LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Chelsea (4) y su padre Jorge González (41) pasan unos días juntos en Chichigalpa. A la niña le preocupa retornar a Miami sin su progenitor, quien fue deportado este año desde Estados Unidos. (LA PRENSA/M.ESQUIVEL)

Niña sigue a su papá deportado

Chelsea es estadounidense porque nació en Florida, pero es hija de nicaragüenses y vive el drama de la deportación y la consecuente separación de su familia. Dice que le hará una carta al Presidente de EE.UU. para que le conceda el perdón a su padre y pueda vivir en Miami con toda su familia [doap_box […]

  • Chelsea es estadounidense porque nació en Florida, pero es hija de nicaragüenses y vive el drama de la deportación y la consecuente separación de su familia. Dice que le hará una carta al Presidente de EE.UU. para que le conceda el perdón a su padre y pueda vivir en Miami con toda su familia
[doap_box title=»Familia en Miami también sufre» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Judith Flores

CORRESPONSAL/MIAMI

La estabilidad emocional y económica de la familia González sufrió una abrupta fractura con la deportación de Jorge González.

Las consecuencias han sido devastadoras para la familia en Miami, pero quien más sufre las secuelas de la deportación es la hija menor del matrimonio, Chelsea. Las circunstancias la han convertido en víctima de la deportación de la que fue objeto su padre.

La familia está dividida. Amanda González relata con dolor que la niña no sólo ha ido a visitar a su padre a Nicaragua, sino que no tuvo otra opción que enviarla para poder trabajar y sostener a los tres hijos adolescentes que están con ella, y además ayudar económicamente a su esposo, quien tras varios meses de haber sido deportado no logra conseguir un trabajo, ni tiene un techo fijo que le cobije en su tierra.

Amanda dice que está arrepentida de haber enviado a Nicaragua a su pequeña hija, porque ésta sufre. “Nadie me daba trabajo con una niña, y pagar para que alguien me la cuidara no me resultaba. Ella (la niña) se ha enfermado en Nicaragua y cada vez que le hablo me pide regresar, pero me dice que quiere traerse a su papá también”.

Amanda y sus hijos quedaron literalmente en la calle, porque ella vendió parte de los enseres para sobrevivir, y otra parte quedó en poder de un pariente que le dio alojamiento por varias semanas y luego la lanzó a la calle con sus hijos. “Él se rehúsa a regresarme mis pertenencias”, afirmó.

Henry González es el hijo mayor del matrimonio, tiene 17 años y dice sentir mucho la ausencia de su padre.

“Hoy tengo que trabajar para ayudarle a mis padres. La carga es demasiado pesada para mi mamá y yo soy el mayor de los hermanos y ahora tengo la responsabilidad de apoyarla”, declaró.

El adolescente tiene un trabajo de medio tiempo al que asiste después de clase. Con lo poco que gana semanal, envía una parte a su padre y a su hermanita, y con la otra parte apoya a su madre.

“La base primordial de un hogar es el hombre, me hace falta el hombro fuerte, la fuerza y el calor de mi marido, pero no me puedo permitir decaer, sé que la situación que vivimos ahora, pasará”, comenta Amanda con la voz entrecortada.

Dice que Jorge sufre las consecuencias de rodar en el país que le vio nacer: “Nuestro propósito era establecernos aquí (EE.UU.), nunca pensamos comprar aunque sea un terreno en Nicaragua y ahora mi esposo no tiene un lugar fijo donde estar”.

Amanda manifestó ser testigo de la tristeza que viven sus tres hijos por la ausencia del padre.

Joshua, de 13 años, relató que cada vez que habla con su papá “él me dice que regresará a nuestro lado y que todo saldrá bien; lo que deseo es que mi familia esté unida como antes”.

El drama de la deportación que golpea a Chelsea y sus hermanos, afecta a miles de niños nacidos en Estados Unidos, cuyos padres han sido deportados a sus países de origen por haber permanecido ilegales.

El abogado Alfonso Oviedo, especialista en Inmigración y Presidente de la Fraternidad Americana Nicaragüense, interpondrá en la presente semana una demanda ante la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, en representación de miles de niños nacidos en este país, cuyos padres han sido deportados a sus países de origen.

Oviedo explicó que la demanda pretende frenar las deportaciones de los padres que tienen hijos nacidos en Estados Unidos, y lograr el retorno de los que han sido deportados. “Cuando se deporta a un padre de familia, implícitamente se está deportando a los niños”, aseguró.

Oswaldo Cabrera, de la Coalición Latinoamericana, viajó desde California junto a un grupo de niños víctimas de la deportación de sus padres, que participan en la demanda contra el Estado.

Con él viajaron los tres niños Muñoz, a quienes les deportaron a sus dos padres a México. Ellos permanecen bajo la custodia legal del organismo pro inmigrante.

La demanda incluye también detener las deportaciones de los indocumentados que permanecen detenidos en las cárceles del Servicio de Inmigración, que no hayan cometido delitos en Estados Unidos.

Menores con padres ilegales

Unos 3 millones de niños nacidos en Estados Unidos tienen al menos un padre o madre que vive ilegal en ese país, según el Centro Hispánico Pew, un grupo independiente de Washington .

El Pew señala que desde el año 2004, el Gobierno ha estado deportando a inmigrantes ilegales a un ritmo acelerado.

La difícil situación de los niños nacidos en Estados Unidos, de padres ilegales, se ha convertido en un tema político.

Un funcionario del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), que pidió el anonimato, dijo a LA PRENSA en Washington que si los hijos de los inmigrantes sufrían traumas, lo mejor era que se regresaran con sus padres a sus países de origen.

Para organizaciones pro-inmigrantes, los derechos constitucionales del niño estadounidense son violados si es obligado a abandonar el país, para seguir a uno de sus padres.

CORRESPONSAL/MIAMI[/doap_box]

Cerca de 12 millones de inmigrantes ilegales esperan en Estados Unidos la aprobación de una Ley Migratoria, que ya es analizada por el Congreso.

Deseo de cumpleaños

Con apenas cuatro años de edad, Chelsea González llegó por primera vez a Nicaragua, la tierra de sus padres. No vino de vacaciones a conocer el país, tampoco trajo un itinerario de lugares para visitar parientes. Sólo le acompañaba la idea fija de volver a abrazar a su padre, Jorge González, a quien no veía desde el 3 de enero pasado cuando, a las 5:00 a.m., fue llevado a un centro de detención para indocumentados en Miami, de donde lo deportaron en abril.

Desde entonces Chelsea no había podido dormir ni comer bien. Su vida cambió drásticamente con la separación de su padre, el cabeza de familia que, junto a Amanda, la madre, siempre se preocupó por darle comodidad y seguridad a ella y a sus tres hermanos: Henry (17), Joshua (15) y Aaron (13).

Esta familia de padres nicaragüenses vive el drama de la deportación y la consecuente separación.

“Esto ha sido algo muy duro, que no se lo deseo a nadie. Hace meses vivía con mi familia en Miami Garden y ahora estoy aquí, sin trabajo, y mi esposa con mis hijos allá sin que nadie los apoye”, comenta Jorge, quien desde que llegó a Nicaragua no ha podido encontrar un empleo, pese a que conoce el ramo de la construcción.

SU LLEGADA

Por los cristales de la terminal del Aeropuerto Internacional de Managua, Chelsea descubrió en la multitud el rostro de su padre que hacía cinco meses no veía. Jorge alzó las manos al reconocer a su hija; y ella reaccionó con una sonrisa de satisfacción y le envió varios besos imaginarios con sus manitas.

Jorge traslado a su hija a Chichigalpa, la ciudad que lo vio nacer y crecer, donde ella se siente incómoda. “La gente es muy pobre aquí y hace mucho calor”, dice Chelsea.

Lo que a la niña le ha gustado, interfiere el padre, es ver en las calles los perros, chanchos y caballos que andan libre. “Aquí he tenido que ir a prestar un caballo para que ella se monte y pierda el miedo”, cuenta Jorge González.

“También le han gustado mucho las tajadas fritas con queso que vende mi primo, entre otras comidas. Aunque ya se me enfermó, al parecer le resultaron parásitos, estuvo con mucha fiebre pero ya está controlado”, relató.

Tras 17 días en Nicaragua, Chelsea, medio dormida sigue llamando a su padre: “Papá, papá, tengo frío, ven”.

Ahora está más tranquila, aunque no se acostumbra al que por el momento es su hogar, una casa pobre en Chichigalpa donde vive Jorge con su primo y la familia de éste.

La niña tiene que volver pronto a Miami, donde están sus hermanos y su mamá. “Ella no puede estar mucho tiempo aquí. No tengo condiciones, ni siquiera un trabajo fijo para mantenerla y ella no se acostumbra al calor, ni a la comida, porque aunque allá le hayamos enseñado a comer el gallo pinto, la mayoría de las comidas las hace en la escuela y, la verdad, es otra cosa”, dice Jorge.

Después de la deportación de Jorge González, su esposa Amanda ha tenido que sostener el hogar con su trabajo y la solidaridad de varias personas, entre amigos y conocidos.

“Doy gracias a toda la gente que ha apoyado a mi familia allá. El viaje de la niña a verme, fue un regalo de su padrino. Él le dijo a ella qué quería y ella le respondió ‘quiero ver a mi papá’; fue así que le regalaron el boleto”, explica.

Chelsea viajó a Managua en un vuelo de American Airlines el 26 de mayo, acompañada por la mamá de su padrino. El regreso tendrá que hacerlo sola.

CARTA A BUSH

Chelsea sabe que pronto tendrá que regresar a Miami y dejar con el dolor de su alma a su padre, a quien venera.

Le consuela la idea de que una vez en EE.UU., le enviará una carta al Presidente de esa nación, George W. Bush, pidiendo el perdón para su papá.

La pequeña dice que aún no sabe escribir, sólo poner su nombre porque apenas cursa el kinder. Pero “le diré a mis hermanos mayores que me hagan una carta para el Presidente y que le pongan que le dé el perdón a mi padre, para que pueda regresar con nosotros a Miami y seamos como antes”.

LA DEPORTACIÓN

Jorge González llegó legal a territorio estadounidense el 30 de mayo de 1994, por lo que se acogió al amparo de la Ley Nacara y así pudo reunificar a su familia en Florida: su esposa y sus tres hijos varones, que habían quedado en Nicaragua.

Aunque Jorge era beneficiario de la Ley Nacara (calificaban los nicaragüenses que hubieran llegado antes de diciembre de 1995), perdió ese derecho “por un mal acompañamiento de mi abogado que sólo me perjudicó”.

“Tuve dos abogados. La primera fue una estadounidense que extravió todos los documentos que comprobaban que yo estuve en EE.UU. desde 1994, como pagos de alquiler, envíos de remesas, entre otros”, cuenta Jorge.

“Luego busqué los servicios de un abogado de origen nicaragüense, que sólo me perjudicó. Siempre que nos tocaba ir a la Corte no me defendía, se quedaba medio callado”, añadió.

Considera que “el mayor error fue que en el afán de buscar evidencias de mi estadía, yo le proporcioné al abogado una carta que estaba escrita en inglés con fecha de 1996. Como en ese momento yo no sabía hablar inglés sólo me fijé en la fecha y él tampoco la leyó y sólo la incorporó a mi expediente. Esa carta la había hecho otro abogado de apellido Lincoln, donde solicitaba visa para mi ingreso a EE.UU. en ese año”.

Por eso, un juez pidió la deportación de González, la que se hizo efectiva el 3 de enero del 2007, cuando también empezó el calvario para su familia.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: