La dictadura del siglo XXI

El presidente Hugo Chávez presentó un proyecto de reforma constitucional ante el congreso venezolano, que incluye la reelección presidencial continua, ilimitada y vitalicia, algo que ya se esperaba por su bien conocida vocación de dictador. Por cierto que durante su última visita a Nicaragua, Chávez recomendó al Presidente nicaragüense Daniel Ortega que haga lo mismo. […]

El presidente Hugo Chávez presentó un proyecto de reforma constitucional ante el congreso venezolano, que incluye la reelección presidencial continua, ilimitada y vitalicia, algo que ya se esperaba por su bien conocida vocación de dictador.

Por cierto que durante su última visita a Nicaragua, Chávez recomendó al Presidente nicaragüense Daniel Ortega que haga lo mismo. En el lugar donde supuestamente se construirá una refinería de petróleo financiada por Venezuela, Chávez dijo a los nicaragüenses: “Ustedes no pueden dejar que (Ortega) se vaya más”. Y agregó que así como él ha sido reelegido, Ortega también debería serlo porque “a lo mejor llega otro y desbarata todo”.

En realidad, Chávez trata de imitar el modelo de permanencia indefinida en el poder establecido por Fidel Castro, quien lleva ya 48 años al frente del gobierno cubano y cuyo régimen constituye la dictadura más prolongada en la historia de América Latina. Y al igual que Chávez, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, también van tras el mismo modelo totalitario.

Según William Lara, Ministro de Comunicación de Venezuela, el propósito de la reelección indefinida del presidente Chávez es “garantizar al pueblo la mayor cantidad de felicidad posible”. Estas palabras de Lara —que indudablemente son un eco del pensamiento de Hugo Chávez—, reflejan la convicción falaz de que para que un pueblo tenga felicidad, necesita ser gobernado por un dictador.

Es posible que un dictador traiga prosperidad a una nación. Tal fue el caso del general paraguayo Alfredo Stroessner, por ejemplo, quien como Chávez fue un militar golpista que ascendió al poder por la fuerza y se quedó 35 años, desde 1954 hasta 1989. Durante la dictadura de Stroessner hubo prosperidad material en Paraguay: su gobierno estabilizó la moneda, redujo la inflación, construyó escuelas, carreteras, hospitales, centrales hidroeléctricas, etc. Pero, por otro lado, reprimió a la oposición y suprimió todas las libertades y derechos de los ciudadanos. En Chile el general Augusto Pinochet también llevó la prosperidad a su país pero a cambio violó masivamente los derechos humanos de los chilenos.

Lo mismo se puede decir de otros dictadores, como los Somoza. La prosperidad que alcanzó Nicaragua a mediados del siglo pasado, difícilmente podrá ser superada modernamente. La economía de Nicaragua era muy dinámica y al país venían hondureños y ticos a cortar algodón y café. El córdoba era bien cotizado en los países vecinos. Sin embargo, Somoza reprimía a la oposición y recetaba cárcel y bala a los que expresaban ideas en contra de su régimen. El doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal combatió al régimen de los Somoza por las mismas razones que repudiaría hoy a un régimen como el de Chávez y lucharía contra la intención de establecer una nueva dictadura en Nicaragua. Stroessner, como Chávez —y como pretenden Morales, Correa y Ortega— reformó la Constitución Política de su país en 1977 para tener un asidero legal que le permitiera la prolongación de su mandato. En el caso de Venezuela, lamentablemente la situación es casi de desesperanza, pues Chávez se las ha arreglado para que todos los escaños del Poder Legislativo estén ocupados por sus incondicionales y, además, controla el Poder Judicial.

Según el mandatario venezolano, “el pueblo debe tener el derecho de mantener en el poder a un presidente tanto tiempo como quiera, ya sea 5, 12 ó 40 años. No hay que ser muy astuto para ver que Chávez va tras la última cifra y que la reforma de reelección continua para ejercer la Presidencia es el mecanismo que le permitirá un mayor control de la sociedad a través de los diversos mecanismos del Estado. En resumen, Chávez se perfila como un dictador más en la historia de América Latina, en la misma línea de Pinochet, Duvalier, Trujillo, Somoza y Fidel Castro.

A Daniel Ortega no le será tan fácil como a Chávez conseguir la reelección continua e indefinida, porque no tiene mayoría en el Poder Legislativo. Sólo podría conseguirla si Arnoldo Alemán y el PLC le concedieran también esto. Pero estamos seguros de que la mayoría de los nicaragüenses quiere vivir en libertad y luchará hasta las últimas consecuencias contra las intenciones absolutistas de los que quieren imponer aquí también la dictadura del siglo XXI.

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