
Tanto en Nicaragua como en Honduras, la sentencia que dictó ayer la Corte Internacional de Justicia de La Haya para fijar la frontera marítima entre ambos países fue reclamada como un triunfo particular de cada una de las partes. Sin embargo, voces reposadas en las dos naciones advirtieron que dicha sentencia debe ser considerada más bien como una victoria de ambos países, porque a los dos les hace concesiones y sobre todo porque a partir de ahora tendrán una frontera marítima claramente definida, jurídicamente establecida y mutuamente aceptada.
En realidad, con esta sentencia de La Haya se pone fin a una disputa que por mucho tiempo marcó las relaciones entre ambos países con la tensión y la desconfianza, a pesar de que por muchas razones sus pueblos son como hermanos y tienen más intereses comunes que antagónicos. Además, cabe destacar que esta sentencia de La Haya es un triunfo de la justicia internacional institucionalizada. Ciertamente, en el pasado las fronteras de los Estados se establecían —o más bien se imponían— por medio de la fuerza y las naciones más grandes le arrebataban territorios a las más pequeñas y débiles. Eso dejó como herencia nefasta incesantes disputas territoriales que de vez en cuando degeneran en conflictos armados.
Sin embargo, en la época actual —la cual se caracteriza entre otras cosas por el desarrollo del derecho internacional— existen tribunales multilaterales de justicia que son competentes y confiables para dirimir las diferencias y disputas fronterizas; y se le da preferencia a la aplicación de procedimientos diplomáticos y jurídicos para resolver los conflictos, como este de Honduras y Nicaragua que ha sido solventado por la Corte Internacional de Justicia a cuya jurisdicción ambos países se sometieron voluntariamente.
Sin duda que lo mejor para Nicaragua hubiera sido que la Corte Internacional de Justicia estableciera la frontera marítima con Honduras, exactamente en el Paralelo 17, a lo largo del llamado Promontorio de Nicaragua, sin sesgos de ninguna clase. El interés de Nicaragua en tener su frontera marítima con Honduras a lo largo del Paralelo 17, deviene no sólo de la inevitable aspiración que es propia de cada Estado y nación, de ejercer jurisdicción y soberanía sobre la mayor cantidad posible de territorio, terrestre y marítimo. El principal interés en que la frontera marítima con Honduras se estableciera en el Paralelo 17, deriva de que en el fondo de esas aguas supuestamente hay inmensas riquezas, incluyendo grandes yacimientos petrolíferos a los que algunas personas hasta les han puesto una cifra determinada: 88 mil millones de barriles de petróleo.
Por esas mismas consideraciones, también para Honduras era preferible que la Corte de La Haya le diera la razón y que hubiera fijado la frontera marítima en el Paralelo 15, de acuerdo con la pretensión de las autoridades hondureñas. Precisamente por ese empeño fue que Honduras “acordó” su frontera marítima con Nicaragua, en un tratado con Colombia que fue suscrito en 1986 y ratificado legislativamente a fines de noviembre de 1999, contrariando y perjudicando de esa manera los intereses soberanos de Nicaragua.
Sin embargo, aunque por razones diplomáticas se diga que el fallo de la Corte Internacional de Justicia no favoreció a Honduras ni a Nicaragua en particular, sino a los dos países al mismo tiempo, porque fue una decisión equitativa sobre el límite fronterizo marítimo destinada a dejar igualmente satisfechos a ambos países, la verdad es que con sólo ver en el mapa la línea trazada por el Tribunal de La Haya para ilustrar su sentencia, y compararla con las pretensiones previas de Honduras y el planteamiento de Nicaragua, se advierte claramente que el más favorecido fue nuestro país.
Además, al no ser, la línea fronteriza establecida por el Tribunal de La Haya, la que Honduras pretendía y que convino con Colombia en 1986, se favorece notablemente la posición de Nicaragua en la demanda judicial que tiene planteada en la misma Corte Internacional de Justicia contra el Estado colombiano, por la soberanía sobre el territorio marítimo donde está el archipiélago de San Andrés.
Y en todo caso, es digno de encomio que tanto Nicaragua como Honduras valoren el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya como un triunfo compartido, y que además estén dispuestos a acatarlo sin reservas de ninguna clase.
Martes 26 de octubre de 2021
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