento de las mujeres iba virgen al matrimonio”, dice Miriam Hebé.

Esta próxima bisabuela confiesa que a ella le encantaba lucirse y llamar la atención de los chicos por lo cual las monjas decían que era una niña con tendencia al mal. Cuando llegaban a una fiesta no podían bailar más de dos canciones con el mismo muchacho porque siempre las estaban vigilando, su vestuario era muy recatado.

Una vez que ya tenían un novio oficial para casarse, tampoco podían salir solos, siempre tenían una chaperona y lo único que les permitían era sentarse a la par. Incluso recuerda que la noche del matrimonio no pudo quedarse junto a su esposo sino hasta el día siguiente que se fueron de luna de miel.

Una vez que terminó sus estudios en el internado (17 años) le llegó el turno de casarse y, por supuesto, enseguida vinieron los niños porque usar anticonceptivos era pecado. Ella se divorció cuando cumplió 22 años de casada y no volvió a casarse.

Ximena Ramírez González tiene 49 años, es la hija mayor de Miriam Hebé y de ella heredó la belleza y la picardía pero su vida ha sido muy diferente. Ximena da gracias a Dios y a la vida porque a pesar de que su madre fue criada en una época donde todo era considerado pecaminoso, morboso, donde no se debía tocar, ver, ni sentir ella tuvo la sabiduría de educar a sus hijos como librepensadores.

“Yo crecí en un hogar donde a los once años, me entregaron las llaves de la casa para regresar a las ocho y media de la noche de mi primer cocacolada pero decidí que iba a llegar a las ocho y cuarto porque si me habían dado la confianza, tenía que cumplir, si me dieron semejante uso de la libertad yo no podía abusar de la misma”, señala Ximena.

Asegura que en su época, el amor era apasionado, era besarse, ir al cine al inicio con acompañante pero cuando ya eran novios oficiales podían ir solos y siempre hubo coqueteos con la mirada. “Siempre coquetas y con el gusto de gustar, a los hombres les gusta que los enamoremos”, dice Ximena.

Una vez que Ximena salió de su bachillerato, a diferencia de su mamá, se fue a estudiar a Francia a un colegio de monjas. “Las monjas cerraban la puerta a las diez de la noche y si no estabas a esa horas, te quedaba en la calle, jamás me ocurrió, yo sentía que todas las otras muchachas que venían de América Latina estaban desbocadas porque nunca nadie les había dado llave, nunca las habían dejado solas, cometían cualquier disparate y yo me sentía en la obligación de no cometer ningún disparate porque se me había dado la confianza y libertad desde mucho antes”.

Ximena también cree que el amor es la fuerza de la vida (su primera hija la tuvo a los 22 años), está felizmente casada desde hace 24 años con su tercer esposo, ya que con sus anteriores matrimonios las cosas no marcharon bien. “El amor es una plantita que hay que cuidar todos los días porque uno no se enamora para toda la vida”.

Hoy en día, la mujer tiene como prioridad prepararse profesionalmente para luego formar una familia. Las chaperonas ya no existen y la libertad y confianza que los padres les brindan a los hijos desde que son adolescentes, es casi ilimitada.

Gabriela Espinosa Ramírez es hija de Ximena, a sus 18 años, recién acaba de bachillerarse y va a empezar la universidad; sin embargo muchas jóvenes de su edad ya tienen un hijo y han pospuesto por el momento su vida profesional. Hoy ya no hay chaperonas que acompañen a las jovencitas y tampoco horas de llegada a la casa, cada una tiene la libertad y la confianza para tener los novios que desee y según los valores que su familia le ha inculcado, así va a ser su forma de actuar pero sin la presión o represión que tiempos atrás significaba.

Gabriela es una joven muy madura, que ha sabido aprovechar los valores, la confianza y libertad que le ha dado su familia. “Ahora, los jóvenes son más promiscuos e irrespetuosos, por eso hay que darse a respetar, para que me respeten, yo soy un poco difícil porque me gusta que me mimen, que me quieran, que me den mi espacio y que sean muy de familia, porque ahí va a ver sus valores”, asegura.

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