- Un recorrido por la vida de José de la Cruz Mena y Edvard Grieg, basado en sus biografías y acompañado de las ilustraciones de Mario Campos
Clásicos de la música
Este mes se conmemora el centenario de la muerte de dos grandes clásicos de la música: el nicaragüense José de la Cruz Mena, recordado como El Divino Leproso y Edvard Grieg, llamado por muchos El Chopin del Norte.
Mena, ejecutor del cornetín
José de la Cruz Mena, el más insigne de los músicos clásicos nicaragüense, nació en el seno de una humilde familia, en la ciudad de León el 3 de mayo de 1874. Su familia no tenía recursos económicos pero sus miembros poseían sensibilidad musical y gusto por el arte. Su padre fue un músico destacado en la ejecución del cornetín, vocación que había heredado a todos sus hijos. Los varones aprendieron a ejecutar varios instrumentos y las mujeres se integraron a los coros de las iglesias de la ciudad. Algunos testigos señalan que la casa de los Mena por su afición festiva por la música a ratos parecía una casa de locos. Prueba de esta alegría fue la Gigantona de los Menas, que esta familia sacaba año con año a las calles de León.
Este fue el medio donde creció, se sensibilizó y educó para la música José de la Cruz Mena. Este niño desde pequeño llamó la atención a su padre, Januario, quien se enorgullecía de los notables adelantos musicales de su hijo, lo enseñó a tocar el cornetín y por su alta calidad en su ejecución, se hizo acompañar por él en las solemnes misas cantadas o de réquiem, así como en los parques y el teatro en conciertos públicos donde ellos participaban como músicos notables. La capacidad musical del niño José de la Cruz siempre causó la admiración de los leoneses quienes desde entonces le profesaron admiración y un cariño especial.
En el Río Chiquito
La inesperada muerte de Don Januario, su padre, trajo más limitaciones al pobre hogar de José de la Cruz. Afortunadamente, su hermano mayor, Jesús Isidoro, quien ya había alcanzado fama como violinista, se hace cargo de mejorar su educación musical y lo envía a estudiar a Managua en 1888 con Don Alejandro Cousin, un músico de origen belga que dirigía la Banda de los Supremos Poderes.
En esta Banda se destacó, pero como su alma de creador musical era insaciable, buscó cómo viajar a Honduras y El Salvador para mejorar sus conocimientos. Durante 1894, cuando cifraba los 21 años, viajó de Tegucigalpa, Honduras a San Salvador, El Salvador en su afán de seguir profundizando sus conocimientos musicales. Aquí se integró a la Banda de los Supremos Poderes de El Salvador.
Nuevamente, la tragedia sacudió la vida del genio musical nicaragüense. Después de unos extraños padecimientos, José de la Cruz Mena, fue diagnosticado que padecía del mal de Hansen, es decir, de lepra. La lepra durante aquella época aún no tenía cura. Esta enfermedad deterioraba físicamente a los enfermos, provocando temor a ser contagiado y asco por el aspecto desagradable que provoca, lo que llevaba a un rechazo por parte de la comunidad y el aislamiento total de la víctima del mal.
José de la Cruz regresó enfermo del terrible mal a su natal León de Nicaragua. Fijó su residencia en una humilde casita en las orillas del Río Chiquito en las afueras de la ciudad. En esta humilde vivienda fue donde el músico creó la mayor parte de sus obras. Esa obra musical le valió los favores del presidente Zelaya para que no lo enviaron como a los otros leprosos a la Isla de Aserradores en el Pacífico de Nicaragua. En León se lo llamó: El cantor del Río Chiquito.
El adiós a Mena
La obra de José de la Cruz Mena fue extensa y variada. Pese a que la lepra le hizo perder varios dedos de su mano y lo dejó ciego, Mena alcanzó a componer 3 tedeum, 8 avemarías, 2 misas de gloria, 4 misas de réquiem, 20 sones de pascua, 25 valses, 6 marchas fúnebres, 30 canciones profanas, 2 pasodobles y algunas mazurcas. En el conjunto de sus obras se destacan sus valses, que aunque influidos por la escuela vienesa de los Strauss, poseen el sello y la belleza particular de la estética musical de Mena.
En 1904, la Academia de León convocó a concurso a creadores de distintas disciplinas artísticas. La noche cuando se otorgó el Premio del Concurso de Valses, Mena se encontraba afuera del Teatro Municipal de León. Mena no permitía que se le acercara casi nadie y prefería las horas nocturnas para caminar por las empedradas y solitarias calles de León. Esa noche, el jurado decidió otorgar el oro al vals Ruinas, de José de la Cruz Mena. Al oír su nombre, el público lo empezó a ovacionar en ausencia. Uno de los asistentes salió a la calle y lo encontró amparado en las sombras. Le comunicó la feliz noticia y después de mucha insistencia, lo hizo entrar al Teatro donde recibió la multitudinaria ovación de un público agradecido, amante de su música.
José de la Cruz Mena es el más grande compositor nicaragüense, falleció a los 33 años de edad en la ciudad de León el 22 de septiembre de 1907. Sus restos yacen en la Catedral de León donde el pueblo de Nicaragua, agradecido, le rinde tributo por su genio musical.
En el conservatorio de Leipzig
Edvard Grieg nació en Bergen, Noruega un 15 de junio de 1843, descendiente de una familia de escoceses. Hijo del cónsul de Inglaterra en dicha ciudad y de madre pianista, el músico crece en un ambiente proclive al desarrollo cultural.
Su madre, notable pianista, fue quien inculcó en Edvard el amor por la música y quien le diera sus primeras lecciones de música. Muy pronto, el joven artista empezó a mostrar sus brillantes cualidades y fue gracias a la recomendación del violinista Ole Bull, amigo de la familia, que fue enviado al Conservatorio de Leipzig en 1858.
Comienza pronto a destacar como intérprete en numerosos recitales y conciertos ofrecidos en Leipzig. Sin embargo, el entonces neófito, no se siente identificado con las enseñanzas del Conservatorio, discrepando bastante de los métodos de enseñanza aplicados a las disciplinas allí impartidas.
Rumbo a Copenhague
Más adelante, en 1863, se trasladó por un corto período a Copenhague para proseguir estudios con el compositor danés Niels Gade. Fue justamente en Copenhague donde entabló relación con dos artistas que habrían de marcar su estilo composicional: Hans Christian Andersen y Rikard Nordraak, compositor del Himno Nacional de Noruega.
Fue su íntima amistad con su compatriota Nordraak, como él mismo manifestó, la que le reveló su propia naturaleza, su profundo amor por la música popular vernácula y el fuerte deseo de fundar una escuela de música noruega, libre de la afeminada mixtura de escandinavismo Gade-Mendelssohn. Con tal fin, los dos jóvenes músicos trabajaron juntos hasta el prematuro fallecimiento de Nordraak en 1866, tras el cual Grieg continuó solo en la brecha hasta fundar en Copenhague la sociedad de conciertos Euterpe, destinada a presentar obras de jóvenes compositores. Más tarde formó en Cristianía, la Unión Musical, que dirigió hasta 1880.
Luchó por la solidaridad
A lo largo de su carrera, Grieg consideró el arte como un medio importante para expresar la identidad individual y la solidaridad. Creía que los artistas jugaban un papel importante en la lucha contra la discriminación y la exclusión. El humanismo de Edvard Grieg se refleja en sus creencias: Uno debe ser ante todo un ser humano. Todo arte verdadero crece de lo que es distintivamente humano. Grieg fue un defensor, tanto por su actitud como por sus acciones, de la libertad, la democracia, la justicia y la ley.
Edvard Grieg falleció el 4 de septiembre de 1907, a los 64 años de edad, en el hospital de Bergen, víctima de fatiga crónica. El funeral condujo a miles de personas a las calles de su ciudad natal para honrarlo, y conforme a su deseo, la marcha fúnebre que había compuesto para Rikard Nordraak fue interpretada por una orquesta que contaba entre sus miembros a su amigo Johan Halvorsen; también fue ejecutada en la ceremonia la marcha fúnebre compuesta por Frédéric Chopin. Sus cenizas y las de su esposa fueron sepultadas en una tumba de una montaña frente a un lago, situado cerca a su casa, en Troldhaugen.
Compuso para Peer Gynt
Grieg es considerado como un compositor Nacionalista, reflejando la inspiración de la Música folclórica Noruega. Sus primeros trabajos incluyen una Sinfonía en Do Menor y una Sonata Para Piano en Mi Menor Op. 7. Él también escribió tres sonatas para violín y piano, y muchas pequeñas obras para piano por esto algunos lo llamaron el Chopin del Norte , a menudo inspirado en danzas y canciones populares de Noruega, los fiordos y paisajes de su país y el dialecto Hadangar.
Entre las obras más conocidas encontramos el Concierto para Piano en La Menor, la Suite Holberg (para orquesta de cuerdas, y diez volúmenes de piezas líricas (para piano). Él también es conocido por su música incidental, compuesta por pedido de Henrik Ibsen para su obra literaria Peer Gynt.
Temprano en su carrera musical llegaron los reconocimientos por parte de sus compatriotas, sucediéndose los honores y las distinciones como premio a su labor compositiva: en 1872 es nombrado miembro de la Real Academia de Música de Suecia; en 1873 se le condecora con la orden de Olaf; y al año siguiente es favorecido con una renta anual de 1,600 coronas concedidas por el Parlamento noruego, lo que supone una gran estabilidad económica para el artista, volcado por completo en su tarea creadora.
