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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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En el Día de la Hispanidad

España celebra hoy el Día de la Hispanidad, en medio de una de las peores crisis de identidad y unidad nacional que ha sufrido a lo largo de su historia. Tan grave parece ser esta situación, que el ex Presidente del Gobierno, el conservador José María Aznar, advirtió el miércoles de la semana pasada que: “Estamos viviendo una gran crisis nacional”. Aznar usó además los conceptos “amenaza secesionista”, “quiebra del Estado” y “fragmentación del sentido nacional”.

Ciertamente, en los últimos años se han venido incrementando las exigencias y demostraciones secesionistas y el rechazo a la pertenencia en la nación española, particularmente en el País Vasco, Cataluña y Galicia. La ofensiva contra la integridad de España se extiende a la corona, institución que es eje y representación de la soberanía y la unidad nacional española, de conformidad con el artículo 56 de la Constitución que dice: “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia”.

Este precepto constitucional, que desde la aprobación de la Carta Magna de España, en 1978, ha sido respetado y acatado sin mayor discusión, ahora no sólo es cuestionado como concepto político sino que incluso la figura personal del Rey Juan Carlos, es sometida a escarnio público por los sectores extremistas republicanos y separatistas. Tan graves han sido los ataques contra la monarquía española, que el mismo Rey Juan Carlos ha debido salir a la palestra para defenderse de manera personal y pública, algo insólito que ocurre por primera vez en la historia de España. En efecto, en un discurso que pronunció en la Universidad de Oviedo el pasado lunes primero de octubre, el Rey Juan Carlos defendió la existencia de la monarquía parlamentaria, sustentada en la Constitución, que según él “ha determinado el más largo período de estabilidad y prosperidad en democracia vivido en España”.

Lo dicho por el Rey Juan Carlos fue respaldado por representantes de las distintas fuerzas políticas democráticas del país. Por ejemplo, el presidente de la Xunta (gobierno autónomo) de Galicia, el socialista Emilio Pérez Touriño, confirmó lo dicho por el Rey Juan Carlos y explicó que “nunca se generó tanto empleo ni se invirtió tanto en España. Y nunca se crearon tantos derechos sociales, de libertad ciudadana…”, como bajo el período de la actual monarquía parlamentaria.

Pero no sólo en la Península Ibérica sino también en América Latina las cosas andan mal para España. El izquierdismo que está en auge en Latinoamérica enarbola demagógicamente las banderas del indigenismo, y por boca de líderes extremistas como Hugo Chávez ataca de manera furibunda a España, sus raíces culturales y su influencia en los países latinoamericanos. Las legítimas aspiraciones y demandas de los indígenas que se plantean en casi todos los países de América Latina, son manipuladas por la extrema izquierda para utilizarlas a favor del objetivo de imponer el llamado socialismo del siglo 21, que no es sino una modalidad “actualizada” del totalitarismo estalinista del siglo pasado.

No es posible asegurar si esta corriente extremista es un fenómeno irreversible o duradero a largo plazo, o es sólo una moda política e ideológica pasajera, como tantas corrientes radicales y extremistas que ha habido en el pasado. Pero en todo caso, produce pavor sólo imaginar que España podría estallar en pedazos que serían dominados cada uno de ellos por grupos ultra nacionalistas; y que todos los pueblos latinoamericanos serán oprimidos para siempre por políticos aventureros y megalómanos como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua y los hermanos Castro en Cuba.

Por nuestras raíces históricas y culturales, tanto indígenas como hispánicas, siempre hemos estado convencidos de que la libertad y la democracia, la justicia y la prosperidad, representan el futuro de Nicaragua, de América Latina, de España, de Europa y el mundo entero. Y que la opresión, el autoritarismo, la injusticia y la ausencia de libertad y democracia, son remanentes del pasado que están condenados a desaparecer.

Firmes en esa convicción, en la celebración del Día de la Hispanidad es oportuno reafirmar nuestra convicción de que la libertad y la democracia, la justicia y el progreso, son un bien supremo que debemos defender y por el cual tenemos que luchar.

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