- El rendimiento de la producción agrícola se ha reducido a la mitad por el agotamiento de las tierras. En Rivas, la fauna y la flora de la laguna de Ñocarime está en riesgo por la tala de árboles y la desaparición de ríos. En la ciudad de Granada sólo el 20 por ciento de las viviendas tiene servicio de desagüe adecuado y el resto lanza sus aguas sucias a las calles o los arroyos que desembocan en el lago Cocibolca
Tiara Sánchez Vargas
Corresponsal/Granada
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Carol Munguía
Domingo Páramo, productor de Santa Teresa, culpa al despale que comenzó en Carazo a finales de los años setenta. “Esto fue un crimen ecológico que ahora nos trae consecuencias graves, como la irregularidad de los inviernos, la erosión de la tierra”, explicó.
La cuenca del río Grande de Carazo se está secando y el clima es cada vez memos fresco en este departamento productor de café y flores.
“El despale de la Meseta de los Pueblos para edificar viviendas aumenta la crisis en las fuentes de agua”, indicó Páramo, quien afirma que “en la década de los ochenta todavía había producción de 70 a 90 quintales de maíz por manzana y, ahora, salen de 35 a 40 quintales aún con todo el cuidado”.
El presidente de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG) de Carazo, Carlos Useda, afirma que la construcción de empresas de zona franca en San Marcos y Jinotepe también ha dañado bosques en la zona del Triángulo de Oro, donde se cultivaba más café y cítricos.
“Las fuentes de agua están siendo contaminadas con estas construcciones y llegará el día que se terminarán y nos vamos a lamentar”, advirtió Useda.
La cuenca del río Grande fue alimentada con la siembra de árboles, pero el impacto del mal manejo de los desechos sólidos y los recursos le ha causado daños, dijo Silvio Echaverry, profesor de la Universidad Nacional Agraria (UNA).
“Se hizo una propuesta hace tiempo a un organismo alemán para lo cual se identificaron 10 sitios, donde se podía hacer embalses en quebradas y ríos intermitentes, pero no se efectuó”, recordó.
Otro problema, según Echaverry, es que perforan pozos para afrontar el crecimiento demográfico, pero no aplican mecanismos de protección a las fuentes de agua y por eso la escasez aumenta.
ÑOCARIME HA PERDIDO AFLUENTES
Ascensión Álvarez, un ciudadano de 80 años del municipio de Tola, dice estar cansado de “tocar puertas” y no hallar respuesta a los problemas ambientales que afectan a su comunidad, donde los ríos ya están secos porque los motores de riego extraen el agua y nadie protege las fuentes naturales.
El biólogo Roberto Blandino identifica cuatro problemas graves para el medio ambiente en el departamento de Rivas: deforestación en las riberas de los ríos, mal manejo de la basura, contaminación del lago Cocibolca y amenazas a la laguna de Ñocarime.
El río de Oro ha transportado hacia el Cocibolca parte del agua que ha recibido de las pilas de oxidación del municipio de Rivas, pero este río también está muriendo.
“Entiendo que sus aguas se utilizan para el riego de cultivos, esto provoca que se seque y que los árboles vayan muriendo, consecuentemente la vida animal se va extinguiendo; aunque es contaminante (ese río) cumple con el rol de dar agua y alimentar a diferentes especies”, explicó Blandino.
Ñocarime es otro lugar a punto de recibir un daño irreparable por la deforestación. “Es un humedal de agua dulce importante porque sirve de estacionamiento y apareamiento de aves migratorias y de la zona; ahí hay todo tipo de vida (animal y vegetal), pero se está mal utilizando y al morir este humedal desaparecería también la vida que hay alrededor de él”, señaló el biólogo.
La comisión municipal de medio ambiente de Potosí prevé hacer un recorrido por la zona de Ñocarime para conocer los daños que ha sufrido.
“Lo que conocemos es que hay fuentes de ríos que ya no llegan a la laguna porque se han secado o porque fueron desviados, hay quejas de la gente que aseguran que se destruyó toda la arboleda que allí había; parece que pesticidas pasan por la laguna, se sembró caña a la orilla y se está secando porque están sacando agua”, informó el alcalde sandinista de Buenos Aires, Eloy Morales.
LA BASURA EN MASAYA
Alrededor de los vertederos municipales de Masaya y Nindirí predominan el hedor, las moscas y las cucarachas. Los habitantes de esas zonas padecen con frecuencia enfermedades gastrointestinales y, según parece, las autoridades tienen poco interés en darle un tratamiento mejor a los desechos.
“Es cierto que los gobiernos locales son los encargados de darle mantenimiento a estos basureros, pero también la población de Masaya debe estar consciente que así como ellos tienen derecho para reclamar, también tienen la responsabilidad de apoyar a los alcaldes para mejorar su calidad de vida”, justificó Ligia Arauz, directora de Gestión Ambiental de la Alcaldía de Masaya.
Esa basura igual ha deteriorado los suelos y las aguas, con perjuicios para la salud de los habitantes de Tisma, Nandasmo, Masatepe, Nindirí y Masaya.
En el caso de Tisma existe otro problema: productores de arroz han secado el Charco de Tisma, al extraer agua para riego, y han contaminado el subsuelo con agroquímicos, afirmó María Concepción Rodríguez, representante de la UNAG en Masaya.
“En Tisma ha sido difícil controlar esta situación, pues a pesar de que el Marena (Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales) ha querido poner fin a esto, los dueños de los plantíos hacen caso omiso a los llamados de atención”, agregó Rodríguez.
En Nandasmo y Masatepe el problema principal ha sido la tala indiscriminada de árboles, para la fabricación de muebles con fines comerciales.
El gobierno municipal masayés gestiona ante la Cooperación de Holanda financiamiento para un proyecto de saneamiento del manto acuífero de la laguna de Masaya, cuyo costo es de 200 millones de dólares.
