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En la década de 1980, el entonces vicepresidente Sergio Ramírez gozaba de amplios poderes, hasta el punto que un analista dice que su figura era más la de un primer ministro. (La Prensa/Archivo)

Gris Vicepresidencia

Desde que fue establecida en 1913, la figura del vicepresidente ha navegado entre la sombra y la desconfianza [doap_box title=»El dilema de cuánto poder» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] ¿Debe tener el vicepresidente funciones propias y suficiente poder en la administración del Estado? El analista político e historiador Emilio Álvarez Montalbán cree que no. “Con los vicepresidentes hay […]

  • Desde que fue establecida en 1913, la figura del vicepresidente ha navegado entre la sombra y la desconfianza
[doap_box title=»El dilema de cuánto poder» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

¿Debe tener el vicepresidente funciones propias y suficiente poder en la administración del Estado? El analista político e historiador Emilio Álvarez Montalbán cree que no. “Con los vicepresidentes hay una tendencia a la rivalidad y la desconfianza. Por eso, el vicepresidente no debe tener funciones específicas porque si no, estimula la rivalidad: vamos a tener a dos artistas en el escenario porque el vicepresidente va a querer hacer prestigio para suceder al presidente”, afirma el analista.

La Constitución Política de la República, en el artículo 145, establece que la funciones del vicepresidente son las que le señala la Constitución Política, y las que le delegue el Presidente de la República directamente o a través de ley.

La experta en Derecho de la Universidad Centroamericana, María Asunción Moreno, explica que la Constitución tiene un vacío porque no especifica cuáles son las funciones que debe desempeñar el vicepresidente. La Constitución establece que en ausencia de más de 15 días del Presidente -que debe tener el permiso de la Asamblea para ausentarse durante este tiempo- es el Vicepresidente quien debe cumplir las funciones del Presidente, pero sin explicar el papel que desarrollaría.

“No hay una ley que diga cuáles son las funciones del vicepresidente en el ejercicio de las funciones del Poder Ejecutivo. Entonces lo único que nos queda, que es legal y constitucional, es que tiene las funciones que le delega el Presidente directamente.”

Para Moreno “sería bueno” llenar el vacío jurídico que deja la palabra “directamente” establecida en la Constitución, creando una ley que de forma específica señale algunas funciones principales que debería desarrollar el Vicepresidente.

“Hay unos vicepresidentes que no han realizado nada, algún acto que otro acto y otros que han tenido un poquito más de desempeño, pero eso va en dependencia de lo que le delegue el Presidente según la Constitución. Probablemente ese no es el espacio jurídico ideal sino que, para aclarar (el papel del vicepresidente), sería bueno que existiera una ley, (ya que) la misma Constitución lo permite y dice que el vicepresidente tiene funciones que la Constitución le señale”, explica Moreno.

Sergio Ramírez se pronuncia en desacuerdo con una disposición constitucional que establezca funciones específicas al vicepresidente, a diferencia del poder que él tuvo en la década de 1980. Según el escritor, no sería conveniente para la institucionalidad del país porque alentaría las disputas por el poder, además que iría en contra del sistema presidencial del Estado: “el Presidente es la autoridad superior que tiene en sus manos todas las decisiones dentro del marco de la Ley.”

El político Edmundo Jarquín, ex candidato presidencial por el Movimiento de Renovación Sandinista, opina que el vicepresidente debería tener facultades en algunas áreas específicas de la administración del Estado, incidir en la toma de decisiones, y apoyar al presidente en aquellas áreas en las que éste no tiene competencia. Todo, según él, bajo un marco legal.

Por ahora, el vicepresidente se mantendrá como esa figura gris que en el peor de los casos -o en el mejor, dependiendo desde qué óptica se vea- espera en el sillón de su despacho en caso de que algo grave pase para poder ser designado como el máximo mandatario del Estado.

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Haga una encuesta para probar. Pregunte a las personas de su alrededor cómo se llamó el último vicepresidente de don Enrique Bolaños. Vamos, hagan un esfuerzo. Estuvo más de un año en ese alto cargo. Bueno, es posible que el nombre de Alfredo Gómez Urcuyo no les diga mucho, a menos que sean lectores de la secciones de nota roja.

El acontecimiento más sonado en el que participó el vicepresidente de Bolaños fue cuando sus escoltas le propinaron una zurra a un teniente coronel del Ejército Nacional, en plenas fiestas agostinas. Gómez Urcuyo ni siquiera se enteró. Iba dormido.

Más que anónima, la figura del vicepresidente ha sido anodina. Establecida en Nicaragua desde 1913, ha sido vista, según el analista político e historiador, Emilio Álvarez Montalbán, como nido de conspiraciones, ambición y traición. Tal era la desconfianza por este cargo, que durante la dictadura somocista fue eliminada la figura del vicepresidente.

Más tarde, las continuas reformas a la Constitución establecieron que los vicepresidentes no ocupan una función específica y tienen como cargo obedecer en todo aquello que les ordene el mandatario de la nación. Han sido, según algunos analistas, figuras decorativas, “niños de mandado”, diplomáticos de alto nivel.

Sergio Ramírez fue posiblemente la excepción. Un analista político dijo que la figura de Ramírez era más la de un primer ministro, porque “era quien resolvía todo: la parte administrativa y la política”.

Este analista explica que al entonces presidente Daniel Ortega “le gustaba mucho andar viajando”, por lo que el “dueño de casa” era Ramírez. “Ortega actuaba como jefe del partido de Gobierno, él movía las teclas populistas, pero las decisiones detrás del trono las tomaba Sergio Ramírez”, afirma. En palabras del analista, Ortega era más un “hombre de rifle” que un estadista. Ramírez se quedaba a cargo del Estado, con los mandos de Presidente, cuando Ortega estaba ausente.

El mismo Ramírez admite el poder que en ese entonces tenía, principalmente al dictar las líneas económicas de la época. En una entrevista con Domingo, afirmó:

“El Gabinete estaba sectorizado. Había un gabinete social, gabinete de educación, gabinete económico. Yo presidía algunos de estos gabinetes y en un tiempo presidí el gabinete económico. No hay que olvidar que estábamos en guerra y el presidente Ortega se concentraba en las funciones de la estrategia de defensa, que era parte de la política exterior y a mí me tocaba lo que se conoce como el día a día, las funciones diarias del Gobierno.”

Ese poder dista mucho de las funciones que ejerció el vicepresidente de la administración Chamorro, Virgilio Godoy, un viejo político liberal que no tuvo gran protagonismo, según un analista político, porque chocaba con las ambiciones del ministro de la Presidencia de ese entonces, Antonio Lacayo, yerno de Chamorro y quien gobernaba a la par de la Presidenta.

Fue Lacayo, explica este analista, quien mantuvo en la sombra a Godoy, hasta el punto de evitar que tuviera un papel de liderazgo e incluso un despacho en la sede del Gobierno. “Nunca le dio un mando a don Virgilio porque Toño Lacayo tenía grandes celos de todos los que habían sido viejas figuras políticas y que pudieran mangonear o influir sobre doña Violeta. Entonces él lo apartó”, afirma. Las presiones de Lacayo fueron tales que obligaron a Godoy a poner su renuncia.

Al ser apartado del Gobierno, Godoy se alió a otros políticos con ansias de poder, Alfredo César y Arnoldo Alemán, creando lo que Antonio Lacayo llamó “el trío anti Violeta”. Según explicó el ex alto funcionario en su libro La Difícil Transición Nicaragüense en el Gobierno de Doña Violeta, el entonces opositor Daniel Ortega le dijo que ese trío “venía con un cuchillo matachancho que seguro intentará sustituir al Gobierno que ha tratado de cortar con bisturí lo del pasado”.

En sustitución de Godoy, la Asamblea Nacional designó en la Vicepresidencia a la entonces diputada liberal Julia Mena, quien tuvo un mandato casi tan gris como su antecesor. A partir de ella, los vicepresidentes han estado en la sombra política, pero casi siempre con la mira puesta en la silla presidencial.

Los dos últimos vicepresidentes, Enrique Bolaños y José Rizo, se alejaron de sus Presidentes, el primero una vez conseguida la Presidencia, el otro para lograr la candidatura del Partido Liberal Constitucionalista en las presidenciales del 2006.

El caso de don Enrique es emblemático. Los analistas consultados para este reportaje lo señalan como un hombre que siempre decía sí y se presentaba con la cabeza baja ante el presidente de entonces, Arnoldo Alemán, acusado y condenado a 20 años de cárcel por actos de corrupción en perjuicio del Estado.

Danilo Aguirre, director de El Nuevo Diario, afirmó recientemente en un artículo que Bolaños “se guardaba de protestar” con el mal manejo que Alemán hacía de fondos públicos, repartiendo sobresueldos en dólares a funcionarios estatales. También -afirma Aguirre- Bolaños se hizo de la vista gorda con el desvío de fondos para patrocinar la campaña presidencial del PLC, entre otros casos de corrupción que estallaría más tarde.

“La candidatura a la Presidencia bien valía todos esos silencios, como el ejercerla con dignidad pasaba por rechazar el papel de títere que le tenían destinado”, afirmó Aguirre. Una vez en el poder, Bolaños se alejó de Alemán, impulsando un proceso de desaforación para que el ex mandatario pudiera ser juzgado por corrupción.

“Ese rechazo, la desaforación, proceso y condena de Arnoldo Alemán le dejó, por un lado, enemigos jurados dentro del partido que, navegando en la corrupción, lo llevó al poder y, por el otro lado, la comodidad del adversario de llenar de rehenes políticos el país para profundizar el control de las instituciones y la destrucción de la incipiente democracia que se gestaba”, escribió Aguirre.

Un analista independiente, que prefirió el anonimato, describe a José Rizo como un hombre ambicioso, pero que “nunca tuvo mucho poder”. José Rizo se distanció del líder del PLC, Arnoldo Alemán en 2002, encabezando un movimiento contrario al ex Presidente. Más tarde fundó el Movimiento 23 de junio, que daría paso al APRE, partidario de Bolaños.

Pero cuando Bolaños destapó y acusó a Alemán por corrupción, Rizo se distanció del Presidente, aislándolo del partido. Llegó a declararse públicamente amigo de Alemán. Así comenzó una relación de ataques entre el Presidente y su vice, que le dio a Rizo la candidatura presidencial del PLC en la campaña del año pasado.

Un viejo antagonista del Frente Sandinista se convirtió de la noche a la mañana en el mejor de sus aliados. Tanto así que fue designado el compañero de fórmula de Daniel Ortega. Jaime Morales Carazo, el actual vicepresidente era un antiguo directivo de la Contra que fuera expropiado por el gobierno sandinista de 1980 -la casa en la que ahora despacha y vive el Presidente era de Morales Carazo. Ahora ha pasado de la oposición al oficialismo.

Analistas consultados para este reportaje dudan que en caso de que pasara algo grave con el Presidente, la cúpula del Frente Sandinista permita gobernar a su sucesor por ley. De hacerlo, advierten, desarrollaría un gobierno muy distinto al actual, porque entre Morales Carazo y su jefe existen fuertes diferencias ideológicas.

“Jaime Morales Carazo es un hombre muy inteligente, habilidoso, oportunista. Está calladito, apartado; Ortega lo manda a hacer sus mandados. Pero él debe tener algo bajo la manga”, dice la fuente.

El político Edmundo Jarquín, del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), dice que el Vicepresidente es un hombre con “formación profesional” que podría “ayudar mucho” en el área económica y financiera del país. Un hombre, según Jarquín, que podría convocar a todos los agentes del sector energético y económico para encontrar una solución a la crisis que afecta al país, pero que hasta ahora no ha tenido un papel protagónico dentro del Gabinete. Para Jarquín, en este aspecto se ha lucido más Bayardo Arce, asesor económico del Presidente.

“De nuevo, la afinidad personal y política prevalece sobre la distribución formal de funciones entre presidente y vicepresidente”, dijo.

Sin embargo, Jarquín reconoce que el Vicepresidente ha logrado hacerse un espacio entre los medios de comunicación, al figurar cotidianamente en los diarios y noticieros de televisión. Pero el analista consultado lo mira más como un hombre de los mandados de Ortega, que se dedica a hacer el trabajo que Ortega no quiere hacer: reunirse con los empresarios, viajar a cumbres económicas o mantener relaciones con EE.UU.

Domingo intentó obtener una entrevista con el vicepresidente Jaime Morales Carazo, pero no fue posible.

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