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El fantasma se desvanece

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[doap_box title=»Ansiada libertad» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

América Latina vive en un mundo de extremos cuando se trata de libertad económica. Chile es el país más libre de la región y ocupa el 11º lugar en el ranking de Heritage Foundation que mide el grado de libertad económica de 157 países. El país más abierto es Hong Kong y, en América, Estados Unidos. Venezuela y Cuba están en los lugares 144 y 156. En el penúltimo puesto, Cuba gana en libertad económica sólo a Corea del Norte.

Vientos del norte

Las economías latinoamericanas están mejor posicionadas para enfrentar una desaceleración de Estados Unidos que en ciclos anteriores, afirma un estudio reciente de Merrill Lynch. Los investigadores calculan que el crecimiento del país caerá de 2.9 por ciento en 2006 a 1.8 por ciento en 2007. El economista de Merrill Lynch para EE.UU., David Rosenberg, afirma que la corrección de la burbuja inmobiliaria puede llevar a la mayor economía del mundo al borde de la recesión. Pero América Latina cuenta con la diversificación de las exportaciones y tasas de cambio libres para enfrentar una crisis.

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América Latina tiene el menor aumento de precios desde los ochenta, lo que estimula las inversiones y preserva los ingresos de los más pobres.

América Latina registró el año pasado el menor índice de inflación de las últimas décadas, espantando al fantasma de los turbulentos ochenta, cuando los precios se disparaban diariamente en los principales países de la región. El promedio de las inflaciones anuales de 41 países de América Latina y del Caribe, a noviembre de 2006, fue de 4.8 por ciento, menor que el 6.1 por ciento registrado en 2005, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el instituto de investigación de la Organización de las Naciones Unidas para la región.

La noticia es buena. Para los más pobres, la inflación es un verdadero flagelo, pues disminuye su renta. Al contrario de la clase media, los pobres no tienen un ahorro cuyo rendimiento pueda compensar esas pérdidas. “La inflación baja tiene dos papeles”, dice el economista sénior para América Latina del banco WestLB, en São Paulo, Roberto Padovani. “Preserva la renta real del consumidor, estimulando el consumo interno, y vuelve la economía más previsible, incentivando la inversión”.

Las causas de la baja inflación y variadas. Muchos países han adoptado gestiones macroeconómicas responsables, metas de inflación y han sido beneficiados por el ciclo favorable de los commodities, lo que aprecia sus monedas locales y ayuda a mantener los precios controlados, dice Padovani. “Además, está el efecto deflacionario de China en la economía mundial. Es decir, América Latina se beneficia del aumento de los commodities que le exporta, mientras los productos industrializados que importa tienden a ser más baratos gracias a China”.

Pero no todos celebran. Mientras Brasil, Chile y México tuvieron una inflación de 2.6 por ciento, 4 por ciento y 3.1 por ciento, respectivamente, Argentina y Venezuela aún conviven con índices de 9.8 por ciento y 17 por ciento, según el estudio Balance Preliminar de las Economías, de la Cepal. Curiosamente, se trata de los dos países que adoptaron las políticas menos ortodoxas, como el control de precios. “Éste funciona en ciertas culturas, pero no como un mecanismo permanente”, dijo el secretario ejecutivo de la Cepal, el argentino José Luis Machinea, al comentar los números de su país en la divulgación del documento. Con o sin control de precios, el hecho es que, sin autonomía monetaria en esos países, la tarea se hará cuesta arriba.

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