LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Un viaje al lado oscuro

La idea fundamental en la saga cinematográfica de La Guerra de las Galaxias, es la existencia de una fuerza superior que domina el universo y la vida de las personas y la cual tiene un lado oscuro y otro iluminado. Este concepto se basa en el hecho inobjetable, de que todo en la vida se funda en dos aspectos opuestos, contradictorios y excluyentes: lo malo y lo bueno, lo negativo y lo positivo, la opresión y la libertad, lo izquierdo y lo derecho.

Aplicado ese concepto al mundo en que vivimos, es fácil comprobar que, en efecto, éste tiene un lado oscuro que es donde imperan dictaduras y satrapías de diverso signo; pero también posee un lado iluminado, donde la gente vive en libertad y se auto gobierna de manera democrática.

Pues bien, al lado oscuro del mundo es a donde ha ido de paseo en estos días el presidente sandinista Daniel Ortega: Venezuela, Argelia, Libia, Irán y Cuba. En Venezuela, para escarnio de los venezolanos y vergüenza de los nicaragüenses que en su mayoría han repudiado el cierre arbitrario de Radio Caracas Televisión (RCTV), el presidente Ortega respaldó la agresión del dictador militar Hugo Chávez contra la libertad de expresión y de prensa. Inclusive, en un desborde de entusiasmo totalitario Ortega aseguró que él hubiera confiscado RCTV, e insultó a los venezolanos que se manifiestan en defensa de su libertad.

En Argelia, Ortega calificó a Israel como un Estado ficticio; y en Irán sin duda que reiterará su apoyo al déspota de ese país, quien está desafiando al mundo con su empeño en fabricar el arma atómica. Y sin duda que Daniel Ortega respaldará también el demencial propósito del presidente iraní, quien al parecer se cree un nuevo Nabucodonosor, de destruir a Israel y repetir en el siglo XXI el holocausto del pueblo judío que Hitler ordenó en el siglo XX.

Dice el presidente Ortega que Nicaragua tiene derecho a relacionarse con todos los países del mundo, lo cual es cierto pero sólo relativamente. En realidad, así como cada quien es libre de escoger a sus amistades entre personas honorables o sujetos de mala reputación, también los gobernantes se asocian entre ellos de acuerdo con sus afinidades e intereses. Pero el presidente Daniel Ortega, quien es un mandatario de minoría y apenas cuenta con la confianza del 38 por ciento de los nicaragüenses, no tiene derecho a poner en riesgo los intereses nacionales asociando a Nicaragua con países donde no se respetan los derechos humanos y son vistos con recelo por la comunidad democrática internacional.

Por otra parte, es muy preocupante el hecho de que el presidente Ortega se hiciera acompañar, en su viaje al lado oscuro del mundo, por representantes de alto nivel del Ejército de Nicaragua y la Policía Nacional. ¿Qué es lo que pretende el mandatario sandinista al vincular las instituciones armadas de la República, a las que tanto les ha costado quitarse la mala fama del partidismo sandinista, con regímenes despóticos que sólo pueden inducirlas a que vuelvan a ser como lo fueron en los fatídicos años ochenta del siglo pasado?

La mayoría de diputados democráticos que hay en la Asamblea Nacional, debería interpelar al presidente Ortega acerca de cuáles son las motivaciones reales de su viaje al lado oscuro y por qué compromete a la Policía y el Ejército, vinculándolos con los regímenes totalitarios. Pero, además, las fuerzas democráticas de Nicaragua deben tomar las providencias políticas que sean necesarias, a fin de impedir que Daniel Ortega y su partido vuelvan a imponer en Nicaragua un régimen autoritario como los que hay ahora en Venezuela, Cuba o Irán.

En reiteradas ocasiones hemos expresado en esta misma columna editorial de LA PRENSA, la opinión de que si bien es cierto que las circunstancias históricas de Nicaragua han cambiado, Daniel Ortega sigue siendo el mismo político autoritario de antes. Pero también hemos dicho que ahora Ortega tiene que moverse en los límites de lo que quiere hacer y lo que realmente puede hacer. Y sobre todo tiene que actuar en el ámbito de lo que el pueblo y las fuerzas democráticas le permitan hacer.

Los partidos democráticos, si se unieran en la Asamblea Nacional podrían contener ahora mismo los ímpetus autoritarios y dictatoriales de Daniel Ortega. Después podría ser demasiado tarde.

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