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Familia chinandegana sufre por deportación

Autoridades de EE.UU. expulsan al padre, un hijo sigue detenido y la madre espera sentencia [doap_box title=»Pide clemencia» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Rosa María Mendoza pide al Juez que ventila el caso de su hijo que no lo deporte, que le permita esperar la aprobación de la Reforma Migratoria, manifestó entre lágrimas. Mendoza no cuenta con los […]

  • Autoridades de EE.UU. expulsan al padre, un hijo sigue detenido y la madre espera sentencia
[doap_box title=»Pide clemencia» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Rosa María Mendoza pide al Juez que ventila el caso de su hijo que no lo deporte, que le permita esperar la aprobación de la Reforma Migratoria, manifestó entre lágrimas.

Mendoza no cuenta con los recursos para pagar abogados especializados en Inmigración, pero la Fraternidad Americana, organismo que defiende a los inmigrantes nicas y gestiona la aprobación de una moratoria a las deportaciones y la Reforma Migratoria, hace gestiones para evitar la deportación de Rosa y su hijo.

Rosa María busca fondos que le permitan enviarle a su esposo herramientas de trabajo, ya que él es mecánico y con eso podría sobrevivir en Nicaragua.

Mientras, ella se prepara emocionalmente para presentarse ante el juez el próximo 8 de mayo.

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De madrugada la policía tomó por sorpresa a la familia nica en Miami

CORRESPONSAL/ Miami

El reloj marcaba las 4:30 de la madrugada del 2 de febrero del 2007. La familia Mendoza, originaria de Chinandega, Nicaragua, dormía plácidamente en su casa en el Sur Oeste de Miami, sin saber que en minutos sus vidas sufrirían un cambio drástico y amargo.

Escucharon golpes en la puerta. Francisco Mendoza, esposo y padre, se levantó rápido de la cama creyendo que su vecina enferma le llamaba para que la llevara al hospital.

Sin embargo, al asomarse a la ventana vio que su casa estaba rodeada por hombres uniformados y patrullas del Servicio de Inmigración y de la Policía de Miami.

Alarmado, corrió hacia la habitación conyugal para informar a su esposa que Migración estaba tocando a la puerta. Rosa María Mendoza cuenta que en ese momento sintió sus pies pesados pero se armó de valor.

“Le dije a mi esposo que se tranquilizara y fui a abrir la puerta”, relata.

No hubo violencia, pero las palabras del oficial de Migración eran una sentencia. El oficial preguntó: “¿Es la casa de Francisco y Rosa Mendoza?”. “Sí, aquí es”, fue la respuesta de la mujer.

“Él me dijo que traían una orden de deportación contra Francisco y Rosa Mendoza, nosotros no salíamos del sobresalto”, recuerda ella. El oficial les comunicó que tenían que acompañarles.

“Nos dieron la orden de cambiarnos de ropa, pues, teníamos puesta la de dormir; en eso salieron de sus habitaciones mis dos hijos Aarón (22), el mayor, y Rose Marie (16), la menor. A mi hijo le preguntaron que si tenía documentos de permanencia en Estados Unidos, él respondió que no”.

“El oficial les ordenó cambiarse de ropa porque también tendría que acompañarlos. Seguidamente me preguntaron si la niña era mi hija, les dije que sí y que ella nació aquí”.

Esa información fue la salvación momentánea para que Rosa María no fuese a la cárcel. El oficial al frente del operativo le comunicó que no se la llevaría porque tenía una hija menor de edad, sin embargo debería presentarse ese mismo día a las oficinas de Inmigración y que su caso sería decidido en Corte.

“Sentí cierto alivio porque mi hijos Rose Marie y Xavier (19), que también nació en este país, no quedarían solos. Pero los oficiales de Migración se llevaban la otra mitad de mi vida, a mi esposo y mi hijo Aarón”.

a la espera de sentencia

La estabilidad emocional y económica de la que gozaba la familia Mendoza ha sido quebrantada. Francisco fue deportado a Nicaragua la madrugada del pasado jueves 15 de marzo.

Su hijo Aarón permanece detenido en una cárcel de Migración en Texas, hacia donde ambos fueron trasladados desde Miami, a la espera de una sentencia del Juez de Inmigración.

Rosa lleva a cuestas una pesada carga, ella debe sufragar los gastos del hogar. Su hijo Xavier sólo trabaja medio tiempo porque estudia la secundaria.

Para sobrevivir ella limpia dos casas al día y hasta trabaja los fines de semana. “No hay día de descanso, antes sólo limpiaba una casa al día y descansaba los fines de semana, con el sueldo de mi esposo vivíamos desahogados; hoy tengo que buscarme la segunda casa y si no hasta niños cuido para vivir”, afirma.

A esta situación se suman las deudas por pagar. “Los acreedores a diario llaman y no tengo para pagarles, no por que no quiera, sino porque estoy sola con dos hijos, tengo un esposo en Nicaragua, un hijo preso, tengo que ir a Corte y le pido a Dios que toque el corazón del juez para que no me deporte”.

EL PROCESO DE DEPORTACIÓN

Rosa María Mendoza ingresó a Estados Unidos en 1986, solicitó asilo político, pero Inmigración negó la petición y el caso pasó a manos de un juez. Sin embargo, ellos decidieron regresar a Nicaragua en 1991, tras el triunfo electoral de Violeta Chamorro.

“Nos fuimos a Nicaragua, al no presentarnos a Corte, el caso falló en nuestra contra y nos llegó la carta de deportación del juez, pero ya no estábamos aquí. En el 2000 regresamos a Estados Unidos, esta vez con visa, sin saber que teníamos orden de deportación, pero entramos sin problemas por el aeropuerto”.

Relata que hace año y medio su esposo fue detenido por un oficial de la Policía de carreteras para una revisión de rutina. “Él se dio cuenta que mi esposo tenía deportación y lo detuvo, fue trasladado a una prisión y puesto a la orden de un juez. Francisco logró salir bajo fianza, y el caso fue reabierto e incluía también a su esposa.

La sentencia del juez confirmó la sentencia de deportación, los esposos Mendoza tenían tres meses para abandonar el país de forma voluntaria. Sin embargo, no acataron la decisión del juez, con la esperanza de ser cubiertos con el proyecto de Reforma Migratoria que será discutido en el Congreso y el Senado próximamente.

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