- La muerte de Natividad Canda, un migrante nicaragüense que fue destrozado por un perro en San José, Costa Rica y el intercambio de ofensas que surgió después entre algunos nicaragüenses y costarricenses, fue motivo suficiente para que la empresaria nica Margarita Herdocia diera el primer paso hacia una organización que hermane a nicas y ticos
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San José, Costa Rica
Margarita Herdocia es una empresaria nica que compite fuerte en Costa Rica y, a pesar de sus múltiples negocios, dedica tiempo a una asociación que se encarga de aclarar, con datos, las falsedades que se dicen sobre los inmigrantes.
Está convencida, por ejemplo, de que las inmigrantes nicaragüenses han ayudado a liberar a las mujeres costarricenses porque éstas ya pueden ir a trabajar tiempo completo y dejar a sus hijos en manos de empleadas nicas, algunas con formación de maestras de educación primaria que cruzaron la frontera para tener un ingreso mejor.
¿Qué hace una empresaria tan ocupada en los negocios, en una organización para inmigrantes?
Debe ser que soy hiperactiva. Pero el tema para mí es bien importante porque, sí es verdad, soy empresaria y muy ocupada en mis empresas que están en la rama de las franquicias de comida y en el desarrollo de bienes raíces. Yo construyo oficinas, apartamentos, casas, para vender. Estoy muy agradecida con la vida y siento que Dios me puso aquí en una situación bien peculiar, porque la mayoría de mis compatriotas nicaragüenses vienen a Costa Rica en una condición no tan cómoda como en la que yo vine. Yo no pedí a Dios nacer donde nací y tener una profesión. Yo siento que esa fue una gran suerte y esa suerte no vino sin un montón de amarres y esos amarres de compromiso moral son para devolver aquello que me dieron y yo de verdad creo en ese pasaje de la Biblia que dice que Dios le dio a las diferentes personas los talentos; para mí los talentos no son económicos, son también de energía y de ganas de hacer cosas y creatividad; y esos talentos me sirven para ser una buena empresaria y hacer dinero… ¿Cómo no usarlos para el bien de las personas que yo quiero, que son mis compatriotas?
Antes de crear la asociación, ¿cuál era tu relación con la migración?
Era más distante. Tenía contacto con migrantes, como mi trabajo es de bienes raíces, cada vez que construyo algo, todos los trabajadores son constructores y hay muchos nicaragüenses, en la finca hay muchos nicaragüenses; pero no era tan íntimo y ciertamente no conocía tanto como conozco ahora. Cuando fundé la asociación fue un llamado emocional, más bien, y fue un llamado positivo de querer ayudar pero también fue un llamado de rechazo a lo que vi, porque a mí me dio mucha rabia cuando pasó lo de Natividad Canda, no sólo por lo horrible del incidente, por la reacción que generó. Yo no podía comprender cómo en ambos lados, digamos los nicas en Nicaragua y los ticos en Costa Rica, estaban en una guerra de palabras y en medio los inmigrantes, viendo a ambos lados y sintiéndonos oprimidos. Era importante que esa población del medio, que somos los nicaragüenses que vivimos aquí y los costarricenses que quieren a los nicaragüenses, nos uniéramos para hacer un puente entre los dos países.
Cuando planteaste la idea a los costarricenses, ¿cuáles fueron las primeras reacciones?
Los costarricenses se apuntaron igual o más rápido que los nicaragüenses. De verdad me quedé impresionada. La junta directiva tiene cinco costarricenses y cinco nicaragüenses. Yo soy una de los cinco nicaragüenses. Todos me dijeron que sí y gente ocupadísima, por ejemplo, este señor Miguel Gutiérrez que encabeza el (informe) Estado de la Nación en Costa Rica. Es una persona que la gente aquí lo mira como un santo, como un sabio, una persona que es impecable, que tiene una reputación. Él inmediatamente me dijo que sí y no sólo eso, me dio una serie de ideas que yo no había entendido del impacto de la migración porque él maneja los datos mucho mejor que nadie en la fundación. Él, por ejemplo, es el que está promoviendo la conferencia que vamos a tener sobre migración.
¿Ustedes estaban claros de qué querían hacer con la asociación?
No teníamos ni idea de qué es lo que íbamos a hacer. Sí queríamos crear conciencia del mensaje, nos parecía que había gritos de la xenofobia, nosotros queríamos ser los gritos de la hermandad. Era nuestra única razón de existir y por eso nuestra labor inicial, en el año que tenemos de haber nacido, fue la de promulgar la visión y misión de la asociación… Tuvimos conciertos, cosas culturales para promover el mensaje, empezamos a sacar anuncios, a crear las pulseras, camisetas, a empezar a venderlas en diferentes ámbitos públicos para que la gente las viera.
Ahora que estás más cerca del problema migratorio, ¿qué has descubierto que te haya sorprendido?
Yo sabía que los migrantes éramos trabajadores y colaborábamos con la economía pero yo siempre pensé que los migrantes veníamos a buscar nuestro propio desempeño, ver cómo nos manteníamos, a buscar un trabajo para mantener a nuestra familia. No tenía tan claro y me ha sorprendido la importancia que tenemos los nicaragüenses para Costa Rica y lo poquito que le costamos, porque nosotros, los migrantes, le costamos… Lo que gastamos en salud, etcétera, no es nada comparado con lo que le generamos a la economía; y no solamente en dinero… Los nicaragüenses hemos venido a agregar a la diversidad cultural de este país. Eso es bien importante para todos los países, porque hasta en la evolución uno lo mira: la mezcla de razas y de especies es bien importante para la defensa genética… Toda sociedad necesita tener sangre nueva que se vaya renovando. La población costarricense es una población decreciente, los ticos tienen muy poquitos hijos; los nicaragüenses no sólo les ayudamos en la economía, les ayudamos a mantener su población creciente. Para que una economía pueda crecer, tiene que tener una población creciente y sin la inmigración nicaragüense, los costarricenses estarían decreciendo en número. No podrían jamás crecer al cinco o seis por ciento que han crecido en los últimos años. Ese es un dato que la gente no contabiliza. Contabilizan la mano de obra en los cortes de caña, pero como número. Como seres humanos les estamos ayudando porque la economía necesita tener una población creciente para seguir creciendo.
¿Le conviene a Costa Rica que los inmigrantes nicas se queden décadas en este país?
Definitivamente. Le convenimos porque el inmigrante es una persona con ganas de trabajar y trabaja mucho más que el promedio de la población residente porque uno viene con más necesidades, con más ganas de probarse a sí mismo, de probarle a los demás lo que uno puede.
¿Por qué algunos sectores de la sociedad tica no logran comprender esa dimensión de la migración?
Por miedo al cambio. Creo que todos los países que sufren la globalización, y este es uno porque es un país al que están entrando muchas personas extranjeras, incluyendo los turistas porque también tienen miedo a eso, que los turistas les cambien su modo de ser… Yo me imagino que como muchas sociedades que han sido aisladas, que han mantenido su cultura bastante homogénea, tienen miedo a que les cambien, pero son muy poquitas las personas que tienen ese miedo. Otro asunto en el cual la migración ha sido importante para Costa Rica, a nivel de calidad no de cantidad económica, es que la mujer costarricense, que es la mitad de la fuerza laboral costarricense, ha mejorado su calidad de vida y su empleabilidad con la venida de las domésticas nicaragüenses. ¿Qué pasa? Las amas de casa costarricenses, antes tenían que tomar trabajos en general que eran de medio tiempo, pero eso significa que los trabajos eran menos remunerados. Ahora pueden salir, tomar trabajos de tiempo completo, irse más rápido de la maternidad de vuelta al trabajo porque tienen domésticas en su casa que les ayudan con sus hijos. Eso hace que la liberación de la mujer costarricense sea en parte debido a la presencia de la mujer nicaragüense en Costa Rica. Entonces, las migrantes nicaragüenses hemos ayudado a liberar a la mujer costarricense.
¿Tienen idea de qué porcentaje de la población tica muestra actitudes de xenofobia?
Es imposible de contabilizar. Es mínimo, son contados con la mano, es un porcentaje muy bajito porque en general los costarricenses son más bien tranquilos, pacifistas, amables… El problema es que sí hay unas cuantas personas que son xenófobas, aquí y en Nicaragua. A mí me ha pasado que cuando voy a Nicaragua hay gente que me dice ‘pero vos no vivís contenta en Costa Rica’. Sí, vivo contenta. Pero cómo, no ves que los ticos ni te invitan a sus casas, son groseros. No, yo tengo muchos amigos, compañeros de trabajo costarricenses. Yo creo que a veces la xenofobia está en Managua no en San José.
¿Cómo viniste a Costa Rica?
Mi familia salió cuando la guerra al exilio a Miami. Yo me casé con un nicaragüense, Jaime Montealegre, y nos fuimos a vivir a Nueva York. Hace 15 años quisimos volver a Centroamérica y no nos fuimos a Nicaragua porque en ese entonces no había estabilidad política en Nicaragua y teníamos niños pequeños y queríamos tener acceso a los hospitales ticos. Ahora ya echamos raíces y estamos bastante arraigados en la sociedad costarricense.
¿En algún momento sentiste incomodidad por ser inmigrante?
En realidad no. La vez que recuerdo fue hace poco que entré al aeropuerto y la persona de Migración me dice en inglés ‘hello’. Seguro me vio chelita y dijo, allí viene una gringa. Hola, cómo está, le dije y le di el pasaporte; y la cara, el semblante de la mujer le cambió cuando vio que el pasaporte era nicaragüense. Y de ser amabilísima como que pasó a revisar el pasaporte más de la cuenta, se demoró e incluso fue, porque no andaba yo mi cédula de residencia, la había dejado por error dentro de la maleta, y me dijo que no podía entrar al país y fue a hablar con el director de Migración del aeropuerto, pero el director de Migración regresó y la regañó y le dijo déjela entrar, no ve que tiene un montón de sellos… Más bien yo le agradezco a ese director que puso en su lugar a esa persona.
Los inmigrantes nicas se quejan de no portar cédula nicaragüense para identificarse. ¿Qué hacen ustedes en ese sentido?
Estamos al tanto del problema. No hemos hecho nada para cambiarlo porque es un asunto que tienen que remediar los consulados, pero sí, como lo dijo Monseñor Ángel San Casimiro, el problema de la legalización, de los trámites de los papeles, es más difícil de la parte nicaragüense que de la parte costarricense. Si un inmigrante viene y es pobrísimo, tiene que faltar a su día de trabajo, que le sirve para comer, dejar de darle de comer a sus hijos, para ir a solicitarla y tiene que pedir un montón de papeles. Yo le pediría al gobierno de Nicaragua que trate de hacer que los consulados den más facilidades y le tramiten todas las cosas a los migrantes. Y en lo que la asociación pueda ayudar, si necesitan que les pongamos abogados o cosas así, para que les tramiten, con gusto lo podemos hacer, pero no podemos convertirnos en consulado.
¿Tienen los empresarios nicaragüenses algún peso importante en Costa Rica?
Enorme. Sin decir nombre y apellidos, yo creo que los nicaragüenses, desde el pequeñito empresario hasta el grande, somos empresarios insignes; creo que tenemos algo, no se si han sido los golpes que nos ha dado la vida, en la historia política de nuestro país, yo si siento que a nivel de Centroamérica los empresarios nicaragüenses son los mejores, son más creativos. No son los únicos, hay muchos buenísimos empresarios costarricenses, pero los nicas sobresalen. Usted mira aquí, personas humildes que vienen sin nada y trabajan duro y de repente tienen una miniempresa y se vuelve una empresa mediana.
¿Qué tan marcada es la tendencia de que inmigrantes se vuelvan pequeños empresarios en Costa Rica?
Creo que va a ser lenta porque el miedo de dejar un salario es grande para un migrante. Ser empresario es arriesgado, uno cuando trabaja por un salario no pierde su comida, a no ser que te corran del trabajo pero cuando uno se vuelve empresario, es bien arriesgado. Volverse empresario es tener muchas agallas y hay que tener un poquito de capital para hacerlo, entonces al migrante le toma su ratito tener esa platita para poder sacar su empresa.
¿Cuántas facilidades ofrece esta sociedad?
Muchísimas. Esta sociedad desde hace muchos años tiene un sistema de salud y un sistema social que da beneficios a sus ciudadanos. Aquí, ser pobre no es lo mismo que ser pobre en otros países. El Estado es paternalista en Costa Rica y ese Estado paternalista cubre no sólo al costarricense pobre, también al nicaragüense. Cuando uno es inmigrante nicaragüense pasa de no tener nada que comer y de tener un Estado que no le provee nada, de tener que ir a un hospital donde no hay medicinas, no hay nada, a ir a un lugar donde el rico y el pobre tienen… Los mejores sistemas de salud están en los hospitales públicos (de Costa Rica) y van al mismo lugar, tienen las mismas vacunas y todo.
¿Has pensado volver a Nicaragua para establecerte allí?
Esa es una decisión familiar… Por el momento no. A mí me encantaría ayudar a mi país, me gustaría hacer más cosas en Nicaragua y que la asociación tenga más presencia allí.
