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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

César Augusto Duarte es jugador de baloncesto, maratonista y desea profesionalizarse en el área de la computación. (LA PRENSA/J.BRAVO)

Un luchador en la vida y en el deporte

César Augusto Duarte es defensa del Goicochea con el que ha ganado dos campeonatos nacionales [doap_box title=»Agradecido de Dios» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] “Gracias a Dios que me ha dado la oportunidad de seguir luchando desde una silla de ruedas, porque si estuviera bien tal vez fuera un fracaso, porque en Nicaragua antes del accidente ya andaba […]

  • César Augusto Duarte es defensa del Goicochea con el que ha ganado dos campeonatos nacionales
[doap_box title=»Agradecido de Dios» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

“Gracias a Dios que me ha dado la oportunidad de seguir luchando desde una silla de ruedas, porque si estuviera bien tal vez fuera un fracaso, porque en Nicaragua antes del accidente ya andaba por malos caminos”.

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CORRESPONSAL / COSTA RICA

A sus 28 años, César Augusto Duarte es un joven sin complejos, aunque tiene capacidades diferentes.

Este nicaragüense originario de El Rama, literalmente tiene los pies bien puestos sobre la tierra y trabaja para conseguir sus sueños: ser un pequeño empresario, comprar una finca, casarse y competir en torneos internacionales de natación y de carreras de sillas de ruedas.

Aunque no logre todo eso, ya su vida es un ejemplo para muchos. El mismo se considera un triunfador en tierra ajena y a la vez afortunado de luchar por la vida desde una silla de ruedas.

“Tal vez si tuviera bien mis pies, mi vida fuera un fracaso”, dice.

Emigró a Costa Rica en 1997, porque en la comunidad de La Batea, en El Rama, no encontró facilidades para estudiar, pues tras una caída de un caballo, hacía tres años, se golpeó la cabeza y parte de su cuerpo quedó inmóvil.

Cuenta que después de ser un gran montador y un excelente peón de campo, pasó a ser un aprendiz del dibujo y la pintura —habilidades que quiere perfeccionar— a pesar que sus vecinos en vez de animarlo lo acongojaban porque le decían “pobrecito”. Por eso emigró.

Incluso, cuando llegó a Costa Rica su vida era un poco triste porque sus manos no habían recuperado el movimiento, no podía dominar la silla de ruedas y para distraerse su padre tenía que llevarlo a pasear fuera de su casa, en los alrededores de Hatillo, al sur de la capital, donde aún sigue viviendo.

Ahora se gana el pan diario vendiendo bisuterías en una esquina cercana al Parque Central de San José.

“La gente a veces se equivoca con uno porque lo ven así. Yo con mis dificultades para moverme trabajo y gano mi plata. Antes vendía periódicos, también trabajé en una pulpería, ahora vendo mis cositas”, señala.

Y es gracia a esos trabajos que ha logrado costearse sus estudios. Actualmente es técnico medio en computación. Su meta en lo académico es seguir profesionalizándose en esta área.

EXITOSO EN EL DEPORTE

En lo deportivo también quiere sobresalir. Hace como cinco años empezó a jugar baloncesto porque unos amigos lo animaron a participar. “Al inicio era difícil. No podía ni agarrar la pelota y me caía a cada rato de la silla de ruedas”.

Actualmente es defensa del equipo de baloncesto de silla de ruedas de Goicochea, en la capital, con el cual ha ganado dos campeonatos nacionales.

Este año empezó a competir en carreras de sillas de ruedas. Hace como dos meses quedó en segundo lugar en su categoría en la carrera de La Paz, en la que recorrió 21 kilómetros.

Luego participó en una segunda carrera de 10 kilómetros al norte de la capital y quedó en tercer lugar, de tres participantes. “En esa carrera me fue feo porque mis contrincantes andaban en cuadriciclos y a una rueda de mi silla se le ponchó una llanta”, recuerda.

Como a César siempre le gustan las nuevas experiencias, dice que pronto iniciará clases de natación para competir en su género, ya que le han contado que dentro de cuatro años en Argentina habrá un torneo internacional. “Yo quiero participar”, dice.

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