La santidad de Madre Teresa

Hoy se cumple el décimo aniversario de la muerte de Madre Teresa de Calcuta, la insigne religiosa católica que nació en Albania y se consagró en India al servicio de los más pobres de la tierra. Por eso, Madre Teresa de Calcuta está ahora en un acelerado proceso de canonización. Con motivo de este aniversario, […]

Hoy se cumple el décimo aniversario de la muerte de Madre Teresa de Calcuta, la insigne religiosa católica que nació en Albania y se consagró en India al servicio de los más pobres de la tierra. Por eso, Madre Teresa de Calcuta está ahora en un acelerado proceso de canonización.

Con motivo de este aniversario, en septiembre corriente será publicado un libro cuyo título en inglés equivale en español a Madre Teresa: Ven y Sé Mi Luz, el cual contiene cartas de Madre Teresa en las que se revela que en distintos momentos de su vida tuvo dudas sobre la existencia de Dios. Por ejemplo, en una carta que envió en 1957 al Arzobispo de Calcuta, decía: “No tengo palabras para expresar las profundidades de las tinieblas (que me invaden)”. Asimismo, en un escrito de 1959 confesó: “En mi alma sólo siento ese terrible dolor de haber perdido algo, de que Dios no me quiera, de que Dios no sea Dios, de que Dios no exista”.

En algunos medios de prensa de diversos países se ha hecho una superficial interpretación de esos momentos de lucha espiritual de Madre Teresa y se ha puesto en duda su derecho a la santidad. Pero lo que demuestran es un total desconocimiento de la naturaleza de la vida espiritual y, especialmente, de la lucha que por lo general sostienen almas elevadas como la de Madre Teresa.

Casi todo creyente pasa por etapas de duda, porque en la vida espiritual —como en cualquier otra área de la existencia— hay altibajos. Un conocido proverbio dice: “Todos hemos tenido nuestro Getsemaní”. Esto es en referencia al momento de debilidad que, según los evangelios, tuvo el mismo Jesucristo en el jardín de Getsemaní, en las afueras de Jerusalén, cuando momentos antes de ser apresado y posteriormente crucificado, “angustiado, oraba con mayor intensidad, de modo que su sudor era como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” y decía: “Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Y luego, ya clavado en la cruz del Calvario Jesús clamó a Dios: Padre, ¿por qué me has abandonado?”

Madre Teresa necesitó de una fe sólida y paciente porque en el lugar que escogió para dar su servicio y derramar su amor a la humanidad —en India— abundaban situaciones para pensar en la ausencia de Dios: miseria extrema, hambre, enfermedades, ignorancia, injusticia, superstición. De tal manera que no sorprende que Madre Teresa tuviera, a veces, que caminar entre tinieblas. Y, sin embargo, aquella pequeña dama de alma grande tuvo la capacidad de soportar las dudas que en algunas ocasiones se levantaban en su mente y siguió trabajando en beneficio de los pobres, hasta su muerte. Y su voluntad inquebrantable de entrega al servicio de los pobres, es la mayor prueba de la vitalidad de su fe, de su amor y de su santidad.

Por otro lado, dudar no es algo exclusivo del creyente. Joseph Ratzinger, el actual Papa, decía en este sentido: “Como el creyente se esfuerza siempre por no tragar el agua salada de la duda que el océano continuamente le lleva a la boca, así el no creyente duda siempre de su incredulidad, de la real totalidad del mundo en la que él cree. La separación de lo que él ha considerado y explicado como un todo, no le dejará tranquilo. Siempre le acuciará la pregunta de si la fe no es lo real. De la misma manera que el creyente se siente continuamente amenazado por la incredulidad, que es para él su más seria tentación, así también la fe siempre será tentación para el no creyente y amenaza para su mundo al parecer cerrado para siempre. En una palabra: nadie puede sustraerse al dilema del ser humano. Quien quiera escapar de la incertidumbre de la fe, caerá en la incertidumbre de la incredulidad que no puede negar de manera definitiva que la fe sea la verdad. Sólo al rechazar la fe se da uno cuenta de que es irrechazable.”

Madre Teresa está al margen de cualquier duda o mala intención en empañar su imagen. Y en este décimo aniversario de su muerte física, es evidente que la humanidad agradecida está confirmando su fe en la santidad de Madre Teresa.

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