Corresponsal/Los Angeles
Los dedos, manos, rostro y todo el cuerpo humano son la fuente de inspiración del artista plástico nicaragüense Carlos Flores, radicado en Los Ángeles, California.
El artista pinolero, que alcanzó su licenciatura en bellas artes en el Art Center College of Desingn de Pasadena, California, opina que “el cuerpo del ser humano en general, no importa su color y su edad, es toda una obra de arte del Creador, digno de plasmar en una pintura”.
Está entre los artistas que trazan las líneas del cuerpo humano y explica que “no le atrae simplemente el cuerpo de una mujer, tal como lo representa cualquier medio de comunicación, sino los seres humanos en general, desde un niño hasta un anciano”.
Para Carlos Flores el cuerpo humano es bello, pero “no interpretado como lo suelen presentar los medios de comunicación, falso e irreal, sino como lo que somos: seres humanos comunes y corrientes”.
EL RETO
Para este pintor nacido en Managua en 1968, dibujar a la gente es su mayor satisfacción. “Aparte de lo difícil y complejo que es dibujar al ser humano, es un reto plasmar en una pintura la síntesis de lo que estoy viendo en la persona en ese momento”, precisa.
Agrega que por ahora su hijo se ha convertido en su modelo favorito. “Soy padre y adoro a mi hijo, quien se ha constituido en mi modelo favorito”.
En su colección también destacan pinturas de adultos, hombres o mujeres, personas de edad avanzada que por las desavenencias del destino y diversas circunstancias sufren en la vida.
“Me interesa en especial pintar al pueblo. La gente común, que es un sector que no tiene quien los plasme. No así la aristocracia o la nobleza, porque ellos tienen suficiente gente que los pinte”, comenta.
EN NICARAGUA
Uno de los sueños de Flores es poder presentar sus obras en Nicaragua, su país natal, para dar a conocer su trabajo como pintor e interactuar con la gente, pintarla y dar a conocer su belleza, cultura y lo autóctono del pueblo nicaragüense. “Me gustaría tener los contactos necesarios para montar una exposición”, dice.
Comenta que hasta hoy ha logrado cumplir sus sueños y entre los más recientes está su graduación en bellas artes.
“Es una carrera cara, por lo que tuve que hacer algunos ajustes económicos para poder sostener mis estudios”, indicó.
“Otro obstáculo ha sido superar el desánimo de personas cercanas a mí, quienes consideran que el arte no es una forma para poder superar y obtener la economía que se necesita en Estados Unidos”, añadió.
Para el artista nicaragüense “cada cuadro es como un hijo” y cuando los concluye no los desea vender, porque le da tristeza. “El año pasado vendí un cuadro donde plasmé la imagen de mi pequeño hijo y hasta ahora me sigue doliendo (haberlo vendido)”, comenta.