LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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Monseñor Oscar Arnulfo Romero es nuestro

“El arzobispo Romero fue un gran testimonio de la fe cristiana, un hombre de fe y que estaba contra la dictadura” (Benedicto XVI) Monseñor Carlos Arnulfo Romero, Arzobispo mártir de El Salvador, es considerado por algunos “una figura histórica controversial”. Sin embargo, el Papa Juan Pablo II, el Grande, lo calificó de “un gran pastor” […]

“El arzobispo Romero fue un gran testimonio de la fe cristiana, un hombre de fe y que estaba contra la dictadura”

(Benedicto XVI)

Monseñor Carlos Arnulfo Romero, Arzobispo mártir de El Salvador, es considerado por algunos “una figura histórica controversial”. Sin embargo, el Papa Juan Pablo II, el Grande, lo calificó de “un gran pastor” y el Papa actual Benedicto XVI lo ha exaltado como “un gran testimonio de la fe cristiana” y “un hombre de fe que estaba contra la dictadura”, no sin advertir la manipulación política que ciertos grupos ideológicos utilizan para llevar agua a su molino.

¿Por qué monseñor Romero es catalogado por cierto tipo de personas como una figura histórica controversial? Quiero apuntar una razón muy poderosa y de primer orden: los cristianos poseemos una conciencia social poco formada y prácticamente nada desarrollada en América Latina. Nos hemos dejado arrebatar la bandera de la justicia social y, por lo mismo, los propios cristianos juzgamos sospechoso de “comunista” a aquel obispo, sacerdote o laico que dentro de la Iglesia luce a favor de las reivindicaciones sociales o denuncia las injusticias defendiendo a los desposeídos, igual que los comunistas o marxistas tildan de “imperialistas” o “vendepatria” a quien se opone al totalitarismo que normalmente practican cuando están en el poder. Esto, desde luego, no significa que no se den casos de sacerdotes que en la práctica confunden su misión pastoral en aras de una ideología o un partido político, pero eso no quita que jamás debemos de olvidar que como cristianos hemos de desarrollar el sentido de la justicia individual y social, en la familia y en la sociedad, combatiendo tanto el totalitarismo como toda forma de explotación del hombre por el hombre o del hombre por el Estado, no siendo injustos nosotros ni permitiendo la injusticia de otros, utilizando formas legítimas para hacer prevalecer la justicia.

Según el testimonio de una religiosa que atendía a monseñor Romero, él solía pedir fuerzas, de rodillas, a Jesús Sacramentado para poder cumplir su misión profética de buen pastor de almas. A Romero sólo se le puede juzgar desde el ángulo de la fe. Monseñor Romero es nuestro, pertenece a la pléyade de santos que adornan el firmamento de nuestra Iglesia y sólo así puede ser situado en su justo lugar en la historia de América y el mundo.

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