- Durante el primer lustro de la década de los treinta, nuestro beisbol —en respuesta al trauma causado por el terremoto de Managua— se organizó institucionalmente y dio tanto un salto cualitativo (con el aporte técnico y la pujanza de los equipos caribeños) como cuantitativo (al incrementar su proyección internacional)
1. Los distinguidos muchachos de la capital
En el semanario capitalino El Gráfico (15 de marzo, 1931) —16 días antes que Managua fuera destruida por primera vez en el siglo XX—, el cronista que firmaba “Hidalgo h(ijo)” daba cuenta de la construcción de palcos altos de madera en el Estadium El Retiro y sugería a la Junta de Beneficencia evitar el polvo que llegaba al campo deportivo “desde el desvío de la calle de Colón”. El mismo cronista, luego empresario radial, Luis Felipe Hidalgo, reportó el desafío entre los clubes El Nacional y Federal que por su juventud y destreza se habían colocado en primera línea. Entre ellos figuraban “distinguidos muchachos de esta capital” (Ignacio Araquistain, Salvador Castrillo J., Gustavo Duarte), gestores del resurgimiento de este popular deporte”. Y agregó, respecto al encuentro del domingo 8 de marzo: los críticos “estuvieron de acuerdo en que la lucha fue sensacional y que cada jugador hizo todo lo más que pudo durante el juego. El resultado fue de tres carreras a favor de cada equipo, haciendo constar que la victoria correspondía a los nacionales. /El público debe convencerse que estas partidas quizá sean superiores a las jugadas por otros equipos de más fama, pues así lo han demostrado repetidas veces, motivo por el cual hay que concurrir a estos encuentros porque, si no, vendrá la desanimación de parte de estos jóvenes que son el alma del deporte”.
Hidalgo anunció también que el propio 15 de marzo se jugaría una de las tres partidas del Bóer con el Managua, en el cual se destacaba (Rafael “Ñato”) Sosa, “uno de los más fuertes bateadores”, y Vicente Morales, cuya fama es bien conocida, y así los demás, añadiendo: La lucha será sensacional y si los jugadores del Managua logran tener una buena defensiva durante el encuentro, el triunfo será para ellos. A los jugadores del Bóer se les puede llamar “los inteligentes” y sólo una buena rayería de batazos los puede anular. El entusiasmo por presenciar este encuentro es grande y hay fuertes apuestas concertadas. Se ignora su desenlace y el de los dos restantes.
2. El último juego pre-terremoto: Managua vs. Marinos
Lo que se ha averiguado, en relación al último juego que se verificó en Managua antes del terremoto, es interesante. El domingo 29 de marzo de 1931 —dos días después de la tragedia— el Managua y los Marinos de La Aviación se vieron las caras en El Retiro. El Managua aplastó a los gringos 20 x 0. El zurdo Salvador Argüello ejecutó la blanqueada. Sus compañeros —además de los repuestos Marco A. González, Félix Delgado y Miguel Rodríguez— eran Juan M. Vallecido (C), Rafael Sosa (1B), Miguel Barrios (2B), Guillermo Bermúdez (SS), Julio Traña (3 B), Napoleón Delgado (LF), Luis Altamirano (CF) y Julio Niño “Birro” (RF).
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El equipo contrincante —aparte de sus repuestos Tedley, Weker, Morton, Gerey y Hoffman— presentó los siguientes peloteros: Raga (P), Scharp (C), Buchanan (1B), Mabla (2B), Robin (SS), Gray (3B), Brashoer (1F), Kuana (CF) y Coffman (RF). De nuevo, a ocho meses del primer encuentro, se enfrentaron el domingo 30 de noviembre en el mismo Field; pero la pelea estuvo reñida y no fue sino hasta la décima entrada cuando los players locales resolvieron el partido a su favor: 5 x 0 (La Prensa, 1 de diciembre, 1931). En este diario se comentó que los nicas habían esperado arrasar otra vez a los Marinos, pero —naturalmente— no sufrir otro devastador movimiento terráqueo.
3. El primer juego y el primer torneo posterremoto:
Las consecuencias del terremoto de Managua el 31 de marzo de 1931 no impidieron que el beisbol renaciera. Antes bien, llegó a convertirse en una inmediata y destraumatizante necesidad colectiva. Así, en el Field de El Retiro, el domingo 24 de mayo —cincuenta y cuatro días después del sismo—, fue celebrado el primer juego: Los equipos Managua y Granada lo protagonizaron. Salvador Argüello (“El Zurdo”) obtuvo la victoria 8 x 7. José J. Ortega (“Chumazón”) fue el lanzador derrotado del “Granada”. Se destacaron como bateadores “Vicentón” Morales por el Managua de 5-3 y Julián “Píldora” Rodríguez por los orientales de 4-3. El cronista deportivo del diario La Prensa, Leonardo Lacayo Ocampo —que utilizaba el seudónimo de Don— elaboró el box score de ese juego, el primero difundido en un medio impreso. En efecto, al día siguiente apareció en La Prensa.
En 1931 el mismo diario organizó un torneo en que el club Managua conquistó el título de campeón (La Prensa, 27 de febrero de 1935). En esa nota su redactor anónimo afirmaba que, a raíz del terremoto, “se marcó una nueva era deportiva en Nicaragua”. Sin duda, aludía a la presencia del beisbol caribeño, cuyo impacto renovador se hizo sentir por muchos años.
4. El “General Trujillo” y la carrera de Paco Soriano
Este aporte comenzó con la pionera visita del General Trujillo que se debió al presidente de la Junta de Beneficencia don Sofonías Salvatierra y al administrador del estadio El Retiro don Tomás Martínez, en coordinación con un dominicano que vivía en Managua desde 1928 como vendedor de enciclopedia: Fernando Vicioso. El terremoto lo había obligado a trasladarse a Granada como entrenador del equipo local. Vicioso se enteró que el General Trujillo, de formación reciente en República Dominicana, se hallaba varado en Panamá —tras derrotar a clubes de ese país—, y creyó oportuno que visitase Nicaragua, necesitada de un espectáculo deportivo de calidad. Así, por primera vez, la afición nacional admiró a peloteros del Caribe. Entre ellos brillaban Miguel Ángel “Nonito” García (C), “Laitico” Mieses (1B), Juan Tomás Friol (2B) y Fernando Lluberes (3B). (Rondón: 11 de junio, 1991).
Los dominicanos debutaron ganándole al Managua 7 x 3, no sin sobresalir entre los capitalinos Salvador “El Zurdo” Argüello y Julio Niño “Birro”, quien se apuntó un cuadrangular. Pero el 8 de mayo de 1932, cuando había ya apabullado a otros equipos fuera de Managua, el General Trujillo perdió frente al Bóer, reducido a 5 imparables por el estelar lanzador zurdo Rafael Emilio “Sijo” Gómez. Este fustigaba con lanzamientos hacia abajo, hacia la izquierda, y hacia la derecha, sin elevarse nunca a la cintura; 3 de esos hits los conectó Paco Soriano, entonces de 32 años. Además, anotó la carrera decisoria: su última acción, pues no volvió a jugar más pelota. En una semblanza de Paco, trazada muchos años después, se recordaba que el partido iba empatado hasta el noveno inning. “Sijo” Gómez y el “Chino” Meléndez mantenían un duelo. Paco, en el cierre del Bóer, conectó lindo hit; luego se robó segunda y, a continuación, tercera. Nervioso, Gómez lanzó una pelota “encerrada” que se le cayó al receptor no más de cuatro varas del “plato”. Audaz y meteórico, Paco se barrió en home dejando tendido al General Trujillo. Evocaba el testigo:
Paco, que conocía su barra, después de anotar la carrera del triunfo, salió disparado buscando su covacha; pero fue “pescado” por la muchedumbre y llevado en hombros a su casa. (Homenaje a Paco Soriano, 1984: 35).
Luego visitó el Pacífico, impresionando más, el Navy, de Bluefields, en agosto de 1932. A estos se sumaron los cubanos del Cueto Cubs en 1933 y el Almendárez, ambos de Cuba, en 1934. Pero antes de referir a sus resultados, conviene señalar un hecho significativo: la creación de la primera Comisión Nacional de Deportes.
5. La Comisión Nacional de Deportes
Del 3 de noviembre de 1931 data su Ley Creadora, publicada el 4 en La Gaceta /Diario Oficial (año xxxv, núm. 236), cuyo texto íntegro dice: “Decreto /N° 58 /El Presidente de la República /Considerando: Que los juegos de las distintas clases de deportes, tan extendidos a la época en toda la República, no se encuentran reglamentados en forma alguna ni existen disposiciones que aseguren los derechos de los clubs y definan sus obligaciones, lo cual indudablemente redunda en perjuicio tanto de ellos mismos como del público. Que la omisión apuntada, además de los inconvenientes que acarrea, impide el fomento de las visitas de clubs deportistas extranjeros, tan beneficiosas para el acercamiento fraternal de los pueblos”. (El texto del reglamento y sus 8 artículos en trama).
6. Primeras reglas oficiales traducidas al español
Las personas nombradas por la última autoridad no pudieron ser las más idóneas: T[omas] Cranschaw, Presidente; Porfirio Pérez H., Secretario; Julio Villa, Fiscal; y Ramón Morales H., primer vocal. Los cuatro suscribieron el 4 de enero de 1932 el documento más urgente que requería la coyuntura beisbolera: las Reglas Oficiales para Baseball, previamente elaboradas por la misma Comisión. Curiosamente, los términos en inglés encontraron estas equivalencias en español: “batazos bates”: hits; “doble jugada”: doble play; “entrada”: inning; “fuera”: out; “jochador/es”: manager /coach; “metida de bate”: toque de bola; “pitcheada loca”: wildpitch; y “tiradas de pelotas”: lanzamientos del pítcher. Las Reglas, que sumaban 86, se publicaron en dieciocho números de La Gaceta, aparecidos —excepto los domingos— del lunes 5 al martes 26 de julio de 1932.
La Liga Nacional de Baseball de ese año, ganada espectacularmente por el Bóer, fue la principal actividad impulsada por la Comisión. Al mismo tiempo, esta organizó un Maratón Acuático en el Lago Xolotlán y las primeras Olimpiadas Nacionales (Uriarte, 1960: 8). El Ministro de Gobernación, Antonio Flores Vega, apoyó estos eventos.
7. El “Navy” de los Cayasso en el Pacífico
Antes que terminase dicha Liga, circunscrita a la zona del Pacífico, en agosto de 1932, arribó al muelle de Granada —tras un viaje en motivela desde Bluefields, navegando por el Atlántico y el río San Juan— el Navy de los hermanos Stanley y Jorge Cayasso. El conjunto llegó en tren a Managua, donde fue recibido por el promotor Francisco “Pancho” Olivares. El domingo 21 de agosto debutó en el Hipódromo de León venciendo al Metropolitano 8 x 2 Los Cayasso se alteraron el la Lomita; Roberto Thompson “Musa” fue el serpentinero perdedor. (Uriarte, ).
La motivela -lancha de gasolina- se llamaba Elk (Alce) y era propiedad del marinero Wilfred Cayasso, padre de Stanley y Jorge; en ella, dos años antes, el Navy había viajado a Puerto Limón, Costa Rica, donde sostuvo cinco juegos amistosos, imponiéndose en cuatro. Además de los hermanos Cayasso, formaban parte del club caribeño Herbert Carter, Julián Benard, Albert Hall, Hector Halley, Clayton Wilson, Fernando Casanova, Allan Robb, Culvert Newell, Harry Lesby, Hernaldo, Moisés y Frank Hodgson (manager). Los mismos arribaron a San Juan del Norte el 13 de agosto, acompañados del Navy Jazz Band, encabezada por su director, el trompetista Adrián Coulson (Miranda, 14 de agosto 2006).
El segundo encuentro se jugó en el field del Retiro contra el Managua. Su alineación fue la siguiente: Hernaldo Hodgson (ss), Stanley Cayasso (p), Moisés Hodgson (C), Albert Hall (1 B), George Cayasso (2 B), Herbert Carter (3B), Culbert Newell (RF), Fernando Casanova (CF) y Julián Benard (RF). Esta vez perdieron 7 x 2. Napoleón “Chaparrón” Delgado ganó el partido y lo perdió Herbert Carter.
8. Primera Liga posterremoto
Mientras tanto, había concluido la primera Liga posterremoto organizada en el Pacífico. El Bóer, al vencer al San Fernando en cinco juegos (La Prensa, 27 de febrero de 1935), fue declarado campeón por la Comisión Nacional de Deportes; pero el último juego no se concluyó por el escándalo de la Estación del Ferrocarril de Masaya, donde los jugadores del Bóer y su barra fueron apedreados por la fanaticada local. Los hermanos Cayasso recibieron invitación para servir de árbitros y la banda del Navy para amenizar la serie final. El player masayés Agustín Castro fue el campeón bate de la serie con promedio de .333 (de 15-5), seguido del “Chino” Meléndez, del Boer, con .313 (Uriarte, 1961: 10).
9. Primer campeonato nacional
Se decidió, entonces, que el Bóer y el Navy disputaran por primera vez un Campeonato Nacional (el Pacífico y el Atlántico) en una serie de siete encuentros, llegando a jugarse cinco. El 16 de octubre dio comienzo bajo un tremendo aguacero. Los costeños, para el 8 de noviembre, habían ganado dos juegos y perdido uno. Timothy Mena y Allen Álvarez —el primero del Acorn y el segundo del Alerta, equipos blufileños— reforzaron al Navy como lanzador y receptor, respectivamente. Ambos fueron traídos en avión de Bluefields a Managua por una cortesía del capitán Price en la fecha indicada (Uriarte, 1961: 28).
No se especificaron las verdaderas causas que motivaron la suspensión de la primera serie jugada en Nicaragua por un verdadero Campeonato Nacional de Beisbol superior. Se deduce, por lógica elemental, que las autoridades deportivas protegieron al Bóer y frustaron el triunfo costeño. (Miranda: 14 de agosto 2006).
El Navy volvió a las suyas al derrotar, en su patio, al Corinto y vencer, de nuevo, al Metropolitano en León. El domingo 11 de diciembre ganó en Granada al equipo local 4 x 0, como lo informa “Pelotero” el 18 de diciembre de 1932. Los casi invencibles costeños, al fin, perdieron dos de los tres partidos que jugaron con un nuevo equipo: “Nueve fuertes” —resultado de una fusión de jugadores capitalinos— el 25 y 31 de diciembre de 1932, y el 1 de enero de 1933, según otra crónica firmada por el mismo “Pelotero” el 8 de enero del mismo año. Este cronista del periódico La Evolución Obrera, oculto bajo el seudónimo indicado, comentó en la misma fecha:
“Dijimos en vez pasada que las derrotas a manos de los negritos enseñarían a nuestros semiprofesionales y aficionados a observar la vida metódica indispensable al buen deportista, y el resultado de la última serie confirma aquello, que es elementalísimo. Los ‘Nueve Fiertes’ se prepararon e hicieron vida moderada, aunque fuera por corto tiempo. Y está claro: no se puede ser juerguista a la vez que buen deportista”.
En un apartado de tres, perteneciente a otra crónica del mismo colaborador de La Evolución Obrera, se constata el desarrollo que, a nivel juvenil, tuvo a lo largo de 1932 el beisbol en la capital:
10. “Los menores de Managua”
Los clubes La Rana y Aviación midieron sus leños en el campo de entrenamiento del último, donde se desarrolló una parranda de batazos triples, dobles y sencillos, conquistando el triunfo La Rana con un total de 15 a 4 carreras.
Se dieron una aporreada de lo lindo los menores San Luis y Filadelfia en el campo de las prácticas del último. En honor a la verdad, mantuvieron a los espectadores en constante ansiedad, pues no hubo superioridad manifiesta en ninguno de ellos sino hasta el final en que el Filadelfia se anotó siete carreras contra siete de su contrincante. La lucha era tan reñida que los simpatizadores de ambos se sintieron molestos cuando el juego, en dos ocasiones, se suspendió para discutir fallos de los jueces.
Es una verdadera lástima que nuestros aficionados y aún semiprofesionales no aprendan a obedecer los fallos de los jueces que ellos mismos han nombrado y constantemente den esos espectáculos que desdicen de la cultura que debe indispensablemente acompañar al deportista.
El deporte tiene por objeto no sólo la cultura física sino también la cultura social en los individuos y los grupos. De manera que esas voces y gestos airados, además de desdecir de la buena educación, contrarían los fines que se persiguen en el deporte bien entendido.
Todos nuestros aficionados aspiran naturalmente a figurar entre los semiprofesionales de cartel, pero también deben aspirar a distinguirse por su corrección y amaneramiento, cualidades éstas que han hecho acreedor de la simpatía general al deportista obrero de Granada Pedro J. Oviedo.
11. Pedro José Oviedo: “El Caballero del Deporte”
Precisamente, Pedro José Oviedo —en la primera consulta popular de carácter deportivo realizada en el país— fue reconocido como “el mejor jugador de baseball en Nicaragua”, sobrepasando en 1,497 votos al mimado del Bóer, Paco Soriano. Llamado desde entonces “El Caballero del Deporte”, Oviedo obtuvo 2,903 votos contra 1,432 de Soriano y 300 del admirable lanzador José Ángel “Chino” Meléndez. La estrella del baloncesto femenil, Margarita Pertz —del club Alpino de Managua— colocó en el pecho del lanzador sultaneco una preciosa medalla de oro. Granada entera se hizo presente en dicho acto en el Field El Retiro la mañana del domingo 23 de julio de 1932. Al capitalino Diario Moderno se le ocurrió esa iniciativa (Uriarte, 1960: 11).
12. Los cubiches del “Cueto Cubs”
No en vano Oviedo sería el único mánager nicaragüense que pudo ganarle al Cueto Cubs la tarde del domingo 14 de mayo de 1933, interviniendo además como jardinero. Le tocó perder a Jesús Lorenzo 6 x 2 en Granada, frente a la Selección Oriental. Por la mañana, los cubanos habían superado al Navy 2 x 1 (Uriarte, 1961: 9). En realidad, el poderoso club que dirigía Manuel Cueto —un bigleaguer— arrasó con todos nuestros equipos, salvo con la mencionada Selección Oriental, integrada por peloteros del Granada y del San Fernando. El serpentinero victorioso, Alfonso Noguera “El Serpentinero” Solórzano, pertenecía al conjunto de Masaya.
«Los Cuetos», como eran identificados popularmente, habían debutado el 26 de febrero de 1933, venciendo al Bóer 9 x 0 con Jesús Lorenzo en la goma, quien lanzó no hit no rum. También el último juego del Cueto Cubs, el 11 de junio de 1933, fue otro no hit no rum, pero no juego perfecto. Lanzando Jesús Miralles, Eduardo López, Mario “Patón” bateó rola al shorts stop. Castillo tiró mal a primera, colándose en segunda; los cubanos ganaron 7 x 0. El “Chino” Meléndez fue el pitcher perdedor en ambas ocasiones (Uriarte, 1960: 45).
El Cueto Cubs había derrotado al San Fernando 2 x 1 con “Chú” Miralles en el box, el 12 de marzo de 1933, contra Goyito González. Curiosamente, tres jardineros del equipo de Masaya realizaron la hazaña de poner fuera en home, cada uno de ellos, a un distinto corredor, a saber: Samuel Amador “El Lobo” (Rf) a B. Fernández en el segundo ining; Julio Paniagua (LF) a Manuel Cueto; y Agustín Castro (CF) a José “Cheo” Ramos (Uriarte, 1960: 12). Asimismo, los cubanos inauguraron el Field de la Penitenciaría, llamado así porque en sus predios había existido el edificio carcelario que destruyó el terremoto del 31. En esa oportunidad, los “cubiches” superaron a la Selección de Bluefields 7 x 1; Jesús “Chú” Miralles fue el lanzador que se acreditó el triunfo; Stanley Cayasso, el derrotado. El 30 de abril de 1933 tuvo lugar dicho encuentro.
Los mismos equipos se enfrentaron de nuevo en la “Peni” el 7 de mayo. Otra vez se impusieron los cubanos. Manolo Cueto intentó sustituir a Caballeira en primera base por Parrado, otro de su equipo que estaba jugando. Pero el juez principal, Juan Manuel Morales “Manopla”, se lo impidió, aparte de ganarle la apuesta de 10 dólares que Cueto le propuso. Volvió a perder Stanley Cayasso. El pitcher ganador fue Jesús Lorenzo.
En otro partido del Cueto Cubs, esta vez contra el Bóer, el lanzador estelar de este equipo —José Ángel “Chino” Meléndez— fue saludado por un kilométrico jonrón de Cheo Ramos que produjo tres carreras. David Castillo había sido el promotor “nica” de la visita de los “Cuetos”. Manolo acumulaba una notable experiencia, vistiendo —después de 1910— la franela del San Luis en la Liga Federal de las Mayores, entre 1913 y 1914; la del Almendárez en la Liga Profesional de Cuba, y en 1916 la de los Orientales, campeones ese año. Jugaba la tercera base. Pasó al Habana y en la temporada de 1923-24 retornó al Almendárez. Causó tan buena impresión entre nosotros que se ganó el mote de “Hombre Diablo”.
13. El aporte técnico Caribeño
Carlos J. García anotó: “La presencia del ‘Cueto Cubs’ fue muy provechosa para el mejoramiento técnico de nuestro beisbol y el propio Manolo Cueto quedó desde entonces ligado a la pelota nicaragüense, al punto que sirvió de asesor técnico para la construcción del Estadio de la “Peni”, lugar que ahora ocupa el Estadio Nacional. Tanto Manolo Cueto como su hermano Roberto —“Cuetillo”— siguieron llegando a Nicaragua e incluso aquí procrearon familia”. (García, 1991: 10).
Un artículo de “Pelotero”, titulado Nuestro orgullo deportivo abatido», da cuenta del estrago psicológico que causaron los “Cuetos”. Lo transcribo íntegro, dada su rareza e importancia, tomado de La Evolución Obrera (18 de junio, 1933):
“Por fin, se fueron los peloteros cubanos llevando en sus maletas de viajeros nuestras más caras esperanzas hechas trizas. Quizás ellos allá en la Perla de la Antillas, oyeron decir que los nicas nos hacíamos llamar en el campo del deporte “campeones centroamericanos de beisbol”, y por eso determinaron venir a saber si la realidad correspondía a la presunción nuestra. Y aquí fue Troya. Se encontraron con estantiguas infladas de tanto rumiar el recuerdo de las Olimpiadas de Costa Rica y las giras por El Salvador y Guatemala.
Tal era la hinchazón que, a pesar de las represiones propinadas por los dominicanos, no pudieron ver nuestros equipos que aisladamente eran todos impotentes para detener a los “Cuetos”. Por otra parte, estaban las Comisiones Nacional y Local, sin pizca de lo que deben tener tales entidades: “Entusiasmo por el encargo y resolución para imponerse a los obstáculos, de tal modo que fueron oponiendo a los visitantes equipos mal preparados, que llegaron para ser derrotados con pasmosa facilidad. Los equipos procedieron de este modo porque unas veces pensaban en las minúsculas y por lo mismo ridículas rencillas locales y aun interlocales, unas veces, otras porque sólo pensaban en el probable producto de la taquilla, que los hacía recurrir a sabiendas de que serían derrotados.
“ Nosotros dijimos, desde el primer momento, que era necesario que la Comisión Nacional de Deportes y las Locales respectivas obligaran a los equipistas de sus localidades a fusionarse seleccionándose, si no para vencer a la redonda, al menos para oponer resistencia digna de los contentores. Por eso no fue posible sino hasta que ya todos habían sido aplastados y los individuos habían perdido toda confianza en sí mismos. El resultado de todo estoy no puede ser más elocuente: 30 partidas jugadas y de estas sólo una ganada por nosotros, y otra empatada, aunque discutida.
“Fuera de nuestras deficiencias, que llamaremos técnicas si se nos permite, lo que nos hace más débiles, es, en primer lugar, la insubordinación de nuestros players, y en segundo lugar la vida desordenada de los mismos. El verdadero deportista, es decir, el que quiere ver el nombre de su equipo siempre en alto, el que quiere conservar sus aptitudes largo tiempo, y el que tiene como objetivo superior el triunfar antes que el producto de la taquilla, ese decimos, observa una vida moderada: no bebe, no fuma, no trasnocha, no abusa de sus fuerzas en los placeres y cifra su orgullo en ser un perfecto caballero.
“Nuestros muchachos no quisieron creer que se las verían con técnicos y además de eso, verdaderos deportistas: así se presentaron a un león con un mal palo. Sin embargo, con las derrotas sufridas no han de morir sus entusiasmos y confiamos en que servirán para estimularles a cultivar y conservar sus facultades para poder mantener alto el honor del deporte nacional frente a cualesquiera deportistas extranjeros”. (Pelotero: 8 de enero, 1933).
No hubo cosa, sostiene Chepe Chico Borgen, que Manolo Cueto y sus profesionales cubanos vinieran a enseñar en 1933, y aún más, que antes no lo hubiese puesto en práctica Paco Soriano por su propia iniciativa. Una vez recogida la pelota en el infield, la retornaba por debajo del brazo; salía en hit-and-run en el momento propicio, de manera que cuando se producía el batazo ya él iba llegando a segunda; tocaba la bola “como con la mano”, en el lugar exacto intermedio entre el lanzador y los infielders, logrando convertirlo en hit de piernas; robaba las bases con tal exactitud que llegaba a pie a segunda, etc. Pero estas habilidades eran excepcionales y exclusivas de Soriano.
Entre las técnicas aprendidas por los nicas de los “Cuetos”, figuraba la siguiente: “que la segunda base debía estar resguardando al mismo tiempo por la segunda y el short stop. Ambos deben estar en el outfield a una distancia equidistante del costal, de este modo se ha ampliado el radio de defensa siendo socorrida la base indistintamente por ambos jugadores […]. Como esto, muchos otros detalles” (Safe: 27 de enero, 1934).
