- Manuel y Daysi Cisneros vendieron nacatamales y chicha, antes de hacer negocios con bienes raíces
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Corresponsal / Los Ángeles
Quien visita la oficina de bienes raíces Pacific Realty, ubicada en Hawthorne, pequeña ciudad aledaña a Los Ángeles, para negociar una propiedad, no imagina que detrás del leve maquillaje con que ella retoca su rostro y del carácter amable de él, se oculta la historia de dos nicaragüenses con un pasado casi similar al de tantos inmigrantes que han llegado a este país en busca del “sueño americano”.
Manuel Cisneros y Daysi, su esposa, no formaron parte del éxodo que salió de Nicaragua en los días en que este país se encontraba inmerso en la guerra de 1979, cuando una gran cantidad de familias buscaban desesperadamente trasladarse a Estados Unidos. Para entonces ellos ya se encontraban en California, gozando de una beca que el Gobierno de Nicaragua le había concedido a Manuel Cisneros para estudiar Medicina.
A este matrimonio lo unía algo más que la química de una pareja común y corriente. En Nicaragua los dos vistieron uniforme militar, él como miembro de la Guardia Nacional, graduado de la Academia Militar en 1973, y ella como egresada de la Escuela de Policía en 1974. De ese pasado militar han establecido que no quieren hablar en esta entrevista.
AL EJÉRCITO LABORAL
El dinero que recibían mensual de Managua, como parte de la beca, fue suspendido debido a la guerra y esto obligó a Manuel a buscar empleo como tornero en una empresa de la industria aeroespacial, actividad que mantuvo por 17 años.
El ingreso de Cisneros a la fuerza laboral no fue diferente al de los demás mortales. “En el primer trabajo que tuve me cortaba los dedos. Yo lloraba por la frustración, sólo aguanté tres días”, dice mientras ríe.
Paralelamente se dedicaban a vender chicha y nacatamales entre la comunidad nica durante los fines de semana.
“Desarrollamos una ruta para distribuir los nacatamales en un carrito Ford Fiesta, bastante viejito, que teníamos en aquel tiempo. Nos iba tan bien que los cheques que recibíamos del trabajo principal se depositaban en su totalidad en la cuenta de ahorros”, recuerda Manuel Cisneros.
Para aumentar los ingresos y poder cubrir los gastos que generaban los hijos que crecían y se multiplicaron hasta llegar a ser cinco, Daysi Cisneros trabajaba en una empresa de costura por la noche y limpiaba casas durante el día.
RUMBO A LOS NEGOCIOS
Siendo un confeso amante de los negocios, el ex teniente Cisneros decidió tomar los cursos que el Estado de California exige para extender la acreditación de vendedor de bienes raíces.
Una vez establecido, Daysi decidió seguir sus pasos y poco tiempo después ella también obtenía el certificado.
Cisneros rememora que durante su primer año logró comercializar sólo cuatro propiedades. Al año siguiente, ya con cierta experiencia bajo el brazo, logró vender 11.
El esfuerzo y empeño puestos en su trabajo les ha permitido abrir su propia compañía con la que han logrado la distinción de ser reconocidos como vendedores de alto volumen, implantando su propio récord de haber vendido más de cuarenta propiedades en un año, lo que se traduce en una ganancia en comisión de casi medio millón de dólares.
Esa bonanza les ha permitido viajar por el mundo entero, desde Europa hasta China y Polinesia.