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Carlos Sandoval García. (LA PRENSA / J. BRAVO)

Inmerso entre la investigación y el humanismo

Carlos García estudia la inmigración nicaragüense y muchas veces su trabajo académico desemboca en labor humanitaria [doap_box title=»Más de una década» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Carlos Sandoval García lleva aproximadamente 12 años ayudando, investigando y escribiendo sobre la inmigración nicaragüense en Costa Rica. [/doap_box] Creó la asociación Merienda y Zapatos para becar a niños pobres nicaragüenses CORREPSONSAL/COSTA […]

  • Carlos García estudia la inmigración nicaragüense y muchas veces su trabajo académico desemboca en labor humanitaria
[doap_box title=»Más de una década» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Carlos Sandoval García lleva aproximadamente 12 años ayudando, investigando y escribiendo sobre la inmigración nicaragüense en Costa Rica.

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Creó la asociación Merienda y Zapatos para becar a niños pobres nicaragüenses

CORREPSONSAL/COSTA RICA

Para muchos puede ser un gran aliado de los nicaragüenses, para otros un académico que investiga sobre el tema; pero él siente que su trabajo ha servido para que los inmigrantes pinoleros en Costa Rica sean tomados en cuenta.

Carlos Sandoval García, de 42 años, es el comunicador y sociólogo costarricense que ha dedicado parte de su vida intelectual al estudio de la inmigración nicaragüense y sus temas afines, pero el fruto de su trabajo académico muchas veces desemboca en labor humanitaria.

Por ejemplo, con el dinero que obtuvo en el 2002 al ganar el premio Aquileo J. Echeverría por el libro Otros Amenazantes: los nicaragüenses y la formación de identidades nacionales en Costa Rica, creó la asociación Merienda y Zapatos para becar a niños pobres nicaragüenses que obtuvieran buenos promedios.

“La idea era que el dinero del premio, que no era muchísimo, se lo devolviéramos a la comunidad nicaragüense, entonces nos inventamos todo este tema del acompañamiento de los niños y las niñas en el tema educativo”, recuerda Sandoval García.

La asociación todavía continúa, a pesar que el capital con que inició se repartió. A la fecha están becados 15 niños nicaragüenses que reciben 10 mil colones mensuales (20 dólares).

“Primero les dimos dinero con lo del premio, obviamente en algún momento se gastó, luego los Jesuitas nos financiaron el año pasado y este año hicimos una boleta para pedirles a compañeros de la Universidad de Costa Rica que se hicieran socios”, comenta.

“Al principio sólo les dábamos la beca, ahora estamos dando reforzamiento académico. Cuando sabemos que en los primeros años les va mal en matemática, conseguimos quien les dé clases”, añade.

HISTORIAS DE LA CARPIO

Otro trabajo que dirige Sandoval García es la publicación en septiembre del libro de dibujos e historias de pobladores de La Carpio, quienes a través de cuentos o dibujos relatan sobre sus vidas.

“Queremos que el libro tenga dos propósitos: uno, que sea devolverle a la comunidad de La Carpio lo que sus habitantes saben y no saben que lo saben; pero también es un libro para presentar a la comunidad de afuera”, explicó el investigador.

Cuenta que en lo personal, el tema le llamó la atención por esa idea de que todos a lo largo de la vida cambiamos: “Nadie vive en la misma casa toda la vida”.

Otra experiencia que lo marcó y lo guió en su trabajo con nicaragüenses ocurrió en 1992, en ese año realizaba una investigación sobre trabajadoras de maquila y construcción.

Trabajando en una construcción en San José se enteró de la llegada de nicaragüenses a Costa Rica. Allí conoció a tres nicaragüenses que se emplearon en la construcción, luego de una breve estadía en los cortes de caña, al norte del país.

“Esos muchachos venían sin nada, al principio cocinaban en unos tarros que les regaló el maestro de obras y que antes fueron de pintura, no sabían como comprar una estampilla para enviar cartas a Nicaragua”, recuerda el sociólogo.

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