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Educación, el reto de los hispanos

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Según cifras gubernamentales, el inglés es segundo idioma para aproximadamente 5.5 millones de estudiantes en Estados Unidos, lo que representa casi una décima parte del total del estudiantado. Más aún, se espera que para el año 2025, uno de cada cuatro estudiantes en el sistema de escuelas públicas de este país tenga inicialmente un limitado manejo del inglés.

washingtonpost.com

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Según cifras gubernamentales, el inglés es segundo idioma para aproximadamente 5.5 millones de estudiantes en Estados Unidos, lo que representa casi una décima parte del total del estudiantado. Más aún, se espera que para el año 2025, uno de cada cuatro estudiantes en el sistema de escuelas públicas de este país tenga inicialmente un limitado manejo del inglés.

La Oficina estadounidense del Censo ubica en esa categoría a cualquier persona entre los 5 y 21 años de edad que hable otro idioma distinto al inglés en casa y diga hablar inglés pero no “muy bien”. Bajo la Ley del 2002 destinada a que Ningún Niño se Quede Atrás, se responsabiliza a las escuelas por estos estudiantes y por la rapidez y la eficacia con que lleguen a dominar el inglés.

En muchos aspectos, las cifras oficiales reflejan los niveles récord de inmigración durante los últimos 15 años, que han cambiado dramáticamente la composición demográfica en las escuelas públicas estadounidenses. Teniendo en cuenta que la mayoría de dichos inmigrantes vienen de países donde el inglés no es el idioma materno, parecería obvio asumir que aquellos estudiantes que tienen dificultades con inglés son niños que han llegado recientemente a este país.

Y ese es el caso , pero sólo hasta cierto punto. Hoy en día, el Departamento de Educación de Estados Unidos afirma que un 80 por ciento de los estudiantes con un limitado manejo del inglés ha nacido y crecido en este país; es decir, cuatro de cada cinco son ciudadanos estadounidenses. Esta información se torna preocupante al tener en cuenta otros estudios que revelan la lentitud con que progresan estos estudiantes, si es que lo hacen en absoluto.

Un informe del Urban Institute de 2005 encontró que un 56 por ciento de los estudiantes que entraron a secundaria con un pobre manejo del inglés habían nacido en este país, es decir, “que muchos niños no están aprendiendo inglés incluso después de haber pasado siete o más años en escuelas estadounidenses”.

Según un informe que publicará pronto el Pew Hispanic Center, estudiantes que están aprendiendo inglés están “muy rezagados” en comparación con otros grupos, a saber, los estudiantes blancos, hispanos y afroamericanos. Más aún, “la brecha (académica) se amplia de hecho entre cuarto y octavo grados”, de acuerdo con Richard Fry ,autor del informe.

Entre estudiantes hispanos, que representan un 70 por ciento de los estudiantes con un limitado manejo del inglés, las tasas de deserción y retraso son inquietantes. En el 2004, casi uno de cada 10 estudiantes hispanos había abandonado la escuela por completo y casi uno de cada tres entre los 18 y 24 años de edad no había terminado secundaria ; situación peor que la de cualquier otro grupo étnico o racial.

Estos hallazgos probablemente no ayuden a cambiar la opinión de quienes buscan pruebas de que la Ley para que Ningún Niño se Quede Atrás está fallando y debe reformarse, o la de aquellos que creen que el Inglés debe declararse el idioma oficial de este país o la de los que se oponen a la inmigración. Ellos verán lo que quieran ver en las cifras.

Personalmente creo que dichas cifras representan un reto para padres inmigrantes particularmente hispanos. Sabiendo lo que sabemos —que no tener un diploma de secundaria reduce grandemente las oportunidades de tener éxito— ¿no debiéramos nosotros utilizar la misma tenacidad que nos ayudó a llegar a este país para hacer un esfuerzo de enviar a nuestros hijos al colegio al menos con un dominio del inglés?

En una era en la que aprender inglés es prioridad para niños alrededor del mundo, es imperdonable que niños nacidos en este país puedan llegar hasta secundaria sin dominar el idioma. Es verdad que muchos niños de inmigrantes están en desventaja al nacer de padres que son en su mayoría pobres y con poca educación, y que trabajan tan duro como pueden para ganarse la vida.

Pero considere este hecho simple y revelador: En proporción, en este país más niños asiáticos que hispanos son hijos de inmigrantes. Aun así, de acuerdo con el último informe escolar de la Nación emitido la semana pasada, niños de origen asiático sacaron mejores calificaciones en promedio en el 2005 que todos los otros cuatro grupos raciales y étnicos.

Talvez comparar a los estudiantes latinos con asiáticos sea injusto. El Representante Rubén Hinojosa (D-Texas), presidente del grupo de trabajo sobre educación del Caucus Hispano del Congreso, dijo en una entrevista esta semana que es “incorrecto esperar que los niños latinos”' tengan tan buen desempeño que los asiáticos, cuya cultura ha dado la más alta prioridad a la educación por siglos.

O talvez sea el momento de hacerlo. Después de todo, quizá aprendamos algo acerca de los programas comunitarios en los que incluso inmigrantes asiáticos de clase trabajadora inscriben a sus hijos para que mejoren su desempeño académico. De acuerdo con Min Zhou, profesora de Sociología y Estudios Asiático Americanos en la Universidad de California en Los Ángeles, no es “difícil enseñarle a una comunidad a hacer más”. Después de todo, agregó, “la cultura la hacen las personas”. En otras palabras, diferencias culturales no pueden convertirse en excusa para la pasividad.

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