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Ver Infografia > América Latina tiene el menor aumento de precios desde los ochenta, lo que estimula las inversiones y preserva los ingresos de los más pobres.
América Latina registró el año pasado el menor índice de inflación de las últimas décadas, espantando al fantasma de los turbulentos ochenta, cuando los precios se disparaban diariamente en los principales países de la región. El promedio de las inflaciones anuales de 41 países de América Latina y del Caribe, a noviembre de 2006, fue de 4.8 por ciento, menor que el 6.1 por ciento registrado en 2005, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el instituto de investigación de la Organización de las Naciones Unidas para la región.
La noticia es buena. Para los más pobres, la inflación es un verdadero flagelo, pues disminuye su renta. Al contrario de la clase media, los pobres no tienen un ahorro cuyo rendimiento pueda compensar esas pérdidas. “La inflación baja tiene dos papeles”, dice el economista sénior para América Latina del banco WestLB, en São Paulo, Roberto Padovani. “Preserva la renta real del consumidor, estimulando el consumo interno, y vuelve la economía más previsible, incentivando la inversión”.
Las causas de la baja inflación y variadas. Muchos países han adoptado gestiones macroeconómicas responsables, metas de inflación y han sido beneficiados por el ciclo favorable de los commodities, lo que aprecia sus monedas locales y ayuda a mantener los precios controlados, dice Padovani. “Además, está el efecto deflacionario de China en la economía mundial. Es decir, América Latina se beneficia del aumento de los commodities que le exporta, mientras los productos industrializados que importa tienden a ser más baratos gracias a China”.
Pero no todos celebran. Mientras Brasil, Chile y México tuvieron una inflación de 2.6 por ciento, 4 por ciento y 3.1 por ciento, respectivamente, Argentina y Venezuela aún conviven con índices de 9.8 por ciento y 17 por ciento, según el estudio Balance Preliminar de las Economías, de la Cepal. Curiosamente, se trata de los dos países que adoptaron las políticas menos ortodoxas, como el control de precios. “Éste funciona en ciertas culturas, pero no como un mecanismo permanente”, dijo el secretario ejecutivo de la Cepal, el argentino José Luis Machinea, al comentar los números de su país en la divulgación del documento. Con o sin control de precios, el hecho es que, sin autonomía monetaria en esos países, la tarea se hará cuesta arriba.
