- Hijo de Mejía Godoy narra su vida
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Camilo Mejía, el hijo del cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy, quien se convirtiera en el primer objetor de conciencia de la guerra de Irak en el año 2004, narra sus vivencias en una obra literaria, luego de tres años de la odisea.
El libro La Ruta Desde Ar Ramadi, es la obra autobiográfica en la que Mejía narra su vida desde su infancia hasta que ingresó en prisión condenado por deserción, según el sitio en internet de la cadena de televisión Univisión.
De acuerdo a la cadena latina, Mejía aduce en su texto que “Estados Unidos vive engañado por el sistema. La gente no sabe lo que se hace en su nombre y con su dinero alrededor del mundo. Ni siquiera acá”.
“Las razones que me llevaron a ingresar al Ejército no son diferentes a las de otros jóvenes de Estados Unidos que se alistan”, explica Mejía en su autobiografía, según Univisión.
UNA FARSA
Mejía señala que como miembro de la Guardia Nacional estaba exento del pago de matrícula en la universidad pública a la que asistía. Además, el Ejército le proporcionaba el dinero necesario para subsistir.
Pero dos años después, Mejía ingresó a la Universidad de Miami, la que representaba mayores gastos. Entonces, según el relato, fue cuando supo que la Guardia Nacional no pagaría los gastos de matrícula y que si quería recibir alguna ayuda del Ejército, debía comprometerse a tres años más de servicio.
“Los beneficios del Ejército son una farsa. Mientras más te ayudan, más te hunden, más les perteneces”, denuncia Mejía, quien completó hace tan sólo tres semanas el último semestre de sus estudios de Sicología y Español sin la ayuda del Ejército ni de la Guardia Nacional.
En enero de 2003, cuando a Mejía le quedaban pocos meses para terminar su carrera en la Universidad de Miami y menos de cinco para completar su compromiso militar de ocho años, el Ejército de Estados Unidos le extendió el plazo en que podía ser llamado a filas hasta 2031.
“SUAVIZAR” PRESOS
A finales de abril de 2003, un mes después de la invasión a Irak, Mejía ya estaba en Irak en una compañía que tenía la misión de vigilar un campo de prisioneros, relata el sitio de Univisión.
Su misión era “suavizar” a los detenidos antes de los interrogatorios. Para ello los mantenían siempre en movimiento, despiertos, durante 72 horas o más, en una celda rodeada de un alambre de púas que terminan en una especie de cuchillas, narra Mejía en parte de su odisea.
En su libro, Mejía cuenta sobre su temor a la muerte, además sobre las vicisitudes que vivió durante los cinco meses que estuvo escondido luego de la deserción, y su estadía en prisión.
Mejía, que tiene pasaporte nicaragüense y costarricense, lleva 13 años en Estados Unidos y nunca ha solicitado la ciudadanía. Reconoce que ahora le gustaría hacerlo, pero por motivos prácticos, por miedo a los posibles cambios “racistas”, que se pueden dar en la política migratoria del país.