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El Senado estadounidense continúa el debate sobre reforma migratoria a contrarreloj, dispuesto a decidir si endurece los controles fronterizos, legaliza a millones de trabajadores indocumentados y crea un programa de trabajadores temporarios antes de su receso del viernes.
Mientras el debate se acerca a su fin, miles de manifestantes volvieron a lanzarse a las calles de varias ciudades del país como Costa Mesa (California), Fort Wayne (Indiana), Wichita (Kansas) y Nueva York para protestar contra el proyecto de ley aprobado por la Cámara de Representantes en 2005, que criminaliza a los indocumentados y penaliza a quienes los empleen o los ayuden.
Pero el Senado debate actualmente otras propuestas que garantizarían una reforma migratoria amplia que va más allá de mejorar la seguridad en la frontera de 3 mil 200 km con México.
El líder republicano en el Senado, Bill Frist, dijo que espera que a finales de esta semana se pueda votar el texto de la Cámara Alta, para luego armonizarlo con el de la Cámara de Representantes.
En declaraciones a la cadena de televisión CNN, Frist aseguró que confía en que el mismo viernes se pueda celebrar la votación de un texto «que espero sea comprensible».
Además insistió en la necesidad de adoptar una decisión «pese a las divisiones» entre demócratas y republicanos, cada vez más separados por el tema y conscientes de que en noviembre acuden a la reelección de todos sus 435 miembros en la Cámara de Representantes y de un tercio (33) en el Senado.
LAS POSICIONES
Tanto los senadores demócratas como los republicanos han reconocido que esta discusión en la Cámara Alta es sólo el primer paso en el proceso de reforma del sistema migratorio estadounidense.
La versión aprobada en la Cámara de Representantes pide la construcción de un muro en gran parte de la frontera con México, convierte en delincuentes a los indocumentados y sanciona a quienes les ayuden.
En cambio, el proyecto que debate el Senado incluye un programa de trabajadores temporales y abre la posibilidad de que, tras pagar una multa, los inmigrantes indocumentados consigan la residencia legal y en última instancia, la nacionalidad estadounidense.
Esta versión también prevé el reforzamiento de la vigilancia en la frontera con la contratación de 12 mil agentes de la Patrulla Fronteriza en un período de cinco años.
La ley final deberá armonizar los proyectos de ambas cámaras.
Frist subrayó el hecho de que anualmente «tres millones de personas entran ilegalmente por nuestras fronteras. No sabemos quienes son y no sabemos cuáles son sus intenciones. Tenemos que pronunciarnos».
Por su parte, el republicano James Sensenbrenner, autor de la medida aprobada por la Cámara de Representantes el 16 de diciembre, señaló que ningún proyecto de ley «acabará siendo el peor de los escenarios» y subrayó el hecho de que se trata de «lo más difícil que ha hecho en sus 37 años dedicados a la vida pública».
A estas declaraciones realizadas por los senadores republicanos a la «CNN», se unen las del senador demócrata por el estado de Illinois, Dick Durbin, quien calificó de «inaceptable» el proyecto de la Cámara de Representantes.
LEGALIZACIÓN VRS DEPORTACIÓN
En este sentido, subrayó, en declaraciones a la cadena «CBS» el hecho de que hay que legalizar a los inmigrantes ilegales que ya se encuentran sobre territorio estadounidense ya que deportarlos es «poco realista».
«Es la única manera de sacar a la gente de las sombras y tener un sistema consistente con los valores americanos», dijo Durbin, quien reconoció que hay «un profundo abismo» entre ambas formaciones.
Un abismo que en, determinados aspectos de la reforma, también afecta a los propios republicanos ya que algunos de sus congresistas se oponen al Programa de Trabajadores Huéspedes propuesto por el presidente estadounidense, George W. Bush, en enero de 2004.
El propio Sensenbrenner dijo que si no se aborda el tema de la frontera, este programa propuesto por Bush «animará a las personas a entrar ilegalmente en EEUU».
También el senador republicano por Virginia, George Allen, señaló que en el actual debate hay que centrarse en la seguridad en las fronteras y dejar el debate sobre el Programa de Trabajadores Huéspedes.
Las diferencias entre unos y otros también pasan por el orden a seguir para abordar el problema migratorio.
Unos plantean que primero hay que asegurar las fronteras para evitar la entrada de más inmigrantes ilegales y otros que lo primordial es llevar a cabo la reforma y tratar el problema de los que ya se encuentran en territorio americano.
Mientras los políticos se deciden los propios afectados han salido a la calle y desde hace varias semanas, en imágenes poco habituales se puede ver a través de los medios a miles de inmigrantes reivindicando sus derechos y reclamando un trato justo.