A Rafael Mitre
Nacer de nuevo
dejar que las luces de todas las espinas
te abracen
con un vómito de bilis que corta tus hilos
para dejarte clínicamente en blanco
con las últimas migas de silencio
que restan de la tarde
atravezándote el pellejo crudo
cribado por vagos garabatos de aliento vinoso
que tienen el gaznate gorjeante muriendo entre las manos
y la carcaza de un sueño
que te acaricia con la muda adulación de un galgo
para siempre con un andrajo de lengua
tu niño fuma su juguete rosa
se incendia una pupila
y levanta el otro pie en la noche
verde andar de venado muerto
entre pájaros mudos de colores agrios
subterráneos colores de familia sin padre
de padre sin corona
de cruz con carpintero manco
mientras el labio espumoso del mar
besa la arena fabulosa de pupilas saladas
(en la tarde naranja de otras tempestades)
que regresa al asco
de amontonarse grano a grano
anónima
dócil
infantil
II
Bajar la palanca del retrete, así
así quisieras vaciarte en lágrimas
o contarle una historia dulce
al niño que hace tan sólo un minuto
tiraste desde la ventana de un quinto piso
III
En el bosque
dormida entre las hojas secas
una ciega
silenciosa
y pequeña semilla
ignora.
