- No cuentan con empleo fijo, son hostigados por grupos antimigrantes, pero aún así prefieren permanecer en EE.UU. porque en sus países no tienen qué comer. Ellos son parte de los 12 millones de inmigrantes que esperan una reforma migratoria integral
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Washington/Enviada especial
A las 6:00 en punto de la mañana José Luis Reyes (29 años) llega a Reston Interfaith, un Centro de Trabajadores de Herndon, Virginia, que oferta mano de obra en jardinería, albañilería, carpintería, mudanzas. Él llega puntual, no le importa que el frío insoportable le cale hasta los tuétanos. Prefiere eso a que el hambre cale el estómago de sus tres hijos que dejó en El Salvador.
Reyes, quien está indocumentado en EE.UU., asegura: “Esto no es como lo pintan, aquí pasamos muchas dificultades para poder mandar algo de dinero a nuestras familias. No se quién empezó a decir que aquí se gana el montón de plata fácilmente. La verdad es que esto es muy duro”.
El salvadoreño que vive en Herndon, Virginia, en un apartamento junto a nueve compañeros más, dice que los problemas que enfrenta como inmigrante ilegal van desde el miedo a “la migra” a los Minutemen (fanáticos antimigrantes) y hasta abusos de empleadores que, por su condición de indocumentados, no les han pagado sus servicios.
Pero lo peor de todo, dice, “es que en estos momentos no me puedo ir, estoy endeudado con varios miles de dólares que le debo a una prestamista y que utilicé para pagarle al coyote que me trajo”.
“Aquí tenemos miedo con esto de las redadas porque sabemos que aunque pasemos miles de necesidades aquí, por lo menos tenemos trabajo y podemos ayudar a los nuestros allá, pero si nos vamos a nuestros lugares todos nos comeremos las uñas. Aunque nosotros sentimos que nos portamos bien y pagamos nuestros impuestos, hay personas que no nos quieren”, explica.
El hondureño Jacobo López (32), quien se encuentra en el centro de trabajadores de la ciudad de Tacoma Park, condado de Montgomery County, Maryland, coincide con Reyes y señala que el trabajo ha disminuido, pero a pesar de las dificultades logra reunir un promedio mensual entre mil y mil 200 dólares con los que mantiene a su familia en Honduras.
“Está muy difícil trabajar aquí, pero no nos queda de otra. Tampoco tengo la idea de regresar, me costó mucho llegar aquí, vine después de haber reunido dos mil dólares y en México tuve que trabajar de todo para poder cruzar. Además, yo estoy confiando en la ley migratoria, que nos beneficiará y podré tener papeles y optar a un mejor trabajo”, señala López.
REUNIDOS EN CENTROS DE TRABAJO
Miles de jornaleros centroamericanos y de otros países han dejado de apostarse en las esquinas de los 7-Eleven y otros negocios en los estados de Virginia y Maryland, para ofrecer su fuerza de trabajo a quienes la requieran, lo que es permitido por ordenanzas de algunos estados para controlar la inmigración indocumentada.
A la par de esas ordenanzas han surgido agencias de trabajo que funcionan como organismos no gubernamentales, sin fines de lucro, que no cobran ni al empleado ni al empleador por facilitar las contrataciones de trabajo.
El peruano Martín Ríos, director del programa Centro Oficial de Trabajadores de Herndon, Virginia, explica que en estos centros los trabajadores están protegidos de cualquier abuso de los empleadores.
“Ha sido una respuesta para formalizar y proteger el trabajo de los jornaleros que llegan de El Salvador, Guatemala, Perú, México y en menor medida de Nicaragua. Hemos organizado a los trabajadores y los convencimos de que el centro es la mejor alternativa para poder pelear sus derechos”, declaró Ríos.
Este peruano, con siete años de residir en EE.UU., precisa que Reston Interfaith tiene 18 meses de funcionar y han hecho 10 mil contrataciones de trabajos temporales.
CÓMO FUNCIONA
Por las ordenanzas de las municipalidades los centros de trabajo funcionan en horario de lunes a viernes de 6:00 a.m. a 11:00 del mediodía, los sábados y domingos de 7:00 a.m. a 12:00 del mediodía.
Según el orden de llegada de los trabajadores, participan en una rifa de empleo conforme lo que saben hacer. “Conforme llegan los trabajadores participan en ofertas de trabajo por rifa, no hay preferencias por nadie, todo lo tratamos de hacer lo más transparente posible y ellos confían en el sistema de trabajo”, explicó Martín Ríos, del Centro Oficial de Trabajadores de Herndon, Virginia.
US$10 POR HORA
Señala que estos centros protegen al trabajador, porque quienes llegan en busca de mano de obra saben que deben ajustarse a ciertas reglas, como que el salario mínimo es de 10 dólares por hora y que el tiempo mínimo que un empleador puede contratar a un jornalero es de 4 horas.
“Si el empleador lo requiere por menos horas, ellos están obligados a pagarle el tiempo mínimo”, dijo. “Además aquí nos encargamos de llenar una hoja con los datos del empleador, como nombre, dirección, teléfono y placa del vehículo del empleador. De esta manera difícilmente evadirá su responsabilidad”.
ENFRENTANDO BATALLAS
Pero no todo es color de rosa en este centro, ellos también han enfrentado demandas por trabajar con los inmigrantes ilegales.
“En los 18 meses de funcionamiento hemos tenido que enfrentar batallas muy duras en contra de las personas que tienen odio racial como los Minutemen”, indica el funcionario del Centro Oficial de Trabajadores de Herndon.
“Nosotros hemos enfrentado nueve demandas de parte de los grupos antimigrantes, pero todas las han perdido. Las demandas han sido por facilitar la contratación de trabajadores que no tienen documentos”, afirmó.
La frecuente presencia de los grupos Minutemen, quienes rondan el centro con el objetivo de intimidar, tomando fotografías a los jornaleros y el número de placa a los empleadores, es otra medida de los grupos antimigrantes para infundir el miedo entre los trabajadores hispanos .
“Nosotros siempre les decimos a los muchachos (jornaleros) que mantengan la calma, que los dejen y que no les hagan caso, que unidos aquí podemos hacer mucho por sus derechos”.
En esta ciudad también funcionan las sedes de las organizaciones nacionales antiinmigrantes como los Minutemen.
Los trabajadores en estos centros también están protegidos de las redadas de Inmigración. “Las redadas no están dirigidas contra centros de este tipo sino contra empresas comerciales”, añadió.
Actualmente Reston Interfaith tiene más de 2,300 trabajadores registrados.
APRENDIENDO INGLÉS
Estos centros de trabajo, tanto en Reston Interfaith, como en Casa Maryland en Tacoma Park, condado de Montgomery County, son espacios al aire libre, acondicionados bajo una carpa donde las bancas son ocupadas por los jornaleros que esperan ansiosos el trabajo.
Pero además cuenta con trailers con calefacción y sillas donde imparten gratuitamente clases de inglés, para cientos de personas que esperan a diario una oportunidad de empleo.