De cerca con el Premio Cervantes

El secretario de la Academia Nicaragüense de la Lengua, relata algunos momentos en el acto de premiación del Cervantes, el galardón de literatura más importante después del Nobel El 23 de abril, en toda Hispanoamérica se celebra el día del libro en conmemoración del viaje a la inmortalidad de Miguel de Cervantes y Saavedra, quien […]

Antonio Gamoneda. Premio Cervantes. (LA PRENSA/AP)

  • El secretario de la Academia Nicaragüense de la Lengua, relata algunos momentos en el acto de premiación del Cervantes, el galardón de literatura más importante después del Nobel

El 23 de abril, en toda Hispanoamérica se celebra el día del libro en conmemoración del viaje a la inmortalidad de Miguel de Cervantes y Saavedra, quien en esta fecha, pero en 1616, completara las salidas y ruta del hidalgo personaje, D. Quijote de la Mancha.

En el Paraninfo de la centenaria Universidad de Alcalá de Henares fue entregado, por su Majestad, el rey Juan Carlos, el tan codiciado Premio Cervantes que consagra y restablece las economías de los ganadores.

Eran las 12:05 p.m., del 23 de abril, cuando en la sala que albergaba unas trescientas personas aproximadamente, representativas del Gobierno Español, Cuerpo Diplomático acreditado en Madrid, intelectualidad y hombres de prensa, hicieron su ingreso los reyes de España, algunos miembros del jurado, la ministra de Cultura y el galardonado Premio Cervantes, Antonio Gamoneda.

El rey Juan Carlos abrió la sesión e inmediatamente el Secretario del Jurado Rogelio Blanco dio a conocer los nombres de los jurado que fue presidido por Víctor García de la Concha y que al final declaró ganador a un protegido de las musas, a un poeta.

Antonio Gamoneda, nacido en Oviedo, en 1931, es poeta, ensayista y crítico de arte; con el pelo canoso, las libras de sus 76 años, la voz pausada y suave, el poeta laureado dijo que había aprendido a leer en el único libro que había en su casa, titulado Otra Más Alta Vida, libro de poesía modernista, el único que escribió su padre, quien llevaba su nombre y falleció cuando el hijo tenía un año de edad.

Gamoneda, visto ahora como un poeta existencialista que no perteneció a ningún grupo de poetas, confesó en su discurso ser un poeta de barrio, que no fue a la universidad porque tuvo que ganarse el pan haciendo el trabajo sucio de la ciudad, cuando su humilde madre dobló su cuello sobre una máquina de coser, Singer, él descargaba carbón en la ciudad de León, donde aquella mujer lo había llevado.

En su discurso, Gamoneda relacionó su vida con su obra; ésta es fruto de la pobreza como fue también la obra de Cervantes, creador principal del pensamiento poético moderno y como fue también la obra de San Juan de la Cruz, quien no sólo sirvió a los enfermos de sífilis, sufrió el hambre, la cárcel, la tortura, el temor de la inquisición… por eso hay que descubrir, además del placer de la lectura, que aflora en la superficie, lo que está en el fondo. Los molinos de D. Quijote son en verdad los gigantes, los poderosos, la maldad, la relación injusta entre el poder y el sufrimiento. Señaló Gamoneda que hablar desde el interior de la pobreza no es lo mismo que solidarizarse con la pobreza; en el primer caso se habla desde la realidad, hay autenticidad; en el segundo caso puede darse el recurso de la retórica.

Aunque desconocido en América, Antonio Gamoneda ha publicado entre otras obras: Sublevación Inmóvil, 1960; Descripción de la Mentira, 1977; Francisco Echauz: La Dimensión Ideológica de la Forma, 1978; León de la Mirada, 1979; Blues Castellano, 1982; Lápidas, 1986; Edad, 1987; Libro del Frío, 1992, El Cuerpo de los Símbolos, (ensayos) 1997 Mortal 1936, 1994; Eros y Thanatos, 2000; Atravesando el Olvido, 2004; Ávida Vena, 2006; Sílabas Negras, 2006. Entre la distinciones recibidas anteriormente, ostenta el Doctor Honoris Causa por la Universidad de León; hijo adoptivo de las ciudades de León y Villafranca del Bierzo; Premio Nacional de Poesía, Medalla de oro de la ciudad de Pau y de la provincia de León, Premio “Leteo” y premio “Príncipe de Asturias”.

Considerado como una voz auténtica que habla en nombre de los desposeídos de España, la poesía de Antonio Gamoneda es un canto a la vida sin que de éste se aparte la injusticia, la cárcel, el dolor, la guerra, la soledad, la orfandad; su poesía se caracteriza por ser existencialista, íntima y humana; idónea para el gozo, la reflexión y la esperanza de un mundo mejor.

Completó el elogio de Antonio Gamoneda, la honorable ministra de Cultura, y Su Majestad el rey Juan Carlos cerró el acto el Gaudeamus Igitur cuya música festiva estaba a tono con el dorado del cielo raso y del púlpito, así como la letra, que evocaba y vivaba a los maestros… nombres de Elio Antonio de Nebrija, San Juan de la Cruz, Lope de Vega, Francisco López de Gómara, Domingo de Soto, estaban escritos en la paredes del histórico paraninfo.

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