La primera dama de la República, Rosario Murillo, protagonizó ayer un rabieta cuando escuchó que el personal de la Cancillería realizaba pruebas de audio, después de instalar un sistema de auriculares para que fueran usados por los traductores durante la visita del vicecanciller de Rusia, Serguei Kislyak, en el kiosco del Frente Sandinista.
Al escuchar un silbido del audio, Murillo salió del salón para indagar sobre el ruido y para dejarles claro a los trabajadores que el kiosco es el lugar donde despacha Ortega y tiene su propio sistema de sonido, por tanto, no necesitaban de los equipos de la Cancillería, por lo que les ordenó se retiraran.
Durante el altercado, una de las personas que acompañaban a la delegación del vicecanciller ruso intentó explicarle a Murillo sobre las ventajas del sistema de la Cancillería, sin embargo, ella respondió de manera agresiva, “no me diga señora, sino compañera”. Una vez que dejó todo “en orden”, ingresó al local donde se reunió Ortega con Kislyak.