- Aunque no fue aprobada la reforma migratoria, los nicas en Atlanta siguen laborando con fe y esperanzas
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Corresponsal/ Georgia
Un clima desfavorable para todo inmigrante indocumentado se vive en el estado de Georgia, desde que el Senado de Estados Unidos cerró la discusión sobre la propuesta de reforma migratoria y el gobierno local puso en vigencia dos leyes que limitan al indocumentado el acceso a servicios y beneficios públicos.
A partir del primero de julio del presente año, entró en vigor la Ley SB 529, denominada “Ley de Seguridad e Inmigración de Georgia”, que ordena verificar el estatus legal de empleados nuevos en empresas con más de 500 trabajadores y que tengan contratos con agencias y entidades públicas.
La legislación también otorga a las autoridades locales verificar el estatus legal de las personas arrestadas por manejar en estado de ebriedad o por un delito mayor; y en caso de que sean indocumentados, comunicárselo al Servicio de Inmigración y Extranjería.
En adición, la ley exige verificar el estatus legal de las personas mayores de 18 años que soliciten beneficios públicos del estado.
Otra ley que entró en vigor en Georgia, es la SB38 que ordena presentar una licencia o tarjeta de identificación del estado para obtener la placa nueva de un vehículo.
En Georgia, informes oficiales estiman que residen más de 200 mil inmigrantes indocumentados, entre los que se encuentra una pequeña cantidad de nicaragüenses en comparación con la comunidad que vive en Miami o California.
NICAS CON ESPERANZAS
Frente a las duras leyes, el matrimonio compuesto por los managuas Juan Rueda y su esposa Judith Montenegro, aseguran que mantienen las esperanzas.
“Deseaba que se aprobara la reforma a la ley migratoria para tener un trabajo más seguro. Lo que más quiero es un permiso de trabajo, pero tenemos que esperar. Las esperanzas son las últimas que se pierden”, dijo optimista Juan Rueda.
La otra pareja de nicas indocumentados, formada por Marcela Varela, de La Paz Centro y Jesse Nelson Santos, de la Costa Caribe, quienes tienen siete años de residir en Atlanta. Los dos viajaron con visa mexicana hasta la ciudad de Matamoros, México, luego cruzaron la frontera pagándole a un “coyote”.
Marcela Varela dice que “tengo esperanzas muy adentro de mi corazón, yo siempre pongo mi voluntad en Dios y debemos mantener la fe”.
El esposo de Marcela, Jesse Nelson, expresa que “aunque hayan parado las discusiones en el Senado, yo tengo las esperanzas de que en diciembre de este año voy a tener mis papeles para ir a gritar (la Purísima), a rezar con amor y alegría. Algo me lo dice aquí adentro y se lo estoy pidiendo a la virgencita”.
LAS EXPECTATIVAS
Juan Rueda y su esposa Judith Montenegro declararon que trabajan con muchas expectativas por lo que pueda pasar, dada su situación ilegal.
Ella limpia casas y él labora como carpintero en una compañía de construcción que edifica grandes tanques en los que se purifica el agua. Su trabajo es construir el armazón de madera donde va el concreto. Le están pagando a 12 dólares la hora y trabaja 10 horas diarias.
“En esta compañía me aceptan sin documentos, lo que pasa es que los gringos no quieren hacer este tipo de trabajo, como es estar a la orilla de las aguas negras”, explica Rueda.
Juan Rueda dijo que tiene cinco años de estar manejando sin licencia. “Con la nueva Ley de Georgia ando con gran tensión porque no tengo ninguna identidad ni licencia. Lo que andaré es el pasaporte de Nicaragua «.
Antes de ingresar a los Estados Unidos, Rueda trabajó durante 14 años para el Ejército nicaragüense. Llegó a tener el rango de Teniente Primero y era profesor de criminalista en la Academia militar José Dolores Estrada. Ahora su sueño es tener sus documentos en regla y seguir trabajando en EE.UU.
