- Desde la colina vaticana
“La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús, nos implicamos en la dinámica de su entrega” (Enc. Deus Caritas est. 13). Vivamos, pues, la Cuaresma como un tiempo “eucarístico”, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor en cada gesto y palabra.
(Benedicto XVI)
¿Qué es vivir la Cuaresma como un tiempo eucarístico? Es poner en práctica la dinámica del amor al estilo de Jesús: significa donarse, entregarse, ser “pan partido y compartido para la humanidad”, ser “otro Jesús” para nuestro prójimo.
En la cruz Jesús se nos entregó; en la eucaristía, que actualiza el sacrificio del Señor en la cruz, se nos entrega. “Amar es entregarse, buscando lo que al otro pueda hacer”, reza cierto canto religioso; amar es olvidarse de sí para pensar sin egoísmo en los demás, máxime si se trata de quien sufre o necesita de alguna forma de nosotros. Esa es la lección de Jesús sobre la que debemos meditar para poder en estos días un verdadera Cuaresma eucarística.
Una auténtica Cuaresma eucarística viva es aquel buen amigo que, al ser recriminado severamente por su esposa porque hizo un favor a una vecina que había ofendido a la familia, respondió con toda naturalidad: “Es que yo comulgo, leo la Biblia y rezo el Rosario, por lo cual no puedo proceder de manera contraria a lo que me pide Jesús en el Evangelio”.
La presencia real de Cristo en la eucaristía nos debe orientar a la presencia real de ese ser humano a quien nos negamos a reconocer como hermano, ese pobre que espera de nosotros un gesto nuevo, una palabra nueva como muestra fehaciente de que también a él Dios le ama.