Nací una noche, en la que había eclipse de estrellas, todos se habían reunido en un solo punto, parecía un día soleado por la cantidad de ellas reunidas en conferencia.
Eran las doce de la noche, ¡pero qué locura! Eclipse de estrellas, nunca se había dado ese fenómeno pero si mi jefa lo dice, le creo; pero no me tomó el pelo, lo juro hasta con los dedos de los pies.
¡Ja, ja, ja! Serían los chavalos por mi nombre. ¡Qué clase de estrella! Y en la tierra sin un segundo pelero para cambiarse. Pero dice la roca, un día de estrella va a cambiar, tienes un lunar dentro del ano, no se lo puedo enseñar. Así transcurre mi vida llena de esperanza, de preguntas, qué nombre, qué locura, soy la diversión de los vecinos.
Al dormir sueño que soy una estrella y me traslado al cosmos y vuelo, brillo, tengo luz que penetra en mi yo y me alumbra con tal luz que ciega. Pero un día voy caminando por un lugar solo como borde de mar, siento una revolución de tripas como queriendo escapar de mí y como punta de luces se prendían y se apagaban, pero seguía la revolución, de todo mi cobre de tripas, me senté en el campo y dije: aquí me muero, el malestar estomacal continúa pero es la estrella que estaba dentro de mí, pero con tan mala suerte que pasa un pájaro negro, se la lleva y alza vuelo. Yo la perdí por no poder tomarla rápido.
(Rivas, 1947). Es Licenciada en Letras. Ha publicado: Marionetas en la Cuerda del Destino, Cuentos para niños y niñas, entre otros.
