- Mecker Geraldine Möller Rivera no se conformó con validar su título y va por una segunda especialidad
[/doap_box]
En 1997 cuando la matagalpina Mecker Geraldine Möller Rivera se graduó en Medicina en la UNAN-León y llegó a EE.UU., mucha gente le dijo que era muy difícil hacer una residencia sobre todo en el área de cirugía en ese país, especialmente cuando se es graduada de una universidad que nadie conoce.
“Yo pensé: ¡será difícil pero no imposible! Mi propósito estaba claro, yo iba a ser cirujana oncóloga en EE.UU. y la gente iba a saber de mi país y de mi universidad”, dijo Möller Rivera, quien actualmente pertenece al Colegio Americano de Cirujanos de EE.UU.
“Después de graduarme, siempre quise coronar mi sueño de hacer investigación en cáncer, y para combinar mi pasión por la cirugía y la investigación, decidí que quería ser cirujana oncóloga, y para eso necesitaba hacer mi especialidad y subespecialidad en Estados Unidos”.
Möller, Premio Nacional de Poesía Mariano Gil 1993, por tres poemas largos: Vacío, Abismo y Llora Mujer, cuenta que para lograr su meta profesional en ese país fue como estudiar de nuevo.
“El tiempo que ocupé para estudiar para los exámenes de convalidación de mi título de médico, fue durante dos períodos de convalecencia post-operatoria, (aproximadamente ocho semanas cada uno)”.
Cuenta que en León se quebró un pie cuando resbaló de la Peña del Tigre, en Poneloya, “me quedaron secuelas de las fracturas, que necesitaban intervención quirúrgica, así que justo después que me operaron el pie aquí, tomé ese tiempo para estudiar, pues trabajando era difícil dedicarme en alma al estudio”.
DOLOR O ESTUDIO
Möller, quien fundó y dirigió del 90 al 93, El Galeno, el periódico de la Facultad de Medicina de León, asegura que estudiar la llevó a un doble sacrificio. No sólo tuvo que trabajar en cuanta cosa se le apareciera para poder juntar el dinero que necesitaba y pagar los exámenes, sino que el tiempo que dejó para estudiar fue en convalecencia.
“Tenía que moverme con las muletas, la mochila llena de libros.. pero lo peor era tener que decidir entre las pastillas para calmar el dolor o estudiar, pues si me tomaba las pastillas, me dormía, y no podía darme ese lujo”.
“Me había hecho de una muy buena amiga rusa, Valentina (que también estaba convalidando su título de dentista) y se iba a estudiar conmigo de 7:00 a.m. a 12:00 p.m., a la biblioteca de UCSF (Universidad de California San Francisco), me ayudaba a lidiar con el tedio de las muletas, libros, comida”.
La matagalpina sabía bien que viniendo de Latinoamérica estaba en desventaja, así que su primera meta fue pasar los USMLE (United States Medical Licensing Exam) con las más altas notas en el primer intento, para estar al nivel de competir con los estudiantes estadounidenses.
“Para obtenerlo, me dediqué en tiempo total a estudiar, desde que abría la biblioteca de la Universidad de San Francisco, hasta que la cerraban a la medianoche”.
Cuenta que al principio tomó cualquier trabajo que salía que nada tenía que ver con la medicina, ya que necesita ahorrar para pagar los exámenes que eran bastante costosos. Vivía en el centro de San Francisco, en una casa victoriana que compartía con varios estudiantes estadounidenses de diversas carreras.
“Luego entré a trabajar a un hospital en el área de marketing y relaciones publicas. Y una vez que recogí para los exámenes me operé y me dediqué al estudio”.
Añade que “una vez que pasé mis exámenes escritos y el práctico, era hora de aplicar a las universidades y lograr una residencia. “Aquí no importaba qué tan buena estudiante hubiera yo sido en Nicaragua, aquí en EE.UU. era una más entre miles”.
Por tal razón entró de voluntaria en Samaritan House Clinic, en California, una clínica para personas sin seguro médico, la mayoría hispanas. “En este sitio llegué a ser la directora del área del Breast Cancer Program, donde se educa en la prevención del cáncer de mama”.
También trabajó como supervisora de relaciones públicas en St. Luke’s Hospital, en San Francisco, California, donde brindaban acceso a planes gratuitos de salud para gente hispana de bajos recursos.
Una vez lista con exámenes aprobados y con cartas de recomendación de sus trabajos, aplicó a varias universidades. “Mi gran emoción fue cuando recibí la carta de entrevista para Yale University en Conneticut. Después de varias entrevistas, terminé obteniendo una posición en cirugía en Michigan State University. Así que me fui rumbo a Michigan, donde hice mi internado y residencia en Cirugía General por seis años.
“Cuando empecé en este programa éramos sólo tres los extranjeros entre 30 residentes, y la gente empezó a conocer que existía una UNAN-León, en el centro del continente”.
Entre las investigaciones y proyectos
“Yo sabía que la competencia no terminaba, pues para lograr entrar al fellowship (subespecialidad) en Cirugía Oncológica, necesitaba no sólo mantener notas altas en mis ABSITES (American Borrad of Surgery In Training Exam) anuales, sino que necesitaba publicaciones científicas y proyectos de investigación”.
Por tal razón, durante su residencia y como jefe de residentes, hizo investigaciones científicas que fueran aceptabas en conferencias de la sociedad de cirugía oncológica.
Publicando investigaciones con otros colegas como: Cáncer mamario metastático a cáncer renal; Las nuevas maneras de practicar Cirugía, Las alternativas y los retos; Expresión de perfiles genéticos de cáncer colo-rectales asociados con metastasis y resultados de quimoterapia, entre otros.
También se interesó en viajar y conocer la experiencia en países como Italia y España para obtener una visión más amplia de cómo se ejerce la cirugía en otros países.
Una vez graduada de Cirugía General, entró otra vez al mismo proceso de aplicaciones y entrevistas, sólo que esta vez las posiciones disponibles en programas acreditados para cirugía oncológica eran aún más limitadas. “Gracias a Dios todo mi esfuerzo dio fruto y ahora estoy haciendo mi segundo año en Cirugía Oncológica en Moffitt Cancer Center, en la Universidad de South Florida.
DOS MIGRACIONES
En la vida de Möller han habido dos migraciones. La primera a Venezuela y la otra a EE.UU. “Mi familia paterna fue confiscada por el régimen sandinista. No nos dejaron nada y fue una persecución política intensa, acusados todos de contrarrevolucionarios, por eso toda la familia salió a varios países”.
En 1991 Mecker regresó junto a su familia a Nicaragua. “Me sentía extranjera en mi tierra y en ese tiempo estudié Medicina en León. Ahí fue re-adoptada por los poetas leoneses. Ese enlace con la gente envuelta en la cultura en León fue un rincón muy importante en mi reencuentro con Nicaragua”.
Aunque dice que fue en Venezuela donde empezó a escribir más en serio.