Sentada en un restaurante estaba observando una familia; todos sus miembros eran obesos, es decir, pesaban 20 por ciento más de su peso ideal.
La madre de familia presionaba a su hija para que se comiera toda la comida que estaba en el plato. ¿Sabían que los hijos de padres obesos tienen 80 por ciento de posibilidad de sufrir obesidad?
La obesidad interfiere en la pubertad y en el crecimiento pero más preocupantes son los efectos sicológicos.
Las personas obesas suelen sufrir mucho, se preocupan por su aspecto y por lo que otros adolescentes piensan de ellos. Muchos tienen que aguantar bromas crueles desde su niñez.
Esto causa un ciclo vicioso donde el niño o adolescente se encuentra triste y aislado, entonces busca consuelo en la comida.
La sociedad en general presenta una actitud crítica en contra de los obesos, acusándolos injustamente de ser personas carentes de fuerza de voluntad. Una nota curiosa es que muchos de los obesos comen menos que personas de peso normal; lo que pasa es que algunos obesos lo son por genética, una parte de su cerebro, la que dice: ya estoy satisfecho no les funciona correctamente.
¿Qué hacer si usted tiene un hijo adolescente que es obeso? La familia puede ayudar. Deben quitarle importancia al peso. Criticar, avergonzar y forzar una dieta son actuaciones totalmente ineficaces y contraproducentes.
Interferir con el sentimiento de autonomía del joven es lo peor. Muchos padres ven a su hijo como un fracaso personal, reflejan en su hijo sus propias inseguridades. Presionan para que pierda peso.
Si quiere que su hijo pierda peso, demuéstrelo con cariño, exprese que usted está preocupado por su salud más que por su apariencia física; después, enséñele a comer bien y balanceado, explique la importancia y función de las comidas nutritivas. La familia puede cambiar costumbres alimenticias de la casa comiendo juntos y promoviendo conversaciones, impulsando actividades físicas juntos. Es importante el apoyo de un nutricionista y un sicólogo.
* La autora es sicóloga. Teléfono: 277- 1959
