- A pesar de las tecnologías, los ejecutivos viajan cada vez más. Y con el aumento de precios lo hacen con más frecuencia en clase económica, lo que no es el fin del mundo si usted tiene sus propios trucos
Amparo aguilera y arlen cerda
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Santiago y Miami
Como todo en la vida, viajar es bueno cuando no es una obligación. Si usted es de aquellas personas que sólo toman un vuelo internacional cuando salen de vacaciones con la familia, probablemente no le preocupa viajar en clase económica, aunque deba sentarse entre otros cuatro pasajeros, la luz de lectura no funcione, y el ciudadano de al lado esté mirando con curiosidad su itinerario de viaje en la pantalla de su laptop, su computadora portátil.
Al final, está saliendo de vacaciones y todo es fiesta. Pero todo cambia cuando su trabajo lo obliga a pasar dos, tres o hasta cuatro semanas por mes fuera de su ciudad o país. Usted, entonces, se da cuenta de que ya acumuló más de un millón de millas dentro de los aviones y que es cada vez más común tener que hacer memoria mientras está en el hotel para acordarse si está en Lima, Caracas o Bogotá. ¡Bienvenido al club de los viajeros frecuentes!
La buena noticia es que las compañías aéreas lo tratan con alfombra roja. La mala es que los vuelos están cada vez más llenos, las tarifas más altas y las compañías ya no le ofrecen upgrades gratuitos para la clase ejecutiva con la frecuencia de antes.
En ese caso es bueno aceptar las nuevas reglas de la clase económica y oír de los más expertos algunas pistas para reducir el incómodo tiempo que debe pasar de más en el aeropuerto.
El colombiano Juan Pablo Jiménez, de 35 años, vicepresidente del Grupo de Sistemas Personales de HP Brasil, llegó a pasar todo el mes viajando para visitar clientes. Para garantizar un viaje más cómodo, comenzó a anotar en una libreta los mejores asientos de cada modelo de avión. “Siempre reservo pasillo, y si es un Boeing 767 pido el asiento de la derecha, en la columna de al medio, que permite recostarme y tener más espacio para las piernas sin tener una pared al frente”.
Para que su plan funcione, Jiménez se preocupa de hacer las reservas al menos con un mes de anticipación y volar siempre con las mismas compañías aéreas, lo que le permite repetir los modelos de aviones y acumular más millas.
Fuera de eso, un pasaje comprado con anticipación puede costar hasta un 40 por ciento más barato que uno comprado a última hora. Las millas, dice él, son la única manera de que su familia sienta que tiene algún beneficio con sus viajes.
ELECCIÓN MINUCIOSA
El ingeniero electrónico argentino Martin Migoya, de 38 años, director general de tecnología (CIO) de Globant, empresa de outsourcing de TI, sigue la cartilla de Jiménez. “Siempre escojo un asiento en el pasillo, lo más adelante posible, pero lejos del baño”, dice Migoya. “Y si usted es un viajero platinum, puede pedir en el check in que le dejen vacío el asiento de al lado, si el avión no está lleno”.
Jiménez, casado y padre de dos hijos, dice que el ideal es evitar viajar los domingos y, siempre que sea posible, volver los viernes y no el sábado en la mañana. “Salir de casa el domingo rompe el día, interrumpe el almuerzo y crea una situación de estrés con la familia”, dice. “Y si llego el sábado y voy a descansar, entonces ya perdí casi todo el día”.
En su maleta, Jiménez lleva un handheld modelo iPaq de HP, que además de agenda puede ser habilitado para acceder a e-mails y hablar al celular de cualquier país; un filtro de pantalla para laptops, que la protege de miradas ajenas; un audífono que también es un reductor de ruidos modelo QuietComfort, de Bose, y un iPod. Otra pista de Jiménez: en vez de comprar canciones por US$0.99 en el sitio de Apple, renta canciones en Yahoo! Music. Por US$6, baja una variedad de melodías suficiente para oír por mes en su computadora.
Hasta hace dos años, Jiménez viajaba en la clase business, pero como su unidad de negocios tiene un margen muy pequeño de ganancias, la empresa decidió cortar costos en los pasajes de sus ejecutivos, que pasaron a viajar en clase económica por América Latina. Incluso quienes pueden pagar business, han optado por eso.
PRECIOS EN DESPEGUE
El brasileño Alex Lima, gerente general de ventas para industrias de manufactura de Microsoft, basado en Miami, viaja en promedio tres semanas al mes a Brasil, Argentina, México, Perú y Chile. Como gerente general de una división, Lima tiene presupuesto para comprar pasajes en clase ejecutiva, pero opta por la económica no sólo para él, sino para todo su equipo. “Nunca compro business. Es extremadamente caro”, dice.
Un pasaje de ida y vuelta entre São Paulo y Miami, por ejemplo, sale US$1,300 en económica y puede alcanzar US$5,000 en business. “Muchas veces podemos usar las millas para conseguir un upgrade en business». En su caso, que ya acumuló un millón de millas en American Airlines, la compañía aérea ofrece 10 upgrades por año, siempre que tenga asientos disponibles.
Claro, esa estrategia de reducción de costos no vale en vuelos para Asia. “Pasar veintiuna horas de vuelo en económica es complicado”, admite Lima. Según él, el límite de la económica son cinco horas. “Después de eso, es cansador, usted llega molido”.
El chileno Alan Guendelman, director de Pampers para América Latina, en Procter & Gamble, concuerda con esto y cuando se trata de viajes largos vuela siempre en business, siguiendo la política de viajes de su empresa. Para comenzar en la rutina del viajero frecuente, Guendelman recomienda volar siempre en la misma aerolínea, y aprovechar los programas de millas y el tiempo que ahorran los usuarios preferenciales. “Me puedo chequear en el área preferencial para business y evito así las filas en algunos aeropuertos”, dice Guendelman. Y vaya que sabe de viajes, ya que además de moverse por al menos tres semanas al mes por diferentes ciudades de América Latina, vivió en Caracas y São Paulo y acaba de regresar a Chile hace seis meses.
Según la Asociación Latinoamericana de Transporte Aéreo, entre enero y septiembre de 2006 las compañías aéreas de la región transportaron 4,7 por ciento más pasajeros que en el mismo período del año anterior, llegando a 69.1 millones de personas. Mayor demanda significa
Precios más altos, que en ese período fue de 8 por ciento.
“Los precios han mantenido una tendencia al alza, que se debe principalmente al crecimiento lógico del mercado”, dice Javier Mejía, vicepresidente de ventas para América Latina de American Express Business Travel, una empresa de administración de viajes del grupo American Express. Según ésta, para 2007 las proyecciones son que el número de pasajeros en América Latina y el Caribe continuará subiendo entre 1 por ciento y 3 por ciento para la clase económica y entre 4 por ciento y 7 por ciento para vuelos internacionales transoceánicos en la clase business. Como consecuencia, los precios también deberán subir entre 3 por cierno y 5 por ciento en la clase económica y entre 3 y 7 por ciento en la clase ejecutiva.
Entre los clientes de American Express Business Travel están empresas como Microsoft y HP, que aprovechan sus economías de escala para negociar menores precios en sus pasajes aéreos. American Express Business Travel publica anualmente el Monitor de Viajes de Negocios, estudio de mercado que analiza los precios de los pasajes aéreos en países de América Latina. Según el estudio más reciente, de noviembre del año pasado, entre 2005 y 2006 los países con los mayores aumentos de pasajes aéreos en tarifas pagadas en los segmentos de vuelos intercontinentales fueron Argentina, con 23 por ciento; Brasil, con 22 por ciento, y México, con 20 por ciento.
Pero no sólo los precios de los pasajes preocupan a los ejecutivos en sus viajes. Su seguridad, salud y el tráfico en las grandes ciudades están en su lista de prioridades. Como medida de resguardo, Lima, de Microsoft, jamás abre su laptop en los viajes, sino que imprime informes para leer en el avión y aprovecha de hacer lecturas técnicas. “Uso mi tiempo libre para estudiar”, dice. “Pero voy a reducir el número de libros, porque me está dando dolor en la espalda cargar la maleta”. Lima llega a cargar 10 libros y revistas en su bolso de mano cuando viaja.
Deporte y seguridad
El ingeniero venezolano Adrián Briceño, de 36 años, director del área de Business Consultant para América Latina de Oracle, que pasa 12 días al mes fuera de su casa, en Miami, dice que solamente toma taxis registrados y pedidos por teléfono. Lo que le preocupa es mantener la salud y la buena forma con tantos viajes. “En estos viajes siempre se come en buenos restaurantes, donde es mucho más fácil caer en la tentación. Pero el truco es pensar en su salud e intentar escoger platos saludables y comer lo mínimo”, dice.
Briceño, que corre pruebas de maratón, se preocupa de entrenar en los gimnasios de los hoteles donde se hospeda, pero no siempre es posible. “Raramente tengo tiempo y acabo llevando las zapatillas porque sí”. Él también reclama que es muy difícil encontrar una almohada fina y suave. “Estoy pensando en viajar con mi propia almohada”, dice riendo.
El presidente ejecutivo del sitio MercadoLibre, el argentino Marcos Galperín, de 35 años, dice haber aprendido a esquivar el tránsito de las grandes ciudades reorganizando el horario de llegada de sus vuelos. “En São Paulo se debe llegar tarde en la noche y salir siempre después del mediodía, y en Ciudad de México intento quedarme en un hotel cercano al aeropuerto, aunque sea en un cuatro estrellas”.
Más livianos
Martha Bejar, presidenta de Nortel para América Latina y el Caribe, que tiene más de cuatro millones de millas acumuladas, no deja de ejercitarse en los viajes. “Por lo menos estoy 30 minutos al día en los gimnasios de los hoteles”, dice. Madre de dos hijos pequeños, Martha reconoce que es un esfuerzo encarar sus viajes recurrentes a Brasil, México y Trinidad, pero dice que no hay sustituto para el encuentro en vivo y en colores con los clientes. “A la vuelta, mi marido e hijos me esperan como si fuese una reina”, dice orgullosa. En la maleta de la ejecutiva no puede faltar el Blackberry y buenas cremas para la piel.
En común, los ejecutivos dicen que viajan con una maleta cada vez más pequeña. “Aprendí a viajar más liviano”, dice el brasileño André Petroucic, de 36 años, gerente general de SAS Chile. Petutic tiene la mejor definición para saber si usted ya es un viajero frecuente. “Es cuando la persona que atiende el check in lo trata por su nombre”. Si ése es su caso, consuélese, pues no está solo.
MANUAL DE SOBREVIENCIA
Evite usar su laptop para trabajar en el avión. Si fuera extremadamente necesario, use un filtro de pantalla. Para oír su iPod, en vez de comprar cada canción por US$0.99 en el sitio de Apple, rente canciones para oír solamente en su computadora por US$6 en Yahoo! Music.
Procure comprar el pasaje con al menos cuatro semanas de anticipación. Los pasajes de última hora pueden ser hasta un 40 por ciento más caros.
Si usted tiene que viajar en clase económica, haga usted mismo un mapa de los mejores asientos de cada modelo de avión.
Para preservar la familia, viaje los lunes (en vez de los domingos) y vuelva los viernes (en vez de los sábados).
Preocúpese de tener un audífono que sea un reductor de ruidos. Ellos son grandes e incómodos, pero aquel bebé llorando puede ser incluso más incómodo. Una máscara para los ojos también ayuda mucho.
Tome solamente un taxi especial o un auto de la subsidiaria local de la empresa para tomar en el aeropuerto.
Evite demostrar que está llevando un laptop. Si lo lleva, colóquelo en el portamaletas del taxi, nunca con usted.
Procure resistir a las tentaciones de los ricos menús de restaurantes y coma lo mínimo. Las sobremesas son dispensables. Una visita al gimnasio no le hace mal a nadie.
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