“Si queremos pasar por la puerta estrecha tenemos que esforzarnos por ser pequeños y humildes con Jesús”.
(Benedicto XVI)
Estamos en el Año Jubilar que con motivo del XV aniversario de la fundación de la Santa Iglesia Catedral de Managua, ha concedido nuestro Arzobispo Metropolitano, monseñor Leopoldo Brenes. Él nos ha invitado a pasar por la Puerta Santa y a cumplir otros requisitos para ganar la indulgencia plenaria. Las palabras del Papa Benedicto, en estas circunstancias, parecen destinadas a nosotros, el Pueblo de Dios de nuestra Arquidiócesis. Por tanto, vale la pena meditarlas dentro del contexto jubilar que estamos viviendo.
Pasar por la puerta estrecha o Puerta Santa de la Catedral de Managua encierra un fuerte significado; supone “estar dispuestos a esforzarnos por ser pequeños y humildes con Jesús”. Se trata entonces de realizar un auténtico acto de fe, que debe tener sus consecuencias prácticas: ser pequeños y humildes. Este acto de fe constituye todo un peregrinaje que no se efectúa solo, sino acompañado nada menos que de Jesús.
Jesús es el Guía de nuestro peregrinaje jubilar, nuestra motivación más profunda, quien nos impulsa a caminar hacia la Casa del Padre. Vamos a ser pequeños y humildes, pero inspirados en Jesús. Dejarnos guiar por el Buen Pastor nos va a liberar de muchas desviaciones respecto al verdadero sentido de la vida y nos hará comprender la relatividad de muchas cosas, como el dinero, el poder y el placer a los que quizás hacemos ídolos que obstaculizan o impiden nuestra relación con el Dios verdadero.
Jesucristo “siendo de condición divina no se aferró a su igualdad con Dios”, sino más bien se anonadó por salvar a los hombres, se empequeñeció por amor a nosotros. Durante este Año Jubilar nos corresponde ser humildes con el necesitado de salvación y de ayuda en cualquier aspecto, sentirnos también nosotros necesitados, profundizar sobre qué es lo que en concreto nos tiene tan aferrados que nos impide servir a los demás con desinterés y pureza de intención, convertirnos.
La Puerta Santa simboliza la entrada hacia el camino estrecho del Evangelio, que conduce hacia la vida eterna, representa la invitación que Jesús nos hace a negarnos a nosotros mismos, a no aparentar ni preocuparnos excesivamente por poseer, sino más bien por ser cada vez mejores personas ante los ojos de Dios, por alegrarnos de ir en continuo crecimiento individual y social, hasta el grado de llegar a expresar la presencia amorosa y actuante de Cristo entre los hombres.
En este Año Jubilar, estimulados por la fe y el amor a Cristo, lo más práctico sería proponernos ejercitar una virtud determinada hasta formar una “segunda naturaleza”, la naturaleza de “la vida, la presencia, el amor, la amistad y el poder de Dios en nosotros”, como me gusta definir la gracia santificante. Permanezcamos en el amor de Cristo, ¡que los sarmientos no se separen de la Vid!